CICLISMO

Viviani no es el mejor, pero sí el que más gana

J. GÓMEZ PEÑA ALHAURÍN DE LA TORRE.

La tercera etapa de la Vuelta hizo memoria, se acordó de algunos ausentes. Como Pantani. Elia Viviani, el ganador en el sprint de Alhaurín de la Torre, es ciclista por 'El Pirata'. Hace veinte años, Viviani era un niño y le vio ganar lo que nadie ha podido luego: el Giro y el Tour en la misma temporada. El velocista italiano no podía ser Pantani; nació demasiado corpulento. Se ajustó a su arquitectura física y se hizo campeón olímpico en el velódromo de los Juegos de Río de Janeiro 2016. En el pasado Giro ganó cuatro etapas, y en Alhaurín se llevó su primera victoria en la Vuelta, por delante de Nizzolo, Sagan y Bouhani, a los que aplastó.

Ni la brisa consolaba, aunque hacía volar los cromos del mercado de fichajes. El colombiano Sosa se va al Trek, el gijonés Dani Navarro al Katusha... El Astana confirmaba la contratación de los hermanos Izagirre. Ion, el pequeño, es ahora el líder del Bahrain. Nibali, que ya no cuenta tras replegarse en el Caminito del Rey, le ha designado como su relevo. «Es una responsabilidad y una motivación», le agradece el guipuzcoano, que ya sudaba sin dar aún una pedalada. La Vuelta es sudor 24 horas al día. A gotear. Salida. A correr.

Campos intermitentes de olivos, pinos, pinsapos. Pueblos blancos. La Serranía de Ronda es un bien a proteger. Luis Ángel Maté, que nació en la orilla de Marbella, nunca le ha dado la espalda a su montaña. Por segundo día se fugó con su coto privado, con dos compañeros del día anterior, Héctor Sáez (Eukadi-Murias) y Rolland, y con tres viajeros nuevos, Simón, Peters y Molina.

Temor al calor de hoy

A cielo abierto, a todo sol, la fuga subió a Ronda. Otra perla engarzada en la montaña. Sorprende encontrarla ahí, tranquilamente colgada al borde del abismo. El poeta Rilke tuvo que llegar a este lugar perdido para encontrarse a sí mismo. La escapada de Maté no encontró la meta. Las etapas destinadas al sprint son escasas. El pelotón no se podía permitir desperdiciar ni la primera. Mantuvo a tiro a los escapados, sin gastarse en exceso porque la jornada que viene, la que terminará en la cuesta de Alfaguara, da miedo. No por las rampas, que no son para tanto, pero sí por el calor.

Para llegar al sprint había que sortear otra sierra, la de Mijas. Y el Barranco Blanco de Coín, tan verde. Aunque a medida que se acercaba la carrera, el cielo se fue nublando. El Quick Step, la escuadra de Viviani, se había exprimido para imponer el sprint. Demasiadas cuestas. Se quedó sin lanzadores. «Todos me daban como favorito y, por eso, nadie nos ha echado una mano», protestaba Viviani.

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