Mosaico de ritmos y colores en la plaza Mayor

El Grupo Folclórico Timisul, de Rumanía, durante su actuación de anoche en el escenario de la plaza Mayor de Gijón./PALOMA UCHA
El Grupo Folclórico Timisul, de Rumanía, durante su actuación de anoche en el escenario de la plaza Mayor de Gijón. / PALOMA UCHA

El Festival Folclórico de Gijón une las danzas de los grupos Timisul (Rumanía), Oganki (Siberia), África Tumbás (Kenia) y Walmapu (Chile)

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

El ritmo de los bailes populares de las más diversas culturas del mundo y el colorido multicolor de los trajes de los danzantes se apoderan un verano más del escenario de la plaza Mayor, en una nueva edición del Festival Folclórico Internacional de Gijón que ayer comenzó y que volverá a congregar a cientos de espectadores en una cita ya clásica del calendario festivo de nuestra ciudad. La música tradicional de Rumanía, Kenia, Siberia y Chile protagonizó la jornada inaugural, consiguiendo encandilar a un público que tendrá hoy y mañana ocasión de seguir disfrutando de las actuaciones del festival.

El público, formado por muchos habituales año tras año, ocupó rápidamente las sillas que estaban dispuestas ante el escenario, que ocupaban la mitad de la plaza. Poco a poco, según se acercaban las 21.30 horas, también se fue ocupando el resto de la plaza. El festival comenzó con el habitual intercambio de regalos entre los grupos participantes, representados por una pareja cada agrupación participante.

Los primeros en salir al entarimado fueron los rumanos de Timisul, uno de los conjuntos más importantes de su país en este género. Sorprendieron al público con un espectáculo dividido en tres partes. La más vistosa, sin duda, la primera, con una muestra de las danzas propias de las diferentes regiones rumanas, una tradición en la que las piruetas de los bailarines se libran al ritmo endiablado de una música cada vez más veloz en su ejecución. Danzas por parejas y un conjunto de cinco músicos: violín, acordeón, teclados y dos saxos. La segunda parte mostró esos aires vertiginosos de la música popular de Rumanía en una 'suite' instrumental con la ausencia de los bailarines sobre el escenario. Volverían para unirse a la banda en el último número, basado en la tradición de la región occidental de Rumanía de la que proviene está agrupación, asombrando de nuevo con sus bailes de aire eslavo : los ejecutantes masculinos abrazados por los hombros y las bailarinas enlazando sus brazos en el medio, a modo de cortejo. Y a toda velocidad.

Más aires eslavos traerían los siberianos de Oganki, una agrupación con más de medio siglo de historia. Arrancaron los aplausos del público nada más asomar los espectaculares trajes de sus bailarinas, doce auténticas matrioskas, y al ritmo de una orquesta en la que no faltaban las balalaikas ni los acordeones. Y a ritmo de taconeos y saltos cosacos volvieron a conquistar a los espectadores con un nuevo número al que se sumaron los bailarines masculinos. La sonrisa lo sacó una pareja de danzantes que mostró tanto su buena forma en las acrobacias como sus dotes de comicidad.

África Tumbás, desde Kenia, salieron compañadospor un conjunto de percusionistas, que previamente habían encendido una fogata entre bastidores para calentar los tambores. Sus danzas y cantos están basadas en ritos tribales de caza, y ejecutaron también danzas massai de origen guerrero. El primer número es una danza y canto de cosechas que ejecutan la mayoría de las tribus de Kenia, con tres bailarines sobre las tablas dando saltos de gran belleza.

Finalmente, sería el turno de la agrupación chilena, Walmapu, que como el resto de grupos, se llevaron los aplausos de los gijoneses como recuerdo.

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