«Ningún gobierno nos devolvió en democracia la nacionalidad que nos robó el fascismo»

Vicente García Riestra visitó ayer el cementerio de de Oviedo para dejar un ramo de flores ante la placa que recuerda a su padre, represaliado en 1938 por el franquismo. Debajo, la ficha de García Riestra en Buchenwald y el registro de entrada de su grupo, el 24 de enero de 1944. / PABLO LORENZANA
Vicente García Riestra visitó ayer el cementerio de de Oviedo para dejar un ramo de flores ante la placa que recuerda a su padre, represaliado en 1938 por el franquismo. Debajo, la ficha de García Riestra en Buchenwald y el registro de entrada de su grupo, el 24 de enero de 1944. / PABLO LORENZANA

Vicente García Riestra critica a socialistas y populares por haberse olvidado de los deportados españoles | El último superviviente español del campo nazi de Buchenwald regresa a Asturias para asistir a la presentación del libro de Xuan Santori que cuenta su historia

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA OVIEDO.

Vicente García Riestra (Pola de Siero, 1925), el último superviviente español de Buchenwald, llega cansado al aeropuerto de Asturias después de un vuelo con retraso que le ha traído desde Burdeos, vía Barcelona, en el que no sabe si será uno de sus últimos viajes a la tierra en que nació y que dejó el 22 de septiembre de 1937, junto a su madre y varios hermanos rumbo al exilio. Vuelve para visitar la Fosa Común de Oviedo donde su padre, Gregorio García Lavilla, está enterrado -junto a otras 1.315 víctimas de la represión de los vencedores de la Guerra Civil- y el cementerio de Noreña, el lugar donde fue fusilado su hermano José. «Son lo único que me une a España, aparte de tres sobrinos en Mallorca», afirma este asturiano dolido de que «desde la muerte de Franco, en democracia, ningún gobierno, ni socialistas ni populares, nos ha devuelto a los deportados la nacionalidad que nos arrebató el fascismo».

Vicente ha venido también para acompañar al escritor Xuan Santori en la presentación, hoy en el Museo Arqueológico (19.30 horas), de su libro '42.553. Después de Buchenwald' (Trabe), el ensayo en el que reúne el testimonio autobiográfico del superviviente y un exhaustivo análisis de documentación original para reflexionar sobre uno de los capítulos más terribles de la historia del siglo XX y la capacidad del ser humano para afrontar y sobrevivir a esa experiencia. «No éramos personas sino animales y los animales no tienen nombre, solo un número», explica ante un café, lo único que ha dicho que le apetece tomar a su llegada- el hombre que fue durante su internamiento en el campo de prisioneros solo ese número que da título al ensayo: el 42.553.

El despojo de la identidad era el primer paso en un proceso diseñado íntegramente al exterminio de quien era destinado a él por motivos étnicos, religiosos, políticos o sociales. Solo en Buchenwald, cerca de la ciudad alemanda de Weimar, la cifra de muertos se eleva a 51.000 de los aproximadamente 250.000 internos que pasaron por el campo. Los supervivientes hicieron un juramento días después de su liberación en abril de 1945 en el que se comprometían a luchar «hasta que el último culpable se halle ante el tribunal de los pueblos, que la aniquilación del nazismo es nuestra consigna y nuestro fin la construcción de un mundo nuevo y en paz». Vicente evoca con emoción aquel día y resume el compromiso adquirido «ante los camaradas asesinados» en el mensaje que desde hace años transmite en sus visitas por centros escolares: «Que no se olvide y que las nuevas generaciones no vuelvan a ver lo que nosotros hemos visto y vivido». Hoy lo repetirá en los institutos Montevil y Feijoo de Gijón. Volverá una vez más a relatar su historia y la de quienes compartieron con él el horror.

Durante mucho tiempo solo sus familiares más directos conocieron su vivencia en un campo de exterminio: «Es difícil de explicar: eran nuestros los palos y el maltrato, las heridas eran nuestras y creíamos que no teníamos por qué hacerlo público», comenta. Todo cambió «cuando aparecieron los revisionistas negando que eso hubiese existido y que nosotros exagerábamos», detalla ahora. Entonces los supervivientes decidieron que había que hablar, difundir entre los más jóvenes lo que ellos habían vivido, una tarea que hoy, con el resurgimiento de la extrema derecha en Europa, «es más necesaria que nunca, aunque cada vez quedemos menos para contarlo», afirma.

Su historia es una más de entre las miles que no tuvieron ocasión de ser recordadas. La de un 'guaje' que abandonó España con catorce años, solo (se reencontraría con su familia luego en Francia) y herido tras un bombardeo; que colaboró con la Resistencia y por ello fue deportado a un campo de exterminio en Alemania. Y que sobrevivió para que nadie se olvide de que eso pasó un día en Europa. Hace tan poco tiempo que solo quien quiere puede haberlo olvidado.

 

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