Sporting

Isa Álvarez: «Dentro de los clubes aún perviven esos matices patriarcales que ensucian el deporte»

Candy e Isa, en Mareo./S. G.
Candy e Isa, en Mareo. / S. G.

La jugadora asturiana se despidió del Sporting con un alegato en favor de una igualdad «real» en el fútbol porque «aún hoy en día la diferencia es abismal»

MARÍA SUÁREZGijón

La hasta ahora centrocampista del Sporting de Gijón, Isa Álvarez (1995), anunció el fin de su etapa como rojiblanca mandando un mensaje duro pero fidedigno a la sociedad y al mundo del fútbol sobre la realidad del fútbol femenino. En la carta la jugadora se remonta a sus inicios hace más de trece años para repasar la evolución de una disciplina que ha crecido de manera exponencial en los últimos tiempos pero que sigue teniendo una realidad que, advierte, «no puede ser enmascarada».

«Sobre el papel todo lo logrado es muy bonito, pero, aún hoy, la diferencia es abismal. En los clubes aún perviven esos matices patriarcales que ensucian el deporte. Las chicas tenemos una alta exigencia en cuanto a número y horas de entrenamiento, y tenemos que pelear con peores horarios, desplazamientos, lavadoras que poner y la exigencia de compaginar todo con trabajo o estudios. Muchas compañeras tienen pérdidas económicas al tener que afrontar el gasto de la gasolina para venir a entrenar», ilustra la jugadora.

Para la centrocampista no valen las excusas y resulta prioritario que esta realidad no sea «enmascarada». El último y más cercano de los ejemplos es el adiós de la capitana sportinguista Candy, que no puede seguir compaginando la exigencia de la categoría con el trabajo. La propia Isa avanza en su relato, publicado en una de sus redes sociales, esperando que la evolución del fútbol femenino no cese con lo conseguido hasta ahora.

«Esa realidad no puede ni debe ser enmascarada y todos y todas debemos luchar por una igualdad que sea real. El 'vosotras no generáis' debería cambiarse por un '¿qué podemos cambiar nosotros para que generéis?'. Espero que dentro de diez años mis líneas cambien, y pueda presumir orgullosa de que mis compañeras disfrutan de la vida de futbolista. Hasta entonces seguiré peleando por todas nosotras, como hace diez años pelearon nuestras compañeras», concluye Isa en su despedida.

Carta íntegra

«Aún recuerdo cuando hace más de trece años le pregunté a mi padre si podía apuntarme a un equipo de fútbol. En mi entorno no conocía a ninguna chica que jugase. Además, daba por hecho que ese deporte era de chicos y que mis padres no me dejarían. La sorpresa fue mayúscula cuando la respuesta fue un sí.

Desde entonces hasta hoy se puede ver un cambio social importante en cuanto a la promoción del fútbol femenino: en los medios de comunicación, con la creación de nuevos equipos cada año... Además, cada vez podemos ver más árbitras y somos más las que nos animamos a sacar los títulos de entrenadoras. Por su parte, los clubes comienzan a apoyar el fútbol femenino con la creación de equipos mixtos o con propuestas de formar sección femenina. Todo ello se ve reflejado en la apertura de grandes estadios, el aumento del número de seguidores y seguidoras o en el aumento de Ligas y de su calidad.

Desde dentro del Sporting viví cómo hace diez años ni siquiera nuestro nombre era el de 'Sporting' sino que nos llamábamos 'Escuela de Mareo'. Solamente el cambio de nombre ya muestra un avance más demandado por la sociedad actual y encaminado a la igualdad de hombres y mujeres.

No obstante me gustaría señalar que aunque sobre el papel todo es muy bonito, aún hoy en día la diferencia es abismal. Dentro de los clubes aún perviven esos matices patriarcales que ensucian el deporte. Las chicas tenemos una alta exigencia en cuanto a número y horas de entrenamiento, y tenemos que pelear con peores horarios, desplazamientos, lavadoras que poner y un largo etcétera. Además, debemos compaginar esa exigencia con trabajo o estudios ya que nuestros clubes no contribuyen con un salario que nos permita centrarnos de manera exclusiva en el deporte. Tanto es así que incluso muchas compañeras tienen pérdidas económicas debido a la gasolina para desplazarse a los entrenamientos.

Esa realidad no puede ni debe ser enmascarada y todos y todas debemos luchar por una igualdad que sea real. El 'vosotras no generáis' debería cambiarse por un '¿qué podemos cambiar nosotros para que generéis?'. Espero que dentro de diez años mis líneas cambien, y pueda presumir orgullosa de que mis compañeras disfrutan de la vida de futbolista. Hasta entonces seguiré peleando por todas nosotras, como hace diez años pelearon nuestras compañeras.«