Thriller de alto voltaje con fraude fiscal

Eloy Azorín, Carmen Ruiz, Juan Carlos Vellido y Daniel Pérez recibieron ovaciones por un trabajo que coronó Miguel Rellán. / CAROLINA SANTOS
Eloy Azorín, Carmen Ruiz, Juan Carlos Vellido y Daniel Pérez recibieron ovaciones por un trabajo que coronó Miguel Rellán. / CAROLINA SANTOS

El público gijonés quedó atrapado por la tensión de una función tristemente contemporánea | Daniel Veronese convence a los espectadores del Teatro Jovellanos con la fuerza de su drama 'Siete años'

PABLO A. MARÍN ESTRADAGIJÓN.

La adaptación al teatro de historias que previamente han funcionado en las pantallas del cine es una práctica común en mercados como el americano y en España se ha consolidado ya como una estrategia más para atraer espectadores a las salas. El director argentino Daniel Veronese es un auténtico experto en esto último y, en su caso, al conocimiento de los intereses del público se le añade una incuestionable calidad para exprimir el trabajo de los actores en cada dramaturgia.

Que 'Siete años', la función que ayer llevaba a un Jovellanos lleno, haya sido antes una película de mayor o menor éxito tampoco importa especialmente a la vista del resultado de su tarea y el del magnífico elenco de intérpretes que lo hacen posible. Así pareció entenderlo el público del coliseo gijonés, seducido de principio a fin por la vívida tensión de este thriller psicológico de alto voltaje y arropándolo con sus aplausos.

El texto de José Cabeza delimita a la perfección el perfil de los cinco personajes protagonistas a través de sus propios diálogos y Veronese sabe aprovechar esta baza para dirigir a sus actores desde el enorme potencial de su caracterización. El trabajo que realiza cada uno de ellos, implicándose en la particular fuerza del personaje que encarnan y en su capacidad para integrarse en el intenso ritmo del conjunto, logra trasladar al espectador toda la eficacia de una acción desarrollada prácticamente en tiempo real, sin el respiro de una sola elipsis.

La trama nos sitúa en un conflicto grismente contemporáneo: cuatro socios de una firma tecnológica a la que el fisco ha pillado en un fraude fiscal se reúnen en una sala de la empresa para tomar su decisión más difícil, la de quién de ellos asumirá la responsabilidad de afrontar los siete años de cárcel que libren de ella a los demás. El juego de espejos y máscaras está servido, y la presencia de un mediador (al que da vida el siempre extraordinario Miguel Rellán), lejos de aliviarlo, hará aún más descarnado el 'sálvese quien pueda'. Una escenografía minimalista y aséptica de Monica Boromello dibuja a la perfección las dimensiones físicas de la ratonera en la que los ejecutivos viven su drama. El desenlace de la intrincada partida de ajedrez jugada allí redondea la historia.

La ovación final premiaba uno a uno el esfuerzo de los actores de un elenco de cine, en el que Daniel Pérez y su partenaire Eloy Azorín dan el tono mayor, Carmen Ruiz y Juan Carlos Vellido lo siguen y Rellán... Rellán ya es un punto y aparte.