Fútbol Femenino

Del Mundial de sambo a futbolista en Avilés

Miragaya posa con el judogi internacional a la derecha y su nueva camiseta a la izquierda. / MARIETA
Miragaya posa con el judogi internacional a la derecha y su nueva camiseta a la izquierda. / MARIETA

Cristina Miragaya ha fichado por el Femiastur tras dejar la élite del tatami por falta de tiempo para entrenar

SANTY MENOR

Muchos de los que hoy la ven corriendo por la banda de los campos de La Toba con la camiseta del Femiastur no saben que Cristina Miragaya fue subcampeona de Europa y novena del mundo en 2016 en la modalidad de sambo, arte marcial de la familia del judo que cada vez va haciéndose un hueco mayor en España. Canterana del Judo Sanfer, fue campeona de Asturias en todas las categorías desde alevín a junior, así como subcampeona senior en -48 kilos.

Su mayor logro en un Campeonato de España fue colgarse el bronce en 2014 cuando era cadete, conociendo posteriormente el sambo de la mano de su entonces entrenador, Hugo Burgos. Como samboca, se ganó su puesto en el Europeo primero y en el Mundial después tras conseguir el campeonato de España de la categoría esperanza, la siguiente a cadete. Regresando al judo, Miragaya también supo lo que era morder un metal en el prestigioso Internacional Villa de Avilés.

Como suele ocurrir en este tipo de deportes, el necesario tiempo para el estudio fue reduciendo peligrosamente el destinado a los entrenamientos, por lo que Miragaya se vio obligada a tomar una difícil decisión. «El año pasado empecé Medicina y me era imposible entrenar al ritmo de antes. A mí me gustaba competir en judo y en sambo al mayor nivel posible y si quería ir año a año con la carrera era imposible, así que me lo empecé a tomar con más tranquilidad», explica.

De entrenar cuatro días a la semana dos horas y competir fuera de Asturias prácticamente todos los fines de semana, Cristina Miragaya pasó a ir al gimnasio del colegio cuando sus horarios de clase y prácticas se lo permitían, dejando la competición en un segundo plano. Su amor por el deporte y la necesidad de practicarlo le ponían en un brete, pero fue entonces cuando emergieron en su mente recuerdos del pasado.

«Desde siempre me gustó el fútbol y había jugado una temporada con el Femiastur, la 2011-2012. Entonces lo compaginaba con el judo y, pese a ser alevín, jugaba con el segundo equipo regional», rememora. La avilesina vio en el fútbol la oportunidad perfecta para entrenar tres días a la semana a menor exigencia, jugar en Asturias los fines de semana y disfrutar de un deporte que siempre le había llamado la atención. «Con el fútbol tengo tiempo para llevar la carrera al día y además me lo paso muy bien entrenando y compitiendo. Soy de las mayores del equipo, pero hay un grupo muy bueno y me han acogido de la mejor manera», asegura.

Un nuevo reto

Después de seis años prácticamente sin tocar un balón, Cristina Miragaya ha empezado de cero en el mundo del fútbol. «Físicamente estoy bien y el entrenador me pone de extremo para aprovechar mi velocidad, pero con el balón noto que todavía me falta mucho. Aprendo a diario y poco a poco voy cogiendo el toque», reconoce. Por el momento, se ha ganado un puesto como titular, pero «porque hemos tenido bastantes bajas y además casi siempre me cambian en la segunda parte», sonríe.

Aun así, la avilesina está encantada con su rol, pues «no me esperaba jugar tanto desde el inicio. Llevo poco tiempo en el equipo y espero ir a más y poder ayudar a mis compañeras para acabar la Liga lo más rápido posible». En casa todavía no se han animado a ir a verla a La Toba porque no les gusta el fútbol, «pero entienden y respetan mi decisión. Estudiar Medicina y competir en judo o sambo a alto nivel no es compatible para mí en estos momentos y el fútbol es la mejor solución. Estoy disfrutando, me ayuda a desconectar y eso es lo más importante», resume toda una mundialista.