El agujero disco baila en Gijón

La Diva y el Maestro de Ceremonias, en uno de los números de 'The Hole Zero'. : / Jorge Peteiro

'The Hole Zero' enloquece al Jovellanos con su cóctel lujurioso y canalla de humor, música, circo y burlesque. Se quedan hasta el día 19 de agosto

M. F. ANTUÑA

Un cóctel loco, excesivo, vibrante y brillante; una derroche de humor, de color, de provocación, de lujuria, de música, de baile, de acrobacia, de circo, de cuerpos, mentes y voces, de todo un poco y un poquito más todavía. Algo tendrá el agujero cuando tanto lo bendicen, algo tendrá ese universo tan sórdido como acogedor cuando quien entra no quiere salir. O quien sale quiere volver a entrar. O todo lo contrario. Porque la máxima de este show canalla que ha congregado en sus tres versiones a millón y medio de espectadores es que para salir del agujero primero hay que entrar en él. Y lo cierto es que, lecturas positivistas y de superación personal al margen, quien entra en el agujero si bien no sale renovado en su interior ni con un lifting hecho en el entrecejo, sí lo hace con un gesto alegre, con una sonrisa, con esa sensación que provoca el haber pasado un buen rato, con el ritmo disco metido en el cuerpo y la sensación de haber dejado atrás los problemas para emprender y gozar de un viaje feliz.

'The Hole Zero' aterrizó ayer en el Teatro Jovellanos para quedarse hasta el 19 de agosto -quedan 14 funciones por delante- con los mismos ingredientes que ya encandilaron en Gijón y otras plazas en los espectáculos previos y con idéntica manera de encajar entre un público que va con la mente abierta a meterse en un mundo nada convencional. Este agujero se presenta como una precuela y desvela el origen de ese espacio en el que nada es imposible. Lo hace viajando al Nueva York de 1979, a la Nochevieja del Studio 54, a la música disco, a los tiempos de cambio, de libertad, de inspiración que arrecian cuando 1980 llama a la puerta.

En ese universo, y con Manu Badenes ejerciendo como espectacular maestro de ceremonias, va discurriendo un espectáculo que se prolonga durante casi dos horas y media -con descanso que incluyó actuación sorpresa en el hall del teatro- en las que no hay tregua, no hay tiempo para respirar, se suceden los números, las risas, los momentos mágicos, las veras, las bromas, los cuerpos desnudos, las acrobacias, los equilibrios, los bailes y, sobre todo, las canciones... El resultado es un plato mestizo y sabroso, gamberro y adictivo que mete al público dentro del agujero sin contemplaciones. Desde el minuto cero, cantó, dio palmas, bailó... Algún espectador acabó también invitado sobre el escenario.

Más de una veintena de personas se mueve por el escenario encabezados por Manu Badenes, convertido en un MC atacado por Conchi, su conciencia argentina -Noelia Pompa-, y la Diva, Lorena Calero, que derrocha voz y se marca temazos tan brutales como 'Purple Rain'. María Garrido, Axe Peña, Bilonda Mfunyi o Julio Bellido, entre otros, dan vida a los personajes que van desgranando la dramaturgia escrita por Félix Sabroso -trufada de alusiones locales- que se alimenta con canciones que son banda sonora universal, como su versión de 'Proud Mary' de la Credence, 'You make me feel', 'I will survive', 'We will rock you', 'YMCA', 'I Love to Love', 'Maniac'... Es una sucesión de temas absolutamente bailables, que tienen también representación patria con títulos como 'Bailando', 'Super Superman' 'Qué sabe nadie' y hasta el 'Achilipú'.

En definitiva, una inyección de adrenalina musical que se va inoculando en las dosis justas mientras sale a escena todo lo demás, el circo, el sexo, la coña, la caña... Todo menos política. Aplausos a tutiplén en un Jovellanos hasta la bandera que coreó, movió las caderas, se estremeció con algunos de los números circensense y se lo pasó pipa. Qué más se puede pedir.

 

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