«Es muy duro ser portero porque cuando fallas es el error que más se ve»

«Es muy duro ser portero porque cuando fallas es el error que más se ve»

Elena S. Herrero
ELENA S. HERRERO

«Estar en la portería es cosa de valientes». Quien lo dice con total conocimiento de causa es María Rodríguez Naves -Maru- (Oviedo, 1987), entrenadora de porteras y ex jugadora del Real Oviedo Femenino. La ovetense, que estuvo bajo los palos 19 años, no ha querido dejar su pasión de lado y por ello desde hace dos años se dedica a formar a las futuras promesas del fútbol femenino asturiano. Algo que considera como una oportunidad tanto para ella como para las guardametas, pues en sus inicios como futbolista apenas existían ni los medios y ni la gente capacitada para ofrecer esa formación. «Evolucionar y avanzar va a ser algo positivo siempre».

– ¿Cómo fue su inicio en el mundo del fútbol?

– Se puede decir que nací con un balón. Me inicié con 8 años en el colegio, luego con doce años ya fui al Real Oviedo donde he permanecido hasta ahora.

– Hace dos años decidió dejar de ser jugadora ¿por qué?

– Llega un momento en el que te tienes que plantear muchas cosas. Por desgracia, hoy en día no podemos vivir de esto. Tenía que compaginar mi trabajo, mi vida, mis estudios y mi pasión y me resultaba imposible. Al finalizar la temporada de 2015 colgué las botas. Lo dejé totalmente convencida, no dudé ni un segundo, notaba que era el momento de hacerlo.

– Pero no quiso dejarlo del todo… Ahora es entrenadora

-(Risas) No, no podía dejarlo del todo. Desde pequeña siempre jugué en la posición de guardameta y me encantaba. Ahora entreno a las porteras del Real Oviedo y además ayudo en los entrenamientos de las selecciones asturianas. Para mí ser entrenadora es una forma de enseñar a las crías todo cuanto sé y transmitirles mi experiencia.

– ¿Qué se necesita para poder enseñar a las porteras?

– Además de ganas y experiencia, hace falta un título. Ahora mismo estoy sacando el nivel 1 de entrenador de fútbol, pues es imprescindible para poder acceder al de porteros. Lo empezaré en marzo en Madrid.

– En el Comité Asturiano de Entrenadores no consta ninguna otra entrenadora de porteras que esté colegiada. Sería entonces la primera.

– (Risas) Sí, eso parece.

– ¿Prefiere ser jugadora o entrenadora?

– Son dos cosas muy diferentes y creo que para todo hay etapas. De jugadora, aproveché al máximo y lo viví al cien por cien hasta que me entraron dudas. Cuando eso pasa, creo que es el momento de dejarlo. Así que ahora disfruto de mi etapa como entrenadora tanto como cuando era jugadora. Cuando te gusta algo es muy fácil adaptarse.

– ¿Es la única que entrena al Real Oviedo Femenino?

– No, tengo otro compañero, Adrián. Él se encarga de la cantera. Su trabajo consiste en que las niñas salgan formadas con una base. Y lo está haciendo muy bien.

– ¿Cuáles son los principios de esa base?

– Las porteras, al igual que el resto de jugadores, deben dominar como mínimo un control, un pase… Deben tener unos principios básicos de portería, pero sobretodo tienen que tener grabado a fuego la manera de trabajar, la filosofía y la educación deportiva del club. Eso es lo que más se enseña a las niñas.

– ¿Cómo es una semana de entrenamiento para las porteras?

– Mi trabajo se lleva a cabo los martes y los jueves. El martes es el día del entrenamiento específico para las porteras tanto del filial (B) como del C. Entreno con ellas aproximadamente una hora y media, el mismo tiempo que dedico a las del primer equipo. Y los jueves, también con el primer equipo hasta lo que me diga el técnico. En estos entrenamientos tocamos todo, no sólo lo físico, sino que nos centramos mucho en la técnica y en la táctica. Entrenamos para controlarlo todo. El portero debe ser un jugador más, y debe manejarse muy bien también con los pies.

– ¿Cómo influye en el equipo la preparación del portero en el juego con los pies y el balón?

– La figura del portero ha evolucionado muchísimo, y en parte es gracias al entrenamiento específico. Cada vez hay mejores porteros y porteras en España porque es algo que se está trabajando desde pequeños. El juego con el pie es una faceta muy importante, porque al final tener esa habilidad le da tranquilidad a todo el equipo. Y es que pueden contar con un jugador más. Personalmente creo que es algo indispensable.

– Y a usted, ¿se le daba bien?

– Sí, para mi época no era de las que peor se manejaba con el pie. Como he dicho, dominar esto sirve de gran ayuda al equipo y ellos lo agradecen.

– ¿Se nace siendo portero o se hace?

-Creo que tienes que nacer con algo. Es cierto, que muchas niñas que empiezan como jugadoras, luego se hacen porteras y se les da fenomenal. Pero yo creo que hay que nacer con algo… tanto para el puesto de portero, como de jugador. Cualquier persona que quiera hacer un deporte a un nivel muy alto, tiene que nacer para ello. Luego ya está el trabajo.

– ¿Ha cambiado mucho la preparación de un portero desde su época de jugadora?

– Sí. Cuando empecé a jugar no había entrenadores de porteros. Había alguno en la base, pero no me llegó a tocar. Yo empecé a jugar en el cole con ocho años y si paraba goles era porque yo sabía y me gustaba, no porque alguien me enseñara. Yo creo que con el tiempo ese puesto de entrenador de porteros ha evolucionado un montón y gracias a ese trabajo cada vez salen porteros mejores y está a la vista.

– ¿Considera importante la altura en este puesto?

– Para mi sí. En el fútbol de campo me parece que sí, porque al final el balón no es como en el fútbol sala que va mucho más por el suelo. Es muy importante que un portero maneje el juego aéreo. Cuanto más altura tengas mejor, pero no quiere decir que el que sea más alto vaya a ser mejor, hay gente que la altura no le acompaña y son impresionantes porteros. ¿Pero que ayuda? Por supuesto.

– Y a usted, ¿le ayudó?

– Yo mido 1,72, y sí, me ayudó. Hoy en día las niñas son muy altas. Tengo una portera que tiene 16 años y ya es de mi tamaño o más.

– ¿Qué cualidades no le pueden faltar a un portero?

– Cada portero es un mundo. En mi opinión, lo más importante es que seas psicológicamente muy fuerte. El portero debe ser uno de los más fuertes dentro del equipo. En el terreno, es el último jugador, y la última opción de parar el gol, y es muy duro porque cuando tienes un fallo es el que más se ve, por desgracia. Pero es algo con lo que tenemos que vivir.

– ¿Le llegó a afectar en algún momento el fallar?

– Sí. Cuando era una adolescente me afectaban mucho los goles, los fallos… Pero es algo normal porque estás creciendo, madurando y aprendiendo. Como siempre digo, 'hay que fallar 40 veces para aprender 41'. Personalmente, los errores me ayudaron a crecer y antes de retirarme ya manejaba muy bien ese tema. Cuando fallaba, era la primera en apoyar al equipo y no me venía abajo. Eso es muy importante en un portero.

– ¿El resto de jugadoras están preparadas para no atacar a la portera cuando le encajan un gol?

– Sí. Todas las jugadoras son conscientes de que es un puesto muy difícil y que no todo el mundo vale para estar en la portería. El guardameta debe ser alguien muy valiente. Hay que tener en cuenta que nadie falla a propósito, sino por error, por lo tanto no hay nada que reprochar. Todo lo contrario. Todas animan al portero y siguen confiando en él.

– ¿Tiene algún referente?

– Por trayectoria, Buffon, el portero de Italia. Sin duda, es un referente en todo, no solo por su labor como portero, que es buenísimo, sino porque maneja todo. Es capitán, da una buena imagen, es un ejemplo para sus compañeros y todo el mundo lo quiere. ¿Por qué? La razón es simple: se ganó a todo el campo. Puede fallar y tiene a todo el mundo a su lado.

– ¿Recuerda el gol más tonto que le hayan metido?

– (Risas) Sí, recuerdo uno en el que una compañera de equipo me lanzó un pase hacia atrás porque le presionaba una delantera. En ese momento quise despejar y la jugadora vino a presionarme, el balón le dio en la cara y de rebote entró en la portería. Me quedé en shock porque no me lo esperaba, pero lo segundo que hice fue atender a la jugadora del equipo contrario porque del golpe empezó a sangrar.

– ¿Y su mejor parada?

– (Risas) Tuve algunas. Pero me quedo con la que hice en el último partido que jugué. Fue contra el Valencia, jugábamos en casa y ese mismo día me retiraba. Dos jugadoras atacaban la portería, era una parada muy difícil, la gente empezó a cantar el gol, hice mi mejor esfuerzo y pensé para mí 'que sea lo que Dios quiera'. No sé cómo, me tiré a taparlo con todo el cuerpo y lo paré casi en la línea de gol. Además, no sólo lo paré, sino que se lo paré a la gallega María Paz Vilas, una de las máximas goleadoras de Primera División. Me hizo muchísima ilusión por eso y porque era mi último partido.

– ¿Cuál es su sueño futbolístico?

– Sé que no voy a vivir de ser entrenadora, pero me gustaría tener la experiencia de poder vivir de este trabajo aunque fuera un mes. Tener un buen contrato, usar unas buenas instalaciones, tener espacio. Vamos, como las profesionales. Eso es lo que pido, vivir una experiencia, aunque soy consciente, insisto, de que de esto no voy a vivir.