Ruth Moll hace historia en el Kilimanjaro

Ruth Moll, con su bicicleta, junto a Ruth Gómez, con el Kilimanjaro al fondo. /  R. M.
Ruth Moll, con su bicicleta, junto a Ruth Gómez, con el Kilimanjaro al fondo. / R. M.

La menorquina, afincada en Nava, se convierte en la primera mujer europea que asciende a la emblemática cima en bicicleta de montaña

MARÍA SUÁREZ OVIEDO.

«La cima es muy bonita y las vistas espectaculares, pero lo más extraordinario es la humanidad de guías y porteadores», así resume la exciclista profesional Ruth Moll una dura ascensión al Kilimanjaro (Tanzania) que ha acabado por convertirla en la primera mujer europea en lograrlo en bicicleta de montaña. Esta menorquina afincada en Nava cambió a finales de junio su lugar favorito para entrenar, Les Praeres, por el frío y la altitud de la gran montaña africana: el Kilimanjaro.

Tras lograrlo una estadounidense y una pakistaní, ha sido esta española la siguiente en coronar en BTT el punto más alto de una montaña compuesta por tres cimas: Kibo, Mawenzi y Shira. Precisamente al Picu Uhuru, situado en el monte Kibo (5.895 metros), llegó la deportista el pasado 3 de julio junto con su compañera en esta aventura: la triatleta madrileña Ruth Gómez, quien ascendió al pico más alto del continente corriendo.

El riesgo del mal de altura

«Los guías y los porteadores nos dan mil vueltas personal y físicamente»

La expedición, que partió del clima tropical del Parque Nacional de Tanzania (1.900 metros) no resultó sencilla debido a las gélidas temperaturas y al mal de altura, principal temor de las españolas en la preparación del reto y cuyos síntomas notaron ya en Horombo. El desierto de Mawenzy (4.500 metros) y el refugio de Kibo (4.700 metros) dieron paso a un paisaje seco y volcánico, pero también agudizaron su mal de altura. «A partir de los 3.000 metros el dolor de cabeza y la revoltura son constantes, pero lo más duro en la cima fue el frío: el agua se congelaba y las infusiones de jengibre para entrar en calor se nos caían de los temblores», ilustra la deportista.

Gómez sufrió síntomas más graves del mal de altura, incluyendo vómitos, por lo que en la última parte de la ascensión tuvo que apoyarse en los porteadores. «Hicimos cima subiendo muy despacio, pero nunca pensamos en abandonar», explica la propia Moll, cuyos síntomas fueron menores que los de madrileña.

Pese a la espectacularidad de un trayecto en el que la menorquina tuvo que portar su bici al hombro en varios tramos, Moll tiene claro que se queda con la experiencia humana. «Los guías y porteadores nos dan mil vueltas personal y físicamente, son gente de pobreza, pero que es feliz. Nos hicieron sentir una piña, nos enseñaron mucho y nosotras, que hacemos el trayecto enormemente equipadas, les regalamos gran parte de nuestro material», concluyó la deportista, que se enamoró de Asturias mientras competía y la muestra ahora con las rutas en bicicleta de Track Astures.

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