CICLISMO

Nairo despierta en el Tour de Thomas

Nairo despierta en el Tour de Thomas

El colombiano se desquita en la subida a Portet, donde ceden Froome y Landa, y el líder sale reforzado

J. GÓMEZ PEÑA COL DE PORTET.

La niebla del col de Portet colabora. Nairo Quintana aparece el primero, como clavado en el aire. Falta luz en la meta y encima el colombiano cierra los ojos. Entra a ciegas. Junta las manos en posición de rezo. Mira hacia dentro para disfrutar aún más su victoria. Cuando abre los ojos la etapa más breve, esperada y dura de esta edición ya es suya. Es un premio y, a la vez, un consuelo para él y su equipo, el Movistar, que vinieron a por más.

Cuando Quintana abre los ojos el Tour ya es de Geraint Thomas, el galés tranquilo al que llaman 'G', el chico de pelo alborotado que iba para jugador de rugby y que ha sido dos veces campeón olímpico en el velódromo. Thomas no es el relevo de Chris Froome, que no pudo seguirle, sino de Bradley Wiggins. Otra obra maestra del Sky, la factoría que encadena campeones, de Wiggins a Froome, a Thomas ahora y, pronto, a Egan Bernal, el recién llegado de 21 años al que ni la niebla del Portet pudo tapar.

En la etapa de los 65 kilómetros no hubo salida en estampida, pero si un final explosivo. Por una vez Quintana pareció dispuesto a todo. Sin mirar atrás se largó en la puerta de la última cuesta, el Portet. Atrapó a Kangert y a Majka, y no se dejó atrapar por Martin. Detrás silbaba el tren del Sky, que no peleaba por la etapa, sino por el Tour.

Mediado el puerto, la formación británica no sabía con quién: ¿Froome, ganador de cuatro ediciones, o Thomas, líder actual? Roglic, el cuarto de la general, salió a resolver esa incógnita. Le respondió Froome, que parecía con ganas de más. Y no. Fue la segunda arrancada de Roglic la que desnudó al africano. De repente, a Froome le pesó todo: el desgaste en el Giro, la fatiga después de tres triunfos seguidos en grandes vueltas, la presión por su proceso de dopaje, los silbidos del público... Perdió rueda, como Mikel Landa, que subía con ganas de atacar y sin piernas.

A Quintana ya no le cazaba Martin. Y a Thomas no le podían seguir ni Dumoulin ni Roglic. El líder apenas les sacó unos segundos, pero pesan como plomo en el ánimo. A Thomas le confirman que es su Tour. Y a los demás, también. Quintana defendió medio minuto sobre Martin y 47 segundos sobre Thomas. El líder galés alejó 5 segundos a Roglic y Dumoulin, 18 a Kruijswijk, 48 a Froome y Landa, y 1.48 a Bardet, que vio cómo sus opciones se esfumaban. Francia, más allá de la clase de Alaphilippe, sigue huérfana desde Hinault.

Este Tour se acerca a Thomas, un líder que ya tiene un libro autobiográfico. Así empieza: «Los ciclistas no llevan calzoncillos, al menos cuando van en bicicleta». Es un bromista que esta vez va en serio. En 2007, cuando debutó en el Tour, acabó penúltimo, a casi cuatro horas de Contador. Ahora viste como el madrileño, de amarillo, y le lleva dos minutos (1.59) al segundo, Dumoulin. Tras ellos circulan Froome (2.31), Roglic (2.47), Quintana (3.30), Kruijswijk (4.19) y Landa, séptimo a 4.34. Tras tantas etapas de casi nada, el día más corto sentenció la carrera.

Una salida sin consecuencias

Hasta el Portet, la Grande Boucle era un enigma. En las 16 etapas anteriores las diferencias entre los favoritos las habían marcado pinchazos y caídas. Parecía un Tour de tanteo. La decimoséptima jornada partía desde Bagneres de Luchon. Los corredores fueron distribuidos como en una parrilla de moto GP. Por puestos. Y, claro, como no van en moto, no pasó nada. Bernal, siempre Bernal, se colocó de inmediato al frente.

El Tour de todos los días. La innovadora idea de convetir el ciclismo en otra cosa resultó una ocurrencia. Salida nula. Los favoritos se miraron. Ninguno lanzó el reto. El desafío, la locura que esperaba el público, no llegó. El Sky inició su desfile habitual. Dejó hacer a un grupo de fugados: entre ellos iban Kangert, Omar Fraile, Herrada, el inquieto Alaphilippe y un dúo del Movistar, Valverde y Soler. El equipo español apuntaba más bajo: buscaba la etapa y la general por equipos. El Tour estaba perdido. Nada que hacer contra el Sky.

Con dos dorsales, Rowe y Castroviejo, el conjunto británico anestesió las subidas a Peyragudes y Val Louron. Como si todos los rivales hubieran depuesto las armas. A la etapa más esperada le quedaba el Portet, la desmesura. Una cuesta bruta, larga, descarnada. La verdad de la montaña. Con Valverde por delante, Landa y Quintana hablaron. Cumplió el colombiano. Esta vez sí había alguien al otro lado del desafío. Valverde, que le esperó y le remolcó hasta la asfixia, le encaminó hacia la victoria.

Un colombiano triunfaba y otro, Bernal, sostenía a Thomas y Froome. Hasta que Roglic, antiguo saltador de esquí, enfiló la rampa. Es valiente. El esloveno decidió por el Sky. Froome, a la par de Landa, reconoció que «no he podido seguir ese ritmo». Hoy, la etapa 18 vuelve al llano entre Trie-sur-Baise y Pau (171 kilómetros).

Más

 

Fotos

Vídeos