Poderoso emperador del piano en el Auditorio Príncipe

Kun-Woo Paik, al piano, en el Auditorio Príncipe, en Oviedo. /  ALEX PIÑA
Kun-Woo Paik, al piano, en el Auditorio Príncipe, en Oviedo. / ALEX PIÑA

El coreano Kun-Woo Paik ofreció anoche un extraordinario concierto con Oviedo Filarmonía bajo la dirección de Carlos Domínguez-Nieto

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

El pianista Kun-Woo Paik es -tal como indican sus rasgos físicos- coreano por nacimiento, americano y neoyorkino por formación, francés por vida y devoción, centroeuropeo por vocación y universal por interpretación artística. Y ayer, en el Auditorio Príncipe Felipe, acompañado por la orquesta Oviedo Filarmonía dirigida por Carlos Domínguez-Nieto, la leyenda del piano de 72 años -muy bien llevados, por cierto- se 'estrenó' actuando por primera vez en Asturias, con una honda versión del 'Concierto N.º 5, en mi bemol mayor para piano y orquesta, Op. 73'. Concierto conocido -contra la voluntad de Beethoven, que lo quería denominar exclusivamente como 'Gran concierto'- como 'Emperador'.

Pese a la oposición del compositor, el título de 'Emperador' se acabó imponiendo, y no por la asociación a Napoleón y sus guerras en Austria, que crían malvas desde hace dos siglos, sino por un poderío sinfónico e intemporal, sólidamente compartido por el solista y la orquesta, y de una inagotable riqueza musical.

Para Kun-Woo Paik, la fuerza no está en los gestos corporales, sino en los dedos de las manos, fiel reflejo del alma. Se inclina ligeramente sobre el piano y permanece inmóvil durante toda la obra. Solo mueve -y además vertiginosamente- los brazos y los dedos. Musicalmente, es un virtuoso con alma, con corazón.

En el 'allegro' inicial, proyectó ese poderío heroico de la obra. Lirismo soñador, muy delicado en el 'adagio', muy bien dialogado con la orquesta y, finalmente, alegría luminosa, a veces hasta gamberra, en el movimiento final. Aplausos a este emperador del piano verdaderamente arrebatador. En la segunda parte, Oviedo Filarmonía interpretó la 'Sinfonía N.º 6, Patética', de Chaikovski. Domínguez-Nieto dirigió de memoria un Chaikovski pasional, a veces un poco desflecado y con momentos de gran fuerza emocional. Excepcional el percusionista, que mantuvo la pulsación como si fuesen los latidos del corazón. Un concierto muy aplaudido por un público que abarrotaba el auditorio.