«Saldré al Campoamor como si saliese al ruedo: a por todas»

David Menéndez, ayer, durante los ensayos./ALEX PIÑA
David Menéndez, ayer, durante los ensayos. / ALEX PIÑA

«Es maravilloso cantar en casa porque devuelves el cariño a la gente cercana. Cuando estás fuera, no tienes a nadie para compartir el éxito» David Menéndez, Barítono, encarna al torero Escamillo en 'Carmen'

A. VILLACORTAGIJÓN.

El barítono castrillonense David Menéndez (1975) se meterá en la piel de Escamillo, el torero por antonomasia de la lírica, a partir del jueves 24. Será entonces cuando en el Teatro Campoamor alce el telón el título que clausura la temporada de la Ópera de Oviedo: 'Carmen'. Una obra que retrata la fuerza interior abrasadora de una mujer valiente y sensual y la obsesión y los celos de un soldado, Don José, y de cuyo éxito Bizet no pudo disfrutar porque murió a los 36 años víctima de un ataque al corazón. Dos destinos paralelos con Sevilla como escenario que se mueven en direcciones opuestas y que chocan frontalmente desembocando en la tragedia.

-No es su primera vez como Escamillo...

-No. Debuté con el personaje hace un año y pico en Shanghái, y con una producción también muy asturiana: de Sagi. Allí fue un bombazo. En Oriente, la cultura española, el flamenco, los toreros y todo eso les encanta. Y 'Carmen' tiene mucho de folclore. Mucha música, mucha coreografía... Además, en la producción que se hacía en China, igual que en la que se va a hacer aquí, Escamillo va vestido de torero de verdad.

-Carmen se prenda de él.

-Carmen es una mujer que busca la libertad y ve en Escamillo lo que ella aspira a ser: una persona libre en todos los sentidos. ¿Y quién hay más libre que un hombre que sale a jugarse la vida? Ella ve en él el paradigma de la libertad, que es lo que le llena. Pero también pienso que, si Carmen viviese, estaría con Escamillo un tiempo y luego seguiría su propio camino en busca de esa libertad, porque estar con una persona también te hace menos libre a veces.

-Tengo entendido que incluso recibió nociones básicas de toreo para meterse en la piel del diestro.

-Sí. Cuando haces una producción clásica, cuantas más armas lleves para poder trabajar, mejor. Por casualidad, conocí a gente que tenía relación con el mundo del toro y tuve acceso a alguna clase de toreo de salón; me enseñaron a coger el capote y la muleta, aprendí a hacer algún pase... Ese tipo de cosas que luego a mí me sirviesen a la hora de enfrentarme al personaje. Ten en cuenta que a los cantantes se nos presuponen una serie de cualidades que a veces tenemos y otras no. Nos pasamos una parte importante de nuestras vidas aprendiendo a cantar, pero luego aparecen un montón de cosas a las que tienes que hacer frente como torear, bailar o tener una pelea con una espada. Yo recuerdo que la primera vez que tuve una pelea así no había visto una espada de cerca más que las de juguete. Entonces, hay que aprender cómo agarrarla, cómo llevarla... Y aquí me sirvió acercarme al mundo del toreo.

-¿Es usted taurino?

-La verdad es que no. Está la parte del animal, que no me gusta, pero hay algo que me fascina, que es el hecho estético en sí mismo. La liturgia increíble en torno a cómo se visten, cómo se ponen el capote de paseo...

-En el segundo acto, interpreta la llamada 'Canción del toreador', que medio mundo es capaz de tararear. ¿Qué nos cuenta de este personaje desde el punto de vista vocal?

-No es que sea difícil porque la música sea complicada, sino que es para una voz que tiene que tener bastante área de graves, pero también de agudos. Aquí la dificultad no es de la obra, sino que radica en que tu voz se adapte a esas características.

-¿Es el caso?

-Yo hace tiempo que quería hacer este personaje y la verdad es que, cuando me puse a estudiar, me encontré muy cómodo cantándolo. Son de esas obras de las que piensas: «Esto parecía que estaba esperando por mí». Sí que es verdad que juegas con el hecho de que es una de las arias más conocidas de la historia de la ópera y con que todo el mundo es capaz de tararear el 'toreador, toreador'. Eso es un 'handicap'. Pero, cuando uno sale al escenario, sale a dar todo lo mejor que tiene. Eres como un torero. Yo saldré al Campoamor como si saliese al ruedo: a por todas. El otro día me dijeron que las cosas se hacen o no, pero no se intentan. Otra cosa es que, a sabiendas de que uno da lo mejor, luego guste o no guste.

-¿Cantar en casa impone más?

-Cantas para la gente que te vio empezar, que te conoce desde el minuto cero, que saben dónde naciste, tu nombre y tus apellidos. Algunos, incondicionales, que, cuando estoy un mes y medio en Rusia pasando frío como estuve ahora, me mandaban mensajes de ánimo por Instagram y Facebook. Devuelves el cariño a esa gente cercana que te para por la calle y te saluda. Por eso a mí me encanta cantar en casa. Porque, cuando estás fuera, puedes tener muchísimo éxito, pero no tienes a nadie con quien compartirlo. Sin embargo, en Oviedo, sí. Y eso es maravilloso.