El pecado de juventud de Darío Scotto

Once del Sporting que se enfrentó, el 6 de septiembre de 1992, a Osasuna, en El Molinón. Arriba, de izquierda a derecha, Pablo, Abelardo, Óscar, Muñiz, Ablanedo y Emilio Gutiérrez. Abajo, Arturo, Cela,Juanele, Iván Iglesias y Scotto./
Once del Sporting que se enfrentó, el 6 de septiembre de 1992, a Osasuna, en El Molinón. Arriba, de izquierda a derecha, Pablo, Abelardo, Óscar, Muñiz, Ablanedo y Emilio Gutiérrez. Abajo, Arturo, Cela,Juanele, Iván Iglesias y Scotto.

«Lo único que lamento de mi carrera es haberme ido del Sporting», señala el delantero argentino

VÍCTOR M. ROBLEDO

Darío Scotto siempre se ha arrepentido de una de las decisiones que ha tomado en su vida. Hace más de dos décadas, en la recta final de la temporada 1992-1993, Scotto recibió en el hospital la visita de Carlos García Cuervo, recién llegado al banquillo del Sporting en sustitución del holandés Bert Jacobs. «Yo me había operado de pubalgia y vino a verme. Me dijo que iba a ser una de las bases del equipo del año siguiente, junto con otros cuatro o cinco jugadores, pero por un pecado de juventud no quise quedarme en Gijón. Aún hoy lo lamento», reconoce en conversación telefónica con EL COMERCIO desde Buenos Aires, donde en la actualidad dirige una fábrica de pinturas ecológicas.

El delantero argentino tenía entonces 22 años y vivía su primera experiencia fuera de su país. La suya fue una apuesta personal de Enzo Ferrero, quien en aquella época ocupaba el cargo de secretario técnico. «Yo me iba a un equipo italiano y él, al enterarse, hizo todo lo posible por que fichara por el Sporting», recuerda el exfutbolista rojiblanco. Llegado como delantero desde Platense, donde había jugado las cinco temporadas anteriores, Scotto no brilló excesivamente en Gijón. En Liga disputó 19 partidos solo 9 como titular, en los que anotó tres goles. En Copa del Rey tuvo un par de actuaciones buenas, como en una eliminatoria ante el Rayo Vallecano el día de Reyes de 1993 resuelta en la prórroga con dos tantos suyos.

La falta de adaptación fue el mayor hándicap del argentino y no por falta de complicidad con sus compañeros: «Me llevaba muy bien con Arturo, con Manjarín En realidad, con todos. El problema era la lluvia. De once meses que estuve en Asturias, llovió en nueve. Esa fue una de las razones por las que me quise ir».

Por lo demás, tanto Gijón como el Sporting han dejado una importante huella en Darío Scotto: «Es una etapa que tengo en mi corazón. Para mí fue un año muy bueno. El Sporting me abrió las puertas de Europa y Gijón me pareció una ciudad preciosa. Nunca he vuelto, pero tengo ganas de hacerlo porque he dejado a muchos amigos allí».

Lejos del Sporting, la carrera de Scotto continuó principalmente en Argentina. Entre 1995 y 1996 jugó en Boca Juniors, donde compartió vestuario con Diego Armando Maradona y Claudio Caniggia. También pasó por clubes como Rosario Central y Argentinos Juniors. E incluso probó en las ligas paraguaya, chilena y boliviana. En 2003, con 34 años, decidió retirarse y volver a vivir en su país. «Fueron 17 años de una carrera muy linda. Estuve en el mejor Boca de la historia, fui el goleador de ese equipo, gané la liga en Chile con el Santiago Wanderers La verdad que lo único que lamento es haberme ido del Sporting».

Un sportinguista más

Desde Buenos Aires, Scotto sigue de cerca la actualidad del Sporting: «A veces ponen los partidos en un canal de acá. Espero que nos salvemos este año. No será fácil». La salida de Abelardo, excompañero suyo en su etapa en Mareo, le causó cierta tristeza. Su vida, de momento, gira en torno a la fábrica de pinturas prácticamente las veinticuatro horas del día. «Paso mucho tiempo en la oficina o en la calle vendiendo el producto», reconoce.

El exjugador rojiblanco tiene los títulos de entrenador, pero nunca ha podido ejercer por falta de tiempo. «La fábrica me tiene atado para dirigir a algún equipo. Eso me impide estar más vinculado al fútbol. Por lo demás tengo una familia muy bien constituida, con una hija y un hijo que milita en las categorías inferiores de Banfield. Él también juega de 9, aunque espero que sea más completo de lo que era yo», apunta entre risas.

Más de dos décadas después de irse del Sporting, Scotto tiene recuerdos nítidos de aquel joven equipo que lo recibió la primera vez que salió de Argentina. También está convencido de que en la plantilla había una base para crecer como club: «Ablanedo era un porterazo. Luego estaban jugadores internacionales como Abelardo, Manjarín y Juanele, u otros como Óscar e Iván Iglesias, que eran también buenísimos. Mezclados con futbolistas más veteranos estoy seguro de que habrían llegado éxitos en los años posteriores».

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