Tres esperanzas para abrir Begoña

Varios de los novillos, en El Bibio. /Dani Mora
Varios de los novillos, en El Bibio. / Dani Mora

Las novilladas representan futuro y continuidad. Son imprescindibles para la supervivencia de la fiesta

ROSA IGLESIAS

Aun novillero se le suponen disposición, mimbres para tejer talento y algún chispazo de arte de tanto en tanto. Y lo que reclaman es una oportunidad para mostrarlo. Ya no se hacen lunas, ni se viaja en tren con los trastos en un hatillo. El romanticismo cada vez está menos presente en este mundo y en los demás. Pocos chavales se sientan en las tapias. El cambio climático llegó hace años al escalafón inferior; mucho frío. En el camino hacia la alternativa, con mucha suerte, algo de vista y todos los toros que se pueda, a veces se vislumbra alguna tarde de gloria. Entre tanto, piedras que conforman paredes de despachos y paseíllos por el valle del terror. Muchos novilleros para pocas novilladas. Muchas novilladas para poco público. Escasez de oportunidades en el campo. Quizá el año próximo. Mañana te llamo. Palmadas en la espalda. Alternativas que se toman con los festejos raspados para pasar el trámite. Trastos con más polvo de olvido que de carretera y manta. Y por si este camino fuera poco pedregoso, el pensamiento único que tanto sabe de talanqueras, engaños y brega sucia. Hay quien dice que ser matador de toros es algo heroico y llegar a figura un milagro. Disiento, porque lo heroico es ser becerrista y novillero, porque nunca salen los números. Esta tarde, tres esperanzas que caminan y trastabillan buscando el camino de la gloria. La esperanza es lo último que pierde un aficionado. Las ganas, los sueños y un novillo que embista hacen el resto.

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