«¡Si los vecinos no sabían dónde vive Saúl, ya se han enterado!»

Celia García y su hija Valentina muestran su apoyo a Saúl Craviotto. /
Celia García y su hija Valentina muestran su apoyo a Saúl Craviotto.

Celia García y Valentina, la esposa e hija del campeón olímpico, vivieron con nervios y emoción la final desde su casa en Gijón

DANI BUSTO GIJÓN.

Las voces y los gritos de alegría retumbaron por todo el edificio, entre los barrios de Ceares y Viesques. A 8.330 kilómetros de allí, el piragüista Saúl Craviotto lograba, junto a su compañero de K-2, Cristian Toro, la medalla de oro en la prueba olímpica de 200 metros esprint, disputada en las aguas del lago Rodrigo Freitas, en Lagoa. Al mismo tiempo que el palista ilerdense, afincado en Gijón por motivos laborales, lograba su tercera medalla en unos Juegos -su segundo oro-, en su vivienda la alegría por el éxito era tan inmensa como en el propio lago brasileño.

Celia García, su mujer, vivió la final olímpica por televisión como si estuviese en la propia piragua. Aunque casi sin respirar. «Son tan pocos segundos que no te da tiempo a asimilar nada durante la carrera», confiesa la gijonesa, que se pasó toda la tarde pegada al teléfono móvil para responder las incontables llamadas de familiares, amigos y medios de comunicación.

Celia García asegura que vio a su marido «muy bien» durante la final, que fue controlada por la embarcación española casi desde el inicio. «A mitad de la carrera ya vi que iban a ganar y no pude dejar de gritar hasta que llegaron a la meta... y después de cruzarla también», recuerda la arquitecta. «¡No sé si los vecinos sabían dónde vive Saúl, pero ahora ya se han enterado, en mi edificio y en el de al lado!», bromea.

Con la victoria tan reciente costaba asimilar tanta emoción. Recompensa al trabajo de los últimos años. «Estamos ilusionados, y estamos que queremos más», confiesa Celia García, con ganas de ver a Saúl Craviotto en las pruebas de K-1 que disputará a partir de hoy.

Valentina Craviotto, hija de Saúl y Celia, tiene un año y medio. Ayer era un día especial y su madre adelantó la hora de siesta para que la pequeña pudiese ver después a su padre por televisión. «La senté en el sofá y se quedó flipada al vernos a mi hermana y a mí gritar como locas», rememora la gijonesa.

Celia y Craviotto hablan todos los días por teléfono desde que el piragüista se encuentra en Río de Janeiro. En las horas previas a la competición, la asturiana asegura que su marido «estaba muy tranquilo, porque tiene una capacidad de concentración muy buena». Tal parece que los nervios los absorba su familia porque «él va con cero nervios».

Una de las claves por las que Craviotto ha cosechado tan buenos resultados pasa, según afirma la gijonesa, porque «tiene dominada la parte psicológica, porque cuando de verdad puedes ganar es con la cabeza».

Un mosquito en la habitación

Las aguas estancadas, como las del lago donde se desarrolla la competición, generaron en los últimos meses numerosos debates, opiniones e incertidumbre a causa del riesgo de contagio del virus zika por picadura de mosquito.

Algo que no ha impedido a Craviotto y a Toro concentrarse para sumar su medalla de oro, aunque, tal como explica Celia García, «un día me dijo que tenían un mosquito dentro de la habitación y que estaban un poco preocupados, pero en general les va bien, allí no le están dando tanta importancia a pesar del bombo que se le ha dado».

En la parroquia de Ruedes, a catorce kilómetros del centro de Gijón, el suegro de Saúl Craviotto, Javier García Torre, también siguió por televisión la victoria de su yerno. También hubo gritos, pero en esta ocasión, sin vecinos, en una casa de campo. «Lo vivimos con mucha emoción, aunque salieron mal en la final, remontaron, pero ya en los Juegos de Londres salió penúltimo y casi llega primero (logró la medalla de plata)», señala García Torre, quien confía en que el piragüista logre un buen resultado en K-1.

El teléfono del suegro tampoco dejó de sonar en todo el día -«lo tenemos a tope»- e incluso recibió llamadas de familiares residentes en Miami. «Están como locos, es un hito tener dos oros y una plata, hay pocos españoles con estos registros», resume García Torre. La familia de Craviotto le ha dado al palista el impulso necesario para conseguirlos.

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