Rivales en la ópera, pareja en la vida real

Daniela Mack y Alek Shrader, ayer, durante una pausa del ensayo en el Campoamor. /  PABLO LORENZANA
Daniela Mack y Alek Shrader, ayer, durante una pausa del ensayo en el Campoamor. / PABLO LORENZANA

La mezzosoprano argentina se meterá en la piel de Sesto, mientras que el tenor estadounidense encarnará al emperador El matrimonio formado por Daniela Mack y Alek Shrader interpreta dos de los roles de 'La clemenza di Tito'

A. VILLACORTA OVIEDO.

Una enorme «bañera regia» llena de agua que más tarde se vacía con una potente bomba de extracción para cubrirla luego con arena dominaba ayer tarde el escenario del Teatro Campoamor. Y, desde su interior, «vestidos pero empapados», cantaban parte de sus roles la mezzosoprano argentina Daniela Mack (que encarnará a un personaje masculino: al torturado Sesto) y el tenor norteamericano Alek Shrader, que será el Tito de 'La clemenza di Tito', el cuarto título de la temporada 2018/2019 de la Ópera de Oviedo y el primero en el que Juan Carlos Rodríguez-Ovejero ocupe la presidencia del patronato de la Fundación que se encarga de organizar el ciclo lírico ovetense.

Es esta una historia de amor y arrepentimiento en la que triunfa finalmente el perdón («el propio título es un 'spoiler' en sí mismo», bromeaba Mack en un descanso del ensayo) que fue estrenada en 1791 en el Teatro Nacional de Praga para homenajear al emperador Leopoldo II durante la ceremonia de su coronación. Una obra, la última ópera de Mozart, en la que el compositor ofrece todo su potencial dramático.

Pero el amor no solo flotará en el argumento de esta producción de la Ópera de Lausanne en la que los mármoles, las estatuas monumentales y los trajes de noche dibujarán una fastuosa y opulenta Roma gracias a la escena diseñada por Fabio Ceresa, sino que Mack y Shrader son pareja en la vida real y han viajado a Oviedo junto a su hija, de tres años y medio, para traicionarse en la ficción ante los ojos del público asturiano cuando se levante el telón, a partir del próximo domingo 16 y durante cuatro funciones.

Será entonces cuando Tito, un gobernante recto pero clemente con su pueblo, ejemplar y benefactor, sufra un intento de asesinato por parte de su amigo Sesto. Y todo, porque las intrigas en las más altas esferas de poder llevarán a Vitellia (Carmela Remigio), una mujer rencorosa y manipuladora, a incitar a Sesto a conjurarse contra el emperador.

Hasta ahí, el relato que narra esta ópera seria en dos actos que contará con la dirección musical de Corrado Rovaris al frente de la OSPA. Pero el que unió a Daniela Mack, emigrada a Estados Unidos cuando apenas tenía seis años, y Alek Shrader comenzó mucho antes: concretamente, hace once años, cuando ellos tenían 25.

Fue en 2007 cuando la mezzosoprano y el tenor coincidieron en 'La Cenerentola', de Rossini. «Yo era la Cenicienta y él era el Príncipe. Fue una historia muy linda y muy romántica, pero, como somos muy profesionales, no empezamos a salir hasta que terminamos de trabajar», explicaba ayer, entre risas, Mack, que debuta en España con esta 'Clemenza' y que la única vez que estuvo en Oviedo fue hace dos años, cuando su marido cantó 'Così fan tutte' en el Campoamor. Aunque, en esa ocasión, viajó a Asturias «de vacaciones, solo para acompañarle».

Desde que sus caminos se cruzaron como en un cuento, ambos han triunfado en los mejores teatros del mundo, «por separado y también juntos, como en esta ocasión, aunque no es lo normal. Tenemos la misma agencia, pero no es que nos contraten en un 'pack'. De hecho, venimos de hacer otra ópera en la que no sabían que éramos pareja», apunta Shrader.

Esa es precisamente la parte más dura de dedicarse a lo mismo, cuenta el tenor, que vive junto a su mujer y a su hija en Indiana, donde también trabaja en la universidad: «Estar lejos de casa, las separaciones cuando toca viajar. Sobre todo, teniendo una niña pequeña. Por eso intentamos estar el mayor tiempo posible juntos cuando podemos».

A cambio, en el lado positivo de la balanza sitúan que ellos mejor que nadie saben por lo que están pasando: «Entendemos perfectamente el estrés que soportamos, los nervios y todo lo que implica el trabajo que desarrollamos, porque esta es una manera de vivir muy especial. La vida de un cantante lírico es frágil y sabemos cuidar del otro, pero también uno mismo necesita ser cuidado».

Nada de lucha de egos ni envidias profesionales: ellos se consideran un equipo. «Somos personas bastante tranquilas y, además, cuando empieza la función ya sabemos cuál es el rol más importante», apunta Mack, que añade que «en esta obra es Tito».

«¿Cómo que Tito? Sesto es el protagonista. De hecho, cuando Roma arde, Tito ni siquiera aparece», la corrige él. «¡Pero si se llama 'La clemenza di Tito'!», le rebate ella entre carcajadas de los dos.

Sea como sea, juntos se enfrentarán al momento más complicado para el tenor en el coliseo ovetense: «Será, sin duda, el tercer aria, en el segundo acto. Es la última cosa que canto, aunque me tendrá pensando en ella durante toda la representación».

Para Mack, en cambio, «Mozart es bellísimo, pero es muy difícil porque muestra toda la fuerza y también la vulnerabilidad de sus personajes». Así que su máximo reto llegará «en el aria cuando Sesto está a punto de terminar con la vida de su mejor amigo», también en el segundo acto.

«Lo canta perfectamente», concluye Shrader mirando embelesado a Mack. Una pareja que, además de cantar, intentará dejarse el trabajo entre bambalinas y disfrutar de Oviedo como una familia más: «Hemos visto que hay una pista y queremos ir los tres a patinar sobre hielo».

 

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