Viviani completa su colección

Elia Viviani, del Deceuninck Quick Step, gana la cuarta etapa. /  EFE
Elia Viviani, del Deceuninck Quick Step, gana la cuarta etapa. / EFE

Tras sus victorias en el Giro y la Vuelta, el italiano gana al sprint la cuarta etapa del Tour, previa al inicio de la media montaña

J. GÓMEZ PEÑANANCY.

Para apenas 150 metros los velocistas necesitan fuerza, pólvora en las piernas, colocación e instinto, además de disponer de un buen lanzador. Y valor, claro. Es una profesión de locos. Entre ellos, hay unos pocos que añaden a ese abanico de cualidades la invisibilidad. Óscar Freire, por ejemplo, sabía convertirse en una sombra silenciosa. La cámara sólo le detectaba bajo la pancarta. Felino. Pedales retráctiles. Un salto y pieza a la boca. Así le quitó una Milán-San Remo a Zabel cuando el alemán levantaba los brazos. Le rebasó una sombra cántabra.

Elia Viviani también sabe correr sin que se le vea. Tiene alrededor al equipo Deceuninck, una máquina de triturar, pero él se despreocupa. No suele matarse a codazos por la posición. Espera al final. Silba y acuden Morkov y Richeze. Le hacen hueco y a 150 metros del final aparece él, como en la recta de Nancy, para agarrar al esprint la cuarta etapa de este Tour. Ya tenía victorias en el Giro (5) y la Vuelta (3). Ya tiene la colección en las grandes rondas. El Deceuninck lo pasa bien en la carrera gala con Viviani y con el líder, Alaphippe. Falta que Mas se destape en la montaña para redondear el festival del conjunto belga.

«Ha sido un día cómodo», resumió Valverde. Así es la comodidad del Tour: calor y 213 kilómetros más o menos llanos. Su compañero Imanol Erviti, en cambio, sintió algún escalofrío durante la entrada en descenso a Nancy. «Estas etapas, utilizando una expresión de fútbol, son para salir a por el empate», dijo el navarro. Sus líderes, los del Movistar, Landa y Quintana, no tuvieron ningún percance. Y ya viene la media montaña. Alivio.

Será por la edad, por ser debutante, pero Enric Mas, compañero de Alaphilippe, lo vio todo de otra manera. «Ha sido un día muy nervioso. Íbamos bajando hacia Nancy a 80 por hora y nadie frenaba. Bueno, el Tour es así». Lo está conociendo. En esta carrera hay que estar preparado para lo peor.

Nancy, ciudad bien vestida, se entra cuesta abajo. Cualquier error habría provocado una explosión. Iba a ser une sprint sin obstáculos. Fuerza y puntería. Asomaban la narices de todos. Alaphilippe, de amarillo, abrió la puerta del kilómetro final. Tomaron posiciones Kristoff, Ewan, Sagan, Groenewegen... Todos a la vista. Y por la izquierda, invisible hasta que encendió la luz en esos 150 últimos metros, surgió Viviani. «Tenía esa espina clavada», afirmó.