El Sky apaga la primera etapa alpina

Los equipos Sky y Sunweb controlan, ayer, la subida del pelotón al Plateau des Glieres./  JEFF PACHOUD / AFP
Los equipos Sky y Sunweb controlan, ayer, la subida del pelotón al Plateau des Glieres. / JEFF PACHOUD / AFP

Alaphilippe, brillante, supera a Ion Izagirre en la primera jornada de montaña, maniatada por el equipo de Froome

J. GÓMEZ PEÑA ENVIADO ESPECIAL LE GRAND-BORNAND.

«Nada. Un arañazo». Mikel Landa enseña el hilo de sangre seca que brilla bajo la venda de su brazo derecho. Sobre el rodillo, descongestiona el músculo tras la primera etapa alpina, la que ha ganado, con su estilo de equilibrista y su talento, el francés Alaphilippe por delante de Ion Izagirre, demasiado calculador. La venda de Landa es de la caída el domingo entre los tramos de pavés. El arañazo es de esta etapa, de un enganchón en los kilómetros neutralizados. «El Sky, con su ritmo, nos ha quitado a todos las ganas de movernos», confiesa. «Hoy no era la etapa para que yo atacara. Necesitaba un par de días para recuperarme de las heridas del domingo», dice. Sonríe mientras le cuelgan de la nariz gotas de fatiga. El Tour le ha concedido esa tregua. «La próxima etapa es más propicia. Los tres del Movistar podemos hacer daño», avisa. Landa, aún herido, guarda en un bolsillo ese gen rebelde. Tiene un contrato firmado con la historia del Tour: buscará, con Valverde y Quintana, entrar en la leyenda. Para lograrlo tendrá que acabar con el imperio, con el Sky.

El conjunto británico le puso una tapa a la primera jornada alpina. Tiene tanto poder, tanto intimida, que Froome y su lugarteniente Thomas deciden el ritmo del Tour. Ni siquiera esta esquina de los Alpes donde los maquis plantaron las semillas de la resistencia frente a los nazis encendió a los rivales del Sky. Ahogados ante el ritmo de gregarios de la talla de Castroviejo, Kwiatkowski, Poels y Bernal. Superávit de talento. Entre todos le pusieron un candado a las subidas a La Romme y la Colombiere. El Sky se limitó a descartar a Urán y a candidatos menores como Mollema, Majka y Zakarin. El resto, incluidos Landa, Valverde y Quintana, ocupó su puesto a rueda del tanque inglés. Y eso que la etapa tenía perfume de pólvora.

Pero la sombra de los dos finales en alto que vienen, en La Rossiere y el Alpe d'Huez, apagó el inicio de la montaña. Enseguida se apresuró hacia la meta una fuga cargada de buenas piernas: Ion Izagirre, Calmejane, Taaramae, Gaudu, Alaphilippe... Y Van Avermaet, el líder del Tour, el campeón olímpico, el clasicómano belga que mejor honra el maillot amarillo. Sabe que, en realidad, no es suyo. Es un líder regente. Estaba predestinado a perderlo en el inicio de los Alpes. Pero, espíritu corsario, se resistió a ese destino. Por eso, como en 2016, Van Avermaet defendió su prenda al ataque. Los Alpes le calaron de sudor hasta los huesos y ni así se dobló. Con su peso no pudo seguir a Alaphilippe en la subida a La Romme, ni luego a Ion Izagirre en la Colombiere, pero alcanzó la meta con dos minutos de ventaja sobre el grupo de Froome, Dumoulin, Bardet, Nibali y el Movistar. Decían que era el día para su claudicación y lo acabó más líder.

También lo es Alaphilippe. Chico inquieto, heredero en los gestos de Voeckler, hábil, con pegada y ambicioso. «Ganar en el Tour es mi sueño», dijo. Se quedó con todos los escenarios de la etapa. Pasó primero por la carretera de tierra de Glieres, símbolo de la Resistencia. Pellizco emocional en Francia. Luego atacó en La Romme para atrapar a Taaramae en la subida y dejarle en el descenso. Y ya solo, en La Colombiere, retuvo los dos minutos de ventaja que le sacaba a su mejor perseguidor, Ion Izagirre. El vasco se contuvo en exceso. Cuando salió a por el funambulista galo ya era tarde. «Alaphilippe ha sido el más fuerte», resumió. Y el más atrevido. Le gusta el riesgo. No acepta las normas. Fue un niño hiperactivo y su padre lo sacó de la escuela para tenerlo bajo control. Ni así. Se escapaba. Libre. Como en esta primera etapa alpina. Disfrutó como un enano en el descenso hasta Le Grand-Bornand. Hablaba solo, gesticulaba. Ciclista feliz. Una bici y una montaña.

Con Van Avermaet y Alaphilippe se acabó la rebeldía en estos montes insumisos. Landa se lamía las heridas. Valverde, Quintana, Dumoulin, Nibali y Bardet se limitaron a ponerse a la sombra del Sky. Sólo Daniel Martin se soltó el nudo en el kilómetro final de La Colombiere. Su arrancada ni inmutó al imperio británico, que quiere manejar el Tour a su antojo.

 

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