Ryan Bingham, caballo ganador en Avilés

Ryan Bingham, durante su concierto en el Teatro Palacio Valdés de Avilés. /  MARIETA
Ryan Bingham, durante su concierto en el Teatro Palacio Valdés de Avilés. / MARIETA

El cantante americano derrocha pureza en un Palacio Valdés lleno para la ocasiónEl repaso durante el concierto a 'American love song', su último disco, estuvo trufado de canciones de anteriores trabajos

PABLO SUÁREZAVILÉS.

Con sombrero de 'cowboy' y barba de forajido, Ryan Bingham se presentó en el Teatro Palacio Valdés, en Avilés, como lo que es: un 'countryman' de calidad. Hay algo en él que recuerda al primer Dylan. La colección de canciones que lució ayer en Avilés en uno de los dos conciertos que dará en España, la mayoría con sello de Charlie Sexton, ayuda en esa comparativa no tan lejana.

Rompía la banda con 'Jingle and go' y Bingham echaba a correr los caballos. La voz del de Nuevo Méjico sobrecoge como la de quien baja a los infiernos y vuelve para contarlo. Polvorienta, arenosa y capaz de enfatizar los recuerdos, hechos cicatrices en cada uno de los versos. El concierto fue un género en sí mismo, una ceremonia alejada de cualquier tipo de estilo o religión. Sobre un repertorio dominado por temas del nuevo álbum, 'American love song', y algún recuerdo de discos anteriores, especial mención a un apoteósico delirio mexicano abierto en malagueña, Bingham demostró que a los grandes vaqueros nunca les pesa el cartel, por mucho que este incluya más reconocimientos de los que caben en la solapa.

Sin perder el pulso del espectáculo, el americano asaltó la banca apostando sobre seguro. Hay temas como la estoniana 'Situation station' y 'Hallelujah', un himno sin bandera, capaces de tirar abajo muros de hormigón y mantener los lobos a raya. Sin pirotecnia. Bingham no la necesita y sus canciones tampoco. Llevan demasiada verdad. Asomaron los acordes de 'Got Damn Blues' y el público asintió en sus asientos, entregado, a las artes del americano. Hay esperanza. «Maldito blues».

Para el final, Bingham todavía guardaba algún disparo en el tambor. Directo al corazón. 'Nobody knows my trouble' y 'The weary kind', sonaron para cerrar un espectáculo redondo.

Comentario aparte merece la exquisitez de los músicos que escoltaron ayer a Bingham. Dime con quién vas y te diré quién eres.