Los secretos de San Miguel de Lillo

Las restauradoras, trabajando en el interior de San Miguel de Lillo. / ALEX PIÑA
Las restauradoras, trabajando en el interior de San Miguel de Lillo. / ALEX PIÑA

«Conseguiremos que el espectador disfrute mucho más», resume una de las coordinadoras tras los primeros quince días de trabajo La restauración saca a la luz una cenefa en el ábside y varios grafitis del siglo XIX

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

Son solo quince los días que el equipo de dieciséis profesionales del Principado y del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE) llevan trabajando en la restauración de las pinturas de San Miguel de Lillo, y año y medio el plazo que tienen. Pero ya se empiezan a ver los resultados. Durante la limpieza, han aflorado una cenefa florida de decoración en el ábside y bajo las capas de pintura -hasta catorce en algunos puntos- han aparecido grafitis de fechas tan antiguas como 1822, aunque podrían surgir de «todas las épocas» en este monumento del siglo IX, según informaron ayer las técnicas a los medios.

Sobre la cenefa, una coordinadora de la adjudicataria de los trabajos (la empresa Ártyco, por 664.000 euros), Azucena Vior, señaló que «es un revestimento pictórico» con un motivo de plantilla que han hallado «casi en la superficie». Ya estaba documentado en el estudio que realizó el Principado en 2014, «pero todavía no tenemos la cronología exacta» y será necesario seguir quitando capas para saber más. «Hasta ahora nos encontramos con carbonato cálcico y pigmentos naturales», unos materiales que fueron los mismos durante «muchísimos años», lo que dificulta la datación.

Los grafitis, comentó Pilar de Hoyos, otra coordinadora, ofrecen «una información documental importantísima» y por eso se registran con detallo. De momento no los están eliminando salvo que tapen una capa pictórica de importancia. En uno de 1882, por ejemplo, se lee «Álvarez arquitecto».

San Miguel de Lillo, según explican las coordinadoras, es de una «arquitectura única», pero se encuentra «muy frágil» por los años expuesta a la humedad, incluso con algas. No hacen sangre sobre las restauraciones con cal, normales en otros tiempos y hechas «con buena voluntad».

Ahora, poco a poco y con la precisión de un cirujano -y sus mismos instrumentos, escalpelo y bisturí incluidos- los restauradores van limpiando las paredes, para luego consolidarlas con un mortero especial. En principio, las pinturas prerrománicas están localizadas, pero «puede haber sorpresas». «Todo es con complicado, tienes que andar con cuidado desde el primer paso», relató Cristina Carrero, una de las trabajadoras en la iglesia.

Cada movimiento queda registrado casi al milímetro. Antes de empezar, los técnicos realizaron catas -de las que dan cuenta pequeñas 'ventanas'- en la pared y realizaron fotografías con la ayuda de un topógrafo. A pie de obra, apuntan cada hallazgo con todo lujo de detalles, y los avances en una pizarra. Luego, deberán recogerlo todo en una memoria y redactar un protocolo de conservación de las pinturas. Vior resume la intervención en que van a «ordenar este espacio. Conseguiremos que el espectador pueda disfrutar muchísimo más». Ayer acudió también la directora general de Patrimonio, Otilia Requejo, que celebró «la culminación de un proceso largo» tras las obras de drenaje de 2011. Afirmó que «de momento» no se prevén excavaciones en el entorno del Prerrománico, pero más adelante sería interesante ejecutarlas. Se podrían encontrar restos «constructivos y de antiguos cementerios».

Por otro lado, durante todos los lunes hasta septiembre se podrá realizar una visita guiada por los trabajos gracias al programa 'Abierto por restauración', de inscripción gratuita en su web. Fuentes del Ministerio de Cultura apuntan que está «funcionando muy bien» y entre Lillo y el otro monumento visitable, San Pedro de Arlanza, «se prevén 8.000 visitas». En paralelo continúan las visitas guiadas al monumento de carácter histórico.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos