Un sueño cumplido a golpe de pedaladas

El gijonés Adrián Marqués Bejarano es el primer asturiano en cruzar la meta de los denominados cinco monumentos del ciclismo, las clásicas por excelencia de este deporte

Momento en el que Adrián Marqués cruzó la meta de la Milán San Remo./ADRIÁN MARQUÉS
Momento en el que Adrián Marqués cruzó la meta de la Milán San Remo. / ADRIÁN MARQUÉS
MARÍA BÁSCONES

«Hay personas que nacen para ser deportistas y otras que luchan para serlo». Con esta máxima, el gijonés Adrián Marqués Bejarano se sube a la bicicleta. Defiende que él no fue bendecido con aptitudes innatas para el ciclismo, una disciplina «en la que tienes que llevar tu cuerpo al límite» y a la que viró por una influencia externa y tras una lesión en la pierna que ya no le permitía ser corredor de montaña, deporte en el que comenzó. Cuesta creer su afirmación cuando el pasado mes de junio, a sus 27 años, escribió el último capítulo de un «cuento» que comenzó en el año 2014: superar los cinco monumentos del ciclismo en cinco años consecutivos.

Son la París-Roubaix, el Tour de Flandes, la Liege-Bastoña-Liege, el Giro de Lombardía y la Milán-San Remo, clásicas cicloturistas con «cientos de años de historia», de más de 200 kilómetros, unas diez horas de duración, y en las que «profesionales como Tom Boonen, Eddy Merckx o Fabian Cancellara hicieron leyenda». Para Adrián, el primer asturiano en superarlas, son ciclistas que «tienen algo diferente, se lo juegan todo a una carta, un día, al igual que tú», en el que se puede sufrir cualquier suerte de contratiempo, tanto físico como mecánico. Asegura que en este tipo de pruebas «lo importante es llegar», los participantes no son profesionales, «aunque hay algunos que se lo toman como tal y no se disfruta igual».

Adrián Marqués durante su primera clásica, la París-Roubaix.
Adrián Marqués durante su primera clásica, la París-Roubaix.

El proceso previo, lleno de sacrificio y constancia, es esencial, y la ley del mínimo esfuerzo queda descartada. «Cuando llegas a la carrera, ya lo tienes todo hecho. Has sufrido los entrenamientos sacrificando la vida en pareja, con tus amigos... Hay que mentalizarse y, sobre todo, estar un poco loco». Así resume Adrián el trabajo necesario para enfrentarse a este tipo de pruebas épicas «a miles de kilómetros de casa».

Este largo camino ha tenido de todo, momentos vividos con compañeros de ruta «con los que compartes experiencias», como aquel alemán al lado del que recorrió «los últimos 20 kilómetros del Tour de Flandes» o aquel español al que «se le acabaron sus ilusiones en el klómetro 100 de la París-Roubaix» por una caída que le provocó una rotura de clavícula.

Dos momentos del trayecto de la Liege-Bastoña-Liege.
Dos momentos del trayecto de la Liege-Bastoña-Liege.

Choque de emociones

Adrián tiene «clarísimo» el momento más dulce de todos los que ha vivido en la consecución de su objetivo. Fue en la París-Roubaix, el primero de los monumentos cicloturistas conseguidos y «al que guarda un cariño especial». En esta prueba los tramos tienen asignadas estrellas según su dureza. «El bosque de Arenberg es el primer tramo de cinco estrellas, la máxima puntuación, tres kilómetros entre un bosque enorme, una línea recta de adoquines, que no son como los de Cimavilla, botando encima de la bici e intentando mantenerte en pie. Fue duro, pero me hacía tanta ilusión estar en ese momento, en ese sitio...».

Lo rememora con una pasión que contagia, al igual que lo hace al recordar el instante más duro, aunque esos fueron más. «Me quedaría con los primeros kilómetros de la Liege-Bastoña-Liege, con 1º C de temperatura y lloviendo durante seis horas. No sabía si iba a acabar, las condiciones climatológicas fueron horribles». Estuvo a punto de tirar la toalla, pero recordó «la ilusión por terminar». Su último monumento, la Milán-San Remo, comenzó también con algún traspiés. «Pensé que no terminaría poco antes de empezar. No llegaba en mi mejor momento, ya que arrastraba una anemia durante varios meses que aún no he conseguido recuperar». Aún así, continuó pedaleando contra los elementos . Reconoce que para seguir hacia adelante «la mente tiene que ir a la línea de meta o hacia atrás, a todo lo que has logrado, a la gente que está esperando que le digas que acabaste, a la llamada que harás al llegar para decir que por fin lo lograste».

Recorrido y meta del Tour de Flandes.
Recorrido y meta del Tour de Flandes.

Cruzar la línea de meta «es el momento del que siempre te acuerdas, es satisfacción pura y dura, una alegría que te llena entero». Según Adrián, es la última fase a la que se llega tras «una primera de nerviosismo, miedo, no sabes si va a ir bien, si el entrenamiento ha sido suficiente, hay factores que no puedes controlar». Una incertidumbre que da paso al momento de éxtasis «en el que sientes que lo estás logrando» y una tercera etapa en la que «las lagrimas saltan, es un cúmulo de sentimientos, echas de menos a la gente que te está animando, en el caso de mis padres, desde la propia carrera».

Giro de Lombardía.
Giro de Lombardía.

Nuevas metas

Adrián cursó estudios de Técnico de Animación de Actividades Físicas y Deportivas en el Cifp La Laboral y el ímpetu que le acompaña, también lo transmite. Imparte clases de spinning en Gijón, además de ejercer como entrenador personal, una dedicación que también le reporta una buena dosis de satisfacción. «Es gratificante ver crecer a tus alumnos y, como entrenador personal, los logros que ellos consiguen los sientes como propios, eres la mano que les ayuda a cruzar la línea meta. Se trata de una alegría compartida».

Adrián defiende que el ciclismo es un deporte que «se sigue más en el norte» de España, aunque «nada comparable al fútbol». Ensalza la cantera asturiana, con Iván García Cortina y Daniel Navarro como abanderados. Reconoce con prudencia las sombras que rodean al mundo del ciclismo, esas noticias que empañan «todo lo que tú defiendes». Se trata del 'doping', una práctica que parece cotidiana en esta disciplina a pesar de que «yo no he visto a nadie dopándose ni sé a ciencia cierta que alguien se dope. Es verdad que, incluso en las categorías inferiores en las que compite gente como yo y tratándose de personas que no se ganan la vida con ello, hay casos en los que llegan a retirarles la licencia por ese tema. Es triste, pero es verdad que a día de hoy está más controlado y espero que llegue a ser algo que forme parte del pasado».

A la izquierda, durante la Milán San Remo; a la derecha, las cinco medallas conseguidas.
A la izquierda, durante la Milán San Remo; a la derecha, las cinco medallas conseguidas.

¿Y ahora qué? Esa es la pregunta que este intrépido gijonés del barrio de La Calzada se hizo en el momento del punto final de la Milán-San Remo, aunque sólo se trata de un punto y aparte. Ahora se plantea «cambiar de palo», luchar por el siguiente objetivo que «llevo mucho tiempo planeando. Hacer un Ironman, en España o fuera, aún no lo tengo decidido». Esto ya será el año que viene, de momento sigue recomponiéndose de la consecución del primer sueño de, seguro se auguran, muchos por cumplir.

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