«Soñó que tiraban de él hacia dentro»

Blanca Cobian, en 'Cuarto Milenio', hablando con Íker Jiménez. /  E. C.
Blanca Cobian, en 'Cuarto Milenio', hablando con Íker Jiménez. / E. C.

Blanca Cobián le cuenta a Íker Jiménez en la tele que hubo varias premoniciones antes del ahogamiento en la playa de Pechón que la familia no tuvo en cuenta La viuda de Jesús Castro relata las extrañas «señales» previas a su fallecimiento

R. MARTÍNEZ GIJÓN.

La leyenda de Jesús Castro, portero del Sporting de Gijón y símbolo de toda una época, se engrandeció tras fallecer este en una playa cántabra tras salvar a unos niños de morir ahogados. Blanca Cobián, su viuda, fue protagonista en la noche del domingo del programa 'Cuarto Milenio', donde contó en detalle a Iker Jiménez todos los detalles de la trágica muerte del futbolista. No era la primera vez que lo hacía, pero en esta ocasión añadió algunos detalles más cercanos al más alla que a lo hechos que se dan por conocidos. «Nosotros íbamos todos los fines de semana a la playa, él solía jugar con los niños en la arena y se iba, como él decía, a buscar paraísos nuevos», recordaba ante el conductor de la nave del misterio. Un día, el futbolista contó a la familia que había encontrado la playa perfecta, su lugar soñado. Era la de Pechón, conocida también como Playa de Amió, el lugar en el que tiempo después encontraría la muerte. La primera vez que fue con su familia, Blanca Cobián -ahora lo cree- recibió la primera señal, que entonces le pasó inadvertida. «Al entrar en el pueblo noté algo, vimos una señora que iba de lado y nos miró fijamente, me recorrió un escalofrío», explica.

El futbolista, encantado con aquella playa, reservó allí las vacaciones familiares, y se fueron todos aquel verano de 1993. Antes del accidente, tras una siesta sobre la arena, Castro se despertó agitado y le contó a su mujer que había tenido una pesadilla horrible: «Me dijo, totalmente pálido, que había soñado que estaba dentro del agua y que no podía salir, que alguien tiraba de él hacia adentro». Ninguno de los dos le dio importancia.

No fue la última advertencia, admitía el domingo por la noche la viuda del 'crack' rojiblanco. El hijo pequeño de Jesús Castro, Dani, se puso enfermo y no quería volver al arenal de Pechón. «No quiero ir a la playa, tengo una premonición, tengo miedo», les dijo. Aún así, la familia al completo volvió unos días después, pero Blanca ya no veía aquel lugar de la misma manera: «Le había cogido pavor», reconoce. Un pavor que creía infundando, como lo son todos esos miedos irracionales que nos asaltan de vez en cuando.

Todo sucedió de repente, aquel 26 de julio de 1993. «Cuando Jesús se fue a pasear por la orilla tuve el impulso de irme con él, pero en el último momento me quedé sentada. Se quitó las zapatillas rápidamente y se metió corriendo al agua. Ya no le vi más», explicaba emocionada. Poco después, el hijo mayor de la pareja llegaba hasta su madre llorando: «Mamá, papá se está ahogando, está solo», le dijo. Después Blanca relató el agónico momento en el que vio a su marido tratando de salir del agua, igual que en la pesadilla que le había relatado unos días atrás. Castro salvó a los dos pequeños que el Cantábrico quería quedarse, pero lo pagó con su propia vida.

Después de la muerte de Castro, su viuda tuvo también algún sueño en el que se le aparecía: «En una ocasión, en la que yo estaba enferma con neumonía, él me pidió que dejara de fumar: me dijo que era o el tabaco o mi vida». Blanca dejó el tabaco ese mismo día: «Nunca más he vuelto a tocar un cigarrillo», explicaba a Íker Jiménez. «A un amigo le dijo en sueños que aún no había llegado a su destino, que seguía de viaje», explicó.

 

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