Patrimonio estudia abrir al público las cuevas de Llonín y Covaciella

Grial Ibáñez, Pablo León, Montserrat Jiménez, Eva Ranea, Laura de Miguel, Otilia Requejo, Armando Llamosas, Pilar Fatás y Roberto Ontañón, en el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo. /  XUAN CUETO
Grial Ibáñez, Pablo León, Montserrat Jiménez, Eva Ranea, Laura de Miguel, Otilia Requejo, Armando Llamosas, Pilar Fatás y Roberto Ontañón, en el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo. / XUAN CUETO

El Principado pone en marcha un estudio que también podría implicar que sigan cerradas, así como más limitaciones en las que ya son visitables

GLORIA POMARADA RIBADESELLA.

La apertura de las cuevas con arte rupestre declaradas Patrimonio de la Humanidad y actualmente cerradas al público en Asturias -Llonín y Covaciella- deberá esperar a las conclusiones de un nuevo estudio del Principado. El plan, que elaborará Patrimonio en colaboración con la Universidad de Oviedo, dará continuidad a un análisis elaborado a lo largo de 2017 y 2018 cuyos escuetos resultados fueron presentados ayer en el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, en Ribadesella. Un estudio que «sirve para establecer las bases del futuro plan de gestión», aclaró la directora general de Patrimonio, Otilia Requejo, que definió el trabajo como una «foto» a la espera del nuevo análisis.

Ese futuro informe abordará seis ejes, desde la recopilación documental a investigaciones in situ a nivel geológico, pasando por la creación de una base de datos digital en soporte SIG (sistema de información geográfica) y la elaboración del plan de actuaciones de investigación, difusión y gestión sostenible. De los resultados obtenidos se derivará asimismo la decisión sobre la apertura de cuevas como las de Llonín (Peñamellera Alta) o La Covaciella (Cabrales), pero también de la posible limitación de visitas en las cuevas que ya están abiertas. Será, no obstante, un dictamen a «medio plazo», pues por el momento Patrimonio no dispone de «datos cuantitativos para tomar decisiones», detalló Requejo.

El debate sobre la posibilidad de hacer visitables más cuevas con arte rupestre lleva años instalado en concejos como Peñamellera Alta, donde el Ayuntamiento se muestra favorable a la apertura de Llonín a grupos reducidos. Más complejo resulta el caso de La Covaciella, descubierta en 1994 durante unas obras de ampliación en la carretera y considerada no apta para el acceso del público. De hecho, el no contar «con presión de visitas» y su «descubrimiento más reciente» determina que el yacimiento cabraliego esté «magníficamente conservado», explicó Montserrat Jiménez, catedrática de la Universidad de Oviedo y coordinadora del estudio.

La Peña de Candamo es la que peor estado de conservación presenta de las cinco asturianas

En cuanto a las observaciones ya perfiladas sobre las otras cuatro cuevas asturianas Patrimonio de la Humanidad -La Peña (Candamo), Tito Bustillo (Ribadesella), El Pindal (Ribadedeva) y Llonín- los expertos han detectado que el estado de conservación es bueno, si bien existen diferencias entre aquellas con uso turístico y las que permanecen acotadas. «Las cuevas turísticas reciben más impacto que las cerradas», apuntó la coordinadora. Para llegar a ese diagnóstico los investigadores han realizado un «reconocimiento geomorfológico ambiental de las cavidades valorando el tipo de modificaciones inducidas por la acción humana y los cambios que han tenido lugar a lo largo de las etapas de uso, tanto turístico como no turístico», explicó Jiménez. Asimismo, el estudio de Patrimonio y la Universidad ha permitido «caracterizar las aguas kársticas como un indicador ambiental de los usos del territorio y también el microclima de las cuevas», abundó la coordinadora.

A la luz de esos factores y en base a una «primera aproximación cualitativa», es La Peña de Candamo la que presenta un «peor estado de conservación» tras una «larga historia de deterioro», explicó. Por su parte, Tito Bustillo afronta la problemática de las crecidas del río San Miguel, si bien «no hay constancia» de que sus aguas «hayan alterado las pinturas en tiempos recientes», afirmó la investigadora. En Llonín, los paneles con arte rupestre presentan en «buen estado» salvo aspectos puntuales por «precipitación natural», si bien ha influido su uso histórico «en relación a la curación de quesos». También El Pindal está «bien conservado» a pesar de presentar alteraciones en el panel que «son previas a la apertura para uso turístico», explicó Jiménez. De la cavidad ribadedense destacó además el hecho de que los «acondicionamientos turísticos han quedado tan integrados en el propio medio subterráneo que visualmente no ofrecen una visión tan negativa como en otros lugares».Con esa radiografía plasmada en el estudio preliminar -sin acceso público por el momento- Patrimonio y la Universidad emprenderán tanto un análisis en profundidad como las medidas a implementar en cada cueva. Para ello, indicó Requejo, es «fundamental» contar con una visión del entorno de las cavidades, incluyendo una evaluación sobre los usos del territorio y los macizos en los que están enclavadas.

La presentación del estudio coincidió ayer con la reunión de la comisión de coordinación del Bien Cueva de Altamira y Arte Rupestre Paleolítico del Norte, en la que participaron los gobiernos de Asturias, Cantabria y País Vasco, así como representantes del Ministerio de Cultura. «Estas reuniones permiten ver que no estamos solos, los problemas comunes y emprender acciones coordinadas», explicó Requejo.