CICLISMO

Solo Landa impide que el Tour se eche a llorar

Solo Landa impide que el Tour se eche a llorar

Ataca al Sky en una etapa que comenzó con la policía gaseando a campesinos y acabó con otro triunfo de Alaphilippe

J. GÓMEZ PEÑA BAGNERES DE LUCHON.

Treinta kilómetros después de la salida desde Carcasona, el Tour se echó a llorar. Tres docenas de agricultores cortaron la carretera con el arma que tienen: balas de paja. «Para que sobreviva Ariege», clamaban. Su región. Por eso pararon la carrera, para que a través del Tour les escucharan. La policía abusó. Desenfundó sus lanzadores de gas pimienta. Eso disipó la protesta. Pero la nube tóxica alcanzó al pelotón. Picor de garganta. Ojos rojos. Escozor. Thomas, el líder, se frotaba la cara. Landa, lo mismo. Las imágenes de la actuación policial contra los agricultores recorrieron el mundo. «Hay que respetar a los ciclistas», replicó Christiam Prudhomme, patrón del Tour. «Dejemos la carretera libre. Bastantes riesgos corren los ciclistas ya».

A 65 kilómetros de la meta de Bagneres de Luchon, el Tour se puso a gritar. Era el descenso del col de Aspet. Un mal recuerdo sacudió la carrera. Allí se mató Fabio Casartelli en 1995. Queda aquí el eco eterno de ese grito. Esta vez era Gilbert el que venía en fuga. El riesgo implica eso. Perdió tracción en un giro a la izquierda y clavó la bicicleta en un murete. Voló. Desapareció.

A 45 kilómetros del final, en el col de Menté, el Tour se puso a esperar. En esas paredes permanece también el grito desesperado de Luis Ocaña en 1971, tirado en el barro y roto cuando era el líder y el único que se atrevía contra Eddy Merckx. Ciclistas como el conquense plantaron la semilla. Era de los que no pactaban con nadie. No le habría gustado este último paso del Tour por Menté. Mientras la fuga de Alaphilippe, Yates, los hermanos Izagirre, Soler, Amador, Mollema, Gesink y Latour avanzaba sin oposición hacia Bagneres, el pelotón se limitaba a seguir a Castroviejo, fiel a Thomas y Froome. Es como si el Sky, su poder, tuviera hipnotizados a los rivales. Los Pirineos estaban vestidos para las grandes ocasiones, llenos de público. Pero en Menté faltaron ciclistas como Ocaña.

Cuando la primera etapa pirenaica subía el último puerto, el Portillón, se puso a temblar. Los ciclistas regresaron al Tour. En la fuga, Yates le rompió le paso a todos los demás. La escapada quedó desguazada. Yates coronó y se tiró cuesta abajo. Alaphilippe, que está a la altura de su maillot de la montaña, cruzó la cima a 18 segundos. Es puro nervio. Gesticula como Voeckler y como él iba a vencer en Bagneres. Pero no como creía. A Yates le patinó la rueda delantera. Temblaba el Tour. Alaphilippe le rebasó. Le sacó de escena. El francés, más muecas, entró feliz en la meta de Bagneres. Su segundo triunfo. El Tour se puso a aplaudir. A 15 segundos apareció Gorka Izagirre, segundo, como su hermano Ion en dos etapas anteriores.

Diez minutos más atrás el Tour se puso alerta. Landa lo despertó en el último kilómetro de la subida al Portillón. En los planes del Movistar no figuraba una arrancada así. Poco a poco se construye el retrato de un gran escalador. Tras un primer zarpazo de Fuglsang, fue Landa el que activó la etapa. Froome salió a por él. Dumoulin y Thomas les siguieron. Y con ellos, Bardet y Roglic. Estaban todos, salvo Quintana, que cedía unos metros.

A 10 kilómetros del final, el Tour impuso la calma. Landa se giró. Vio que faltaba Quintana. Se apartó. El equipo de Thomas y Froome retomó el mando. Kwiatokwski levantó la mano. Todos los aspirantes al podio llegaron de la mano a Bagneres, un lugar cargado de memoria y rodeado de montañas que hablan la lengua de Bahamontes, de Gaul, de Fuente... Y de Ocaña, que, arruinado y enfermo, se mató en 1994, cuando Landa tenía cinco años y ni pensaba en correr.

Hoy se disputa la etapa 17 etapa entre Bagneres y Saint-Lary-Soulan (Col de Portet), de 65 kilómetros.

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