«Si pactas con el diablo, no puedes ir a misa»

Rodrigo Cuevas, ayer, con el angazu. / XUAN CUETO
Rodrigo Cuevas, ayer, con el angazu. / XUAN CUETO

Rodrigo Cuevas participa en una sestaferia en Vegarrionda (Piloña), donde prepara «el fiestón del verano» | «Sigo intentando hacer lo que me da la gana, que ye lo más difícil», confiesa el artista, que anda de gira estival con su 'Trópico de Covadonga'

A. VILLACORTAVEGARRIONDA (PILOÑA).

Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) está de estreno con su 'Trópico de Covadonga', que, contra lo que podría parecer, «no es un paraíso caribeño, no os confundáis». Eso sí: «Ocurren escenas calientes, se suda, y, lo más importante, se corteja. Tampoco es un lugar de santas, ni de vírgenes. Más bien de deidades paganas, de viejos rituales y de herejías varias», aclara. Y, presentando su nuevo espectáculo, se pasará el verano de acá para allá, además de pinchar en el Prestoso Fest y de preparar un show de zarzuela en Berlín para los Veranos de la Villa (de Madrid). Casi nada. Pero ayer hizo un alto en este aquelarre de bolos para agarrar la fesoria y participar en una sestaferia en Vegarrionda (Piloña), el pueblo de doce habitantes que el 17 de agosto será el escenario de la segunda edición de Una Señora Fiesta.

-¿Pero qué hace con la fesoria y el garabatu con estos calores?

-Queremos tenerlo listo para Una Señora Fiesta y trabajamos todo el pueblo unido, lo que se hizo toda la vida. Por la mañana, habrá romería gratuita. Y, por la noche, festival con un cartelazo. Zona de acampada también gratis, un blablacar para señoras... ¡Va a ser el fiestón del verano!

-¿Y qué tal se le da?

-¿Lo de la fesoria? ¡Estupendo, maravilloso! Esti añu, tengo el huertín preciosu.

-¿Qué me ofrece de cultivo propio?

-Tenemos fréjoles, arbeyos, tomates cherry, remolacha... Y lo mejor de todo es que no me entra el jabalí. Tienme mucho respeto (Risas).

-¿Y los humanos? Se lo pregunto porque el cartel promocional de su 'Trópico' está rodeado de palabras como «maricón», «cabaretera»...

-Sí. Son cosas que dijeron de mí. Tanto buenas como malas. Las habladurías que tengo siempre por detrás. Porque la verdad es que parir 'Trópico' me costó bastante. Fueron muchos meses de trabajo, aunque parece que mucha gente cree que me lo dan todo regalado. Pero, a pesar de todas las críticas y de ese mundo 'hater', me siento muy querido. Y, pese a todo, sigo intentando hacer lo que me da la gana, que ye lo más difícil.

-¿Hay mucha gente sin vida propia para faltarle tanto?

-Mucha. El problema es que, al final, te acaban condicionando. Pero yo, a lo mío: hay que seguir.

-¿Arrimadas es la reinona de los 'haters'?

-Está clarísimo que lo que buscan son titulares y salir en los medios. Se hacen las víctimas, pero, si pactas con el diablo, no puedes pretender ir a misa. Porque, si vas a misa, a lo mejor te dicen: «¿Pero tú qué haces aquí?».

-¿Se pone de mal humor?

-Nooo. ¡Sí, hombre, encima les voy a dar el gusto de conseguir lo que ellos quieren! Bueno, a veces, un poco (Ríe).

-También hay quien pide que el bipartito ovetense elimine los bancos arcoíris de La Escandalera.

-Son preciosos. Un gestu que se agradez munchu pa con un colectivu que sigue sufriendo discriminación, violencia, cárcel y pena de muerte. Si a alguien le molesta eso, ye que tien que trabayar la empatía un poquitín.

-¿Y la playa pa cuándo?

-¿Y el anillo? ¡Menuda vulgaridad, la playa! (Risas). No. Yo soy de ir al río. Allí, a rabilar. Mi día ideal ye quedar en casa, aquí en el pueblín de Piloña. ¿Sabes lo feliz que soy? Levantame, desayunar al solín, ir al huerto a ver cómo creció, bajar al río si haz calor... Y, por la noche, una foguera y a rondar a mi novio debajo del balcón.