«Las redes han empobrecido la calidad de las conversaciones»

Francesc Miralles.. / E. C.
Francesc Miralles.. / E. C.

Francesc Miralles, que vendió millón y medio de ejemplares en todo el mundo con 'Ikigai', publica su nueva novela, ambientada en la Luna

ALVARO SOTOMADRID.

El protagonista de 'La biblioteca de la Luna' (Espasa) se llama Verne, pero no es un narrador de ciencia ficción, sino un solitario experto en letras y tarotista 'on line' que llora por haberle ocultado sus sentimientos a su amor. Esta es la premisa de la que parte el nuevo libro de Francesc Miralles (Barcelona, 1968), periodista, músico y uno de los escritores españoles más internacionales, gracias a obras como 'Amor en minúscula', 'Wabisabi', 'Ojalá estuvieras aquí' y, sobre todo, 'Ikigai', traducida a 48 idiomas y con millón y medio de ejemplares vendidos en todo el mundo.

En el cincuenta aniversario de la llegada del hombre a la Luna, Miralles se ha inspirado en el satélite para contar una historia de aislamiento, pero también de esperanza. «La soledad afecta a las personas sensibles y con un grado de humanidad alto. Eso hace difícil que puedan encajar en determinados entornos, como le ocurre a Verne, que no se siente feliz ni en el trabajo ni en su ciudad», cuenta el autor.

Para encontrar un lugar que le proporcione nuevas perspectivas, el protagonista de la novela piensa en la Luna, en un momento en el que el satélite ya ha sido colonizado por el hombre, algo que no parece tan lejano en la realidad. «Todo lo que cuento es posible que ocurra casi inmediatamente. Las agencias espaciales estudian volver a la Luna en pocos años y hay planes para instalar hoteles allí de la mano de millonarios como Richard Branson, pero sólo podrán hacer estos viajes de cuatro o cinco días quienes tengan mucho dinero, claro», explica el escritor.

En la Luna que imagina Miralles se levanta el complejo Exovillage, dotado de servicios turísticos, restaurantes, discotecas, centros lúdicos y una peculiar cueva de los aborígenes, donde se conserva un gran pulpo, un animal que se ha establecido que posee un origen extraterrestre y que en el exterior ha multiplicado sus actividades intelectivas.

Aunque la Luna es el escenario de su novela, Miralles la desmitifica. «Es sólo un pedrisco que está muerto, una bola de polvo con temperaturas extremas. Marte es mucho más vivible y yo preferiría que se destruyera la Luna antes que el Amazonas», cuenta el escritor. Pero sí es un buen lugar para ubicar a Verne, que encontrará en el satélite una manera de acercarse a su amada Moira, ingeniera de Telecomunicaciones destinada en el satélite, y un trabajo que por fin responderá a sus inquietudes: bibliotecario de las grandes obras de la historia, trasladadas a la Luna después de que los libros impresos se prohibieran en la Tierra para evitar la deforestación.

«Las bibliotecas, desde Alejandría, han jugado un papel crucial en la conservación de la alta cultura frente a la barbarie», cuenta Miralles, que reivindica estos lugares de sabiduría frente a internet y las redes, que sí tienen cosas valiosas, admite, pero también dan cabida a millones de contenidos «sin ninguna credibilidad».

«Las redes han empobrecido la calidad de la conversación. Hace 25 años no teníamos al lado una maquinita que fuera escupiendo estímulos. Ahora hablamos con mucha más gente, pero con menos calidad. Las redes pueden ser una muleta de ayuda para gente que lo pasa mal, pero también pueden convertirse en una forma de perder el tiempo», asevera el escritor, que, igual que su personaje, conoce bien el mundo de los 'call center'. «Estuve a punto de trabajar en uno de ellos, pero sufría pensando en que la gente que llamaba iba a perder su dinero, así que acabé trabajando en un camping».