«Para no volverte loco debes seguir tu camino»

Xoel López actuará esta noche en la Sala Albéniz. / E. C.
Xoel López actuará esta noche en la Sala Albéniz. / E. C.

Xoel López ha vendido todas las entradas para su concierto de hoy en la Sala Albéniz de Gijón

A. VILLACORTA

Xoel López (A Coruña, 1977) es uno de esos tipos con los que apetece tomarse una caña (o más de una). Y la oportunidad llegará esta noche, dentro de la gira 'Escenarios Mahou', que lo trae a la gijonesa Sala Albéniz, donde ya no queda ni una sola entrada. A ella llevará sus sonidos a medio camino del pop-rock alternativo y el folk clásico quien se define como un artista libre por más que lo etiqueten como 'indie'. Y la prueba es que, tras emerger en los noventa con la Elephant Band, dejó atrás una carrera consolidada con el seudónimo de Deluxe para cruzar el charco y empezar etapa en América. Ya de vuelta en Madrid, ha presentado el tercer disco a su nombre y el decimocuarto de su trayectoria.

-Ha escrito en Twitter que tiene mucha gana de estar por fin en Asturies. Así, en asturiano.

-Sí. Mis primeros bolos fueron allí: en la Villa, con todos mis amigos asturianos y hablando asturiano a muerte. Fui mucho: a Villaviciosa, Mieres, Pola de Siero... Mi conexión con Asturies es de hace mucho tiempo y muy buena. Me imagino que nos pasará a todos los gallegos, que es nuestra salida natural (Ríe). Y, de hecho, mi primera grabación profesional fue en Gijón, en el estudio de Paco Loco, cuando tenía 17 años.

-Pero hace tiempo que no venía...

-Es verdad que hace mucho que no voy. No pisé Asturias con mi disco anterior y eso algunos no me lo perdonarán. De hecho, yo tampoco me lo perdono. No sé qué carallo pasó, pero ahora tengo muchas ganas de ir.

-¿Fala en llingua?

-Estoy muy contento de cómo se ha resuelto el tema de la lenguas en Galicia. Y, en Asturias, vas a los pueblos y la gente habla asturiano. Yo lo entiendo perfectamente y me parece un idioma precioso. No es por hacer la pelota. Es que siempre lo he dicho: que el acento más bonito de España es el asturiano.

-¿Qué nos trae para esta noche?

-Va a ser una mezcla. Me centraré en el último disco, pero también tocaré otras canciones que me apetecen y equilibran el repertorio. Porque, igual que cuando haces un disco piensas en que quede compensado, con los conciertos me pasa lo mismo.

-El público podrá elegir un tema.

-Sí. Es un embolado en el que me metieron los de Mahou muy bonito. Un concierto un poco a la carta. Pero en mi caso no es tan raro porque vamos en formato trío acústico y tengo más margen que cuando voy con la banda. Con ellos es más difícil hacer cambios en el repertorio e improvisar.

-Ha titulado su último trabajo 'Sueños y pan'. Sueños es a los que aspiramos. Pan, la cruda realidad. ¿Ha encontrado el punto medio?

-Bueno, lo busco. Trato de estar en ese equilibrio. Parece que con la edad uno deja de ser idealista y de soñar, pero yo procuro seguir soñando, aunque con los pies en la realidad. Y luego, para mí, el pan simboliza la idea de la nobleza del trabajo. Que las cosas no caen del cielo. Que está muy bien decir: «Yo quiero ser músico». Pero luego te toca remangarte y trabajar porque esto no es tarea fácil. Hay un desgaste físico y psicológico importante, como en cualquier otro trabajo.

-Y ha confesado que sufrió la crisis de los cuarenta.

-Sí. Yo qué sé. Pensé: «Ya no tengo treinta ni veinte». Aunque también es verdad que siempre me he sentido más feliz a medida que pasaba el tiempo. Creo que mi vida es mejor ahora, con 41, que con veinte. Eso sí: empiezas a tener otra perspectiva de la vida y ves que, físicamente, a lo mejor estás un pelín más cansado. Yo en los conciertos aún no lo noto, pero sí con las giras... Los kilómetros pesan un poco más, pero trato de elegir mejor y aceptar solo lo importante. Porque, a veces he hecho esfuerzos de más, en vano o para nada. Ahora trato de apuntar un poco mejor (Ríe).

-¿Tiene que ver con su cansancio el hecho de haber sido padre?

-No. Como somos una generación que hemos tenido pocos hijos, parece que si tienes uno ya te conviertes en un padrazo o algo así. Pues no: yo sigo componiendo, escuchando música, yendo de gira... Y no me he pasado a 'Cantajuegos'. Eso no ha sonado en mi casa todavía (Ríe). Aunque no voy a hablar muy alto... Sí que te da otra perspectiva vital.

-Compuso una nana en galego...

-Sí. La metí en el disco porque me lo dijeron tanto que pensé: «Hala, para que ya no me lo digáis más».

-...después de una etapa en la que le dio por los ritmos latinos.

-Claro. De hecho, me acuerdo de que cuando volví de América se reían de mí. Había incluso amigos que me decían: «Pero tío, pareces una orquesta». Y alguien dijo que me parecía a Juan Luis Guerra. Y pensé: «Pues a mí siempre me gustó Juan Luis Guerra». Desde pequeño. Me encanta. ¿Sabes qué pasa? Que no tengo ningún prejuicio musical y mi público tampoco y eso me flipa. Es algo de lo que puedo fardar: de tener un público especialmente diverso y que está abierto a cualquier cosa. No como esa gente a la que solo le molan el rock y la música en inglés y que cuando hay un ritmo latino se asusta porque no es lo correcto. Yo no creo en lo correcto.

-¿Cómo le etiquetamos en esta sociedad tan compartimentada?

-La mejor etiqueta que me puedes poner es 'músico diverso'. Me gusta casi todo. ¿Qué le voy a hacer? Es muy difícil que la música me horrorice. Solo me acuerdo de que cuando era la época del techno me rayaba un poco la cabeza. ¿Que ahora están el trap y el reguetón? Pues vale. Un ratito, vale. Alguna cosa por ahí suelta, también. En el supermercado, a veces, hasta digo: «Pues esto tiene un ritmo curioso o un arreglo de 'sinte' que me mola». Saco lo bueno, aunque no me lo enchufe en vena. Si hablamos de las letras machistas, no me gustan, no me interesan. Pero hay gente que escribe otras cosas dentro del reguetón, así que, a priori, no digo que no.

-¿Pasando de las críticas?

-La respuesta sería depende. Como buen gallego, no te puedo decir que sí o no porque no estoy codificado para eso (Risas). Reconozco que algunas pueden ser constructivas, pero unas veces una persona te dice una cosa y otra, todo lo contrario ¿A quién hago caso? Para no volverse loco hay que seguir el propio camino. Yo soy el primero que soy bastante autocrítico, pero siempre dentro de lo factible. Porque, además, aunque me gustaría hacer un concierto como si fuese uno de Prince, la realidad es que tengo un 5% de su presupuesto. Las cosas son como son.