Dani Navarro se anticipa a la gran montaña

El ciclista gijonés, ayer, como ganador de la etapa. /
El ciclista gijonés, ayer, como ganador de la etapa.

El gijonés, antiguo gregario de Contador, se libera en Cabárceno, donde el líder controla la Vuelta

J. GÓMEZ PEÑA CABÁRCENO.

Kilómetro 44. Un cartel señala hacia Poza de la Sal. De allí era un vecino que enseñó a Sofía Loren cómo llevar con soltura y aplomo un halcón en la mano durante el rodaje de 'El Cid'. Su nombre tenía una voz inconfundible: Félix Rodríguez de la Fuente. Si una etapa de la Vuelta pasa junto a Poza de la Sal y acaba en el Parque Natural de Cabárceno, hay que escribir sobre fauna.

Dani Navarro, por ejemplo, era antes un hervíboro. Un gamo que brincaba por las montañas asturianas, un miembro de la manada siempre a disposición del líder, de Heras, de Vinokouvov, de Contador... Hasta que un día notó que se le afilaban los dientes, que le salían garras. Mutación. Y cambió de maillot. Se hizo líder del Cofidis. Otra piel. Atigrada. Se puso a cazar. No era lo suyo y le cuesta.

En Aralar, el otro día, casi pilló una pieza, una etapa. Contador, rey de esta selva, no le dejó porque andaba a ver si le seccionaba la yugular a Froome, una pieza para colgar en el salón. Ayer, Navarro volvió a enseñar su generosa dentadura en el repecho que sube junto al recinto de los tigres del Parque de Cabárceno. Motivado por los felinos. Deformado por el esfuerzo. Esta vez, Contador le dejó hacer. Le convenía que alguien se comiera las bonificaciones que tanto atraen a sus rivales, 'Purito' y Valverde. En la meta que le vio al fin ganar, Navarro, gijonés, agarraba con fuerza el ramo de flores. Suyo. Su gran trofeo. «Para una vez que gano». Que caza.

«Lo merece», concedió el líder tranquilo, Contador. En voz alta felicitó a Navarro, amigo y antiguo dorsal a su servicio. En voz baja le dijo a uno de sus auxiliares: «Bien, bien, hoy no me han apretado». Se refería a Valverde, 'Purito', Urán, Froome y Samuel, los que le acechan aunque, de momento, con más miedo que decisión. Hoy, en las brutales rampas de La Camperona, comienzan tres días de caza mayor por los montes de León y Asturias. La ley de la selva: cazar o ser cazado. Ayer, ante los 15.000 espectadores de Cabárceno, sólo hubo tanteo. Un ensayo con balas de fogueo.

A sus niñeras, Félix Rodríguez de la Fuente les pedía que le contaran historias de lobos. Sólo así se dormía. Era un niño distinto. Su padre, notario, le educó por su cuenta, sin escuela, al aire libre. Crío silvestre. Estudió para médico y vivió para la fauna. En 1974, con esa voz grabada en la infancia de tantos espectadores, apareció en la televisión con 'El Hombre y la Tierra', al son de la sintonía de Antón García Abril, banda sonora de aquella década. Con él, los animales dejaron de ser alimañas. Enseñó a amar el picado de un halcón peregrino, la maña de un alimoche cascando un huevo, el jugueteo de la nutria y la caza solidaria de una manada de lobos. Su muerte, en accidente de aviación, heló a España en marzo de 1980. Dos años después nació Alberto Contador, que sabe de memoria los capítulos de la serie, que fue uno más de esos niños que, cada semana, acudía al quiosco para comprar una fascículo de la enciclopedia de Félix. Por él, el hoy líder quiso ser veterinario. Pero era demasiado bueno como ciclista.

La táctica de frenar

A Rodríguez de la Fuente le gustaba la cetrería, cazar con su halcón. Cuchillo volador. Para él, era un arte. Descubrir la pieza. Acecharla y ejecutarla sin que se dé cuenta de su propia muerte. Contador lleva días planeando sobre la Vuelta. Primero trató de despistar con su cojera, herencia de la caída del Tour. Pero nadie se fía de un depredador así. Nadie en el pelotón tiene tantas grandes vueltas. Ayer, su táctica fue frenar. Un pasó atrás. Le convenía que se hiciera una fuga, que los tripulantes de esa escapada barrieran las bonificaciones de los sprints intermedios antes de que Valverde o 'Purito', siempre husmeando esa pista, pudieran hincarles el diente. Luis León Sánchez, Cunego, Wyss, Lutsenko y Gaudin se encargaron de recoger esos segundos extra de premio. Y casi optaron a la pieza gorda, la etapa del arca de Noé que es Cabárceno, hogar de elefantes, jirafas, antílopes, tigres, rinocerontes, osos y lobos. No fue, en cambio, buen sitio para el león, Luis León Sánchez. El ciclista del Caja Rural repetía desde el inicio de la Vuelta en Jerez que la de ayer era su etapa: la bella jornada cántabra, la de Estacas de Trueba, el Caracol y la Braguía. Paraíso natural. Todos los colores. Cantabria, cierto, es infinita.

Inabarcable para León. Fue enjaulado por el ritmo del equipo Francaise des Jeux, que aceleró a un pelotón en el que ni 'Purito' ni Valverde pusieron a sus escuadras a tirar. Concedieron a Contador otro día de calma. Al parque de Cabárceno, antigua mina convertida en un resumen de la sabana africana, entró primero Dani Navarro.

«Tenía que sacar ventaja en el repecho de acceso y luego aguantar». Jerga de cazador, el idioma que aprende. Retráctil. Uñas al aire. Salto. Se comió a Brambilla y zigzagueó hacia la meta. Dientes fuera. Viene de muchas lesiones, de retirarse en el Tour entre vómitos el día de su 31 cumpleaños, de tanto tiempo al servicio de, por ejemplo, Contador. De chaval era el mejor. Como cadete ganó 17 carreras; sólo perdió tres. «De esas tres, dos se las dejé ganar a un compañero», cuenta. En Aralar no venció porque no se lo permitió Contador. En la selva no hay amigos. Ayer sí. A Contador le beneficiaba. Navarro, Dani Moreno y Kelderman se embolsaron las bonificaciones. Valverde, cuarto, no arañó nada. Perfecto para el líder.

Hoy, tras el tanteo de ayer, la Vuelta sale de cacería por San Glorio y La Camperona. «Si veo la oportunidad, claro que me la jugaré», avisa Contador. Creció viendo sin pestañear la serie 'El Hombre y la Tierra', con esa sintonía que a la luz del crepúsculo veía correr al lobo, el animal de los cuentos que acunaban a Félix Rodríguez de la Fuente.

 

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