Les Praeres se bautiza a lo grande

Un cicloturista avanza hacia la cima animado por los miles de aficionados que acudieron a presenciar el fin de          etapa. /  FOTOS DE JORGE PETEIRO
Un cicloturista avanza hacia la cima animado por los miles de aficionados que acudieron a presenciar el fin de etapa. / FOTOS DE JORGE PETEIRO

Miles de aficionados acudieron a Nava para disfrutar del histórico estreno de la cima asturiana como final de etapa de la Vuelta

VÍCTOR M. ROBLEDO NAVA.

A los puertos de leyenda se les reconoce por las pintadas de su asfalto, llenas de nombres que hicieron historia en sus rampas o que se ganaron el cariño del público simplemente por haberlo intentado. Ayer, Les Praeres anocheció repleta de mensajes sobre la carretera y la sensación generalizada entre corredores y aficionados de que la Vuelta a España había descubierto allí uno de esos colosos que algún día pueden decidir la carrera.

Desde primera hora de la mañana se notaba que Nava vivía una jornada muy especial. Las carreteras de acceso a la villa se congestionaron muy pronto con centenares de vehículos llegados no solo desde Asturias, sino también desde puntos como Cantabria, Galicia o Castilla y León. Especialmente numerosa resultó la presencia de aficionados llegados desde el País Vasco, que tiñeron de ikurriñas y camisetas de sus equipos de fútbol las cunetas.

La ascensión a la meta se convirtió en un infierno para algunos de los vehículos acreditados. La dureza de las rampas, la cantidad de aficionados que acudieron a la meta y la presencia de centenares de cicloturistas hicieron el que olor a embrague se instalara en las zonas más exigentes. La organización tuvo incluso que recurrir a remolques para rescatar a algunos coches que se habían quedado atrapados.

El ambiente en la meta era muy distinto. Por allí se dejaron ver excorredores como Pedro Delgado, Purito Rodríguez, Juan Antonio Flecha o Richard Virenque, que se encuentran siguiendo la Vuelta en calidad de comentaristas. A pocos metros de ellos, mucho antes de la llegada de los corredores, el británico Allan Collins se secaba el sudor tras culminar la ascensión a Les Praeres en bicicleta. «Es realmente dura. En mi país no hay puertos así», explicó Collins, de 47 años y que se encuentra siguiendo todas las etapas de la carrera.

En Les Praeres tampoco faltó el ya popular Fernando Fernández, que lleva desde 2011 acudiendo a todos los finales de etapa en Asturias con su monociclo. «Este año creo que a los Lagos de Covadonga, porque lo de hoy ha sido muy duro y uno ya tiene sus años», bromeaba Fernández, que no dejó de recibir el ánimo de los aficionados durante su particular reto. En la próxima edición promete dejarse ver de nuevo.

Para los vecinos de Nava, la llegada de la Vuelta a España se convirtió en el gran acontecimiento de los últimos años, con el permiso del Festival de la Sidra. Muchos de ellos coincidían al afirmar la importancia que tiene para el turismo de la localidad el descubrimiento de Les Praeres como templo ciclista. Hubo familias, como los Llamedo de Llamargón, que convirtieron la jornada en una gran romería. «Ojalá la Vuelta regrese muy pronto por aquí», apuntaron. No faltaron las empanadas, los bollos preñaos ni las botas de vino.

Deportivamente, los aficionados que acudieron ayer a Les Praeres disfrutaron de un gran espectáculo, con los grandes favoritos a la victoria final peleando por arañar algunos segundos hasta la última rampa. También disfrutaron a través de los teléfonos móviles del largo ataque del gijonés Iván García Cortina, el único asturiano en la presente edición de la Vuelta. Su escapada inicial centró las tertulias hasta que Simon Yates, Nairo Quintana, Valverde y compañía pedalearon sobre las primeras pintadas de un nuevo coloso.

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