Adiós al maestro de los banquillos asturianos

Adolfo Pulgar, durante su última etapa como entrenador en el Lugones. / ARNALDO GARCÍA
Adolfo Pulgar, durante su última etapa como entrenador en el Lugones. / ARNALDO GARCÍA

La muerte de Adolfo Pulgar, que lideró durante 16 años al Universidad, tiñe de luto el fútbol del Principado | Profesor de táctica en la Escuela de la Federación Asturiana, durante su etapa como lateral alcanzó el primer equipo del Oviedo y del Sporting

IVÁN ÁLVAREZGIJÓN.

Del carril izquierdo de la zaga pasó al otro lado de la línea de cal para sentar cátedra en el banquillo del Universidad de Oviedo durante 16 años. Profesor de táctica en la Escuela de Entrenadores de la Real Federación de Fútbol del Principado de Asturias (RFFPA), Adolfo Pulgar (Olloniego, 1957-Oviedo, 2019) deja con su fallecimiento un vacío imposible de llenar, pero también una profunda impronta, establecida a través de su entusiasta contribución al fútbol del Principado en las tres últimas décadas de sus 62 años de vida.

Siempre en torno al balón, su gran pasión, incubada desde su etapa como alevín en el Eurovi de Ventanielles e inalterable hasta sus últimos partidos en el banquillo local de Santa Bárbara al frente del Lugones, un club que iniciará la próxima temporada inmerso en el luto después de que el cáncer le arrebatase a su entrenador. «Soy un privilegiado porque puedo hacer lo que me gusta», aseguraba tras su desembarco en Miramar para asumir las riendas del Marino. Durante su presentación como técnico del conjunto luanquín, en apenas unos minutos, condensó su esencia, marcada por una mezcla competitiva, temperamental y un carácter sin dobleces.

«Tengo un método visceral. Voy por un camino y hay que seguirlo», aseguró entonces el preparador de Olloniego tras reconocer que se mudaba deportivamente a Luanco atraído por las exigencias de devolver al equipo a la categoría de bronce del fútbol nacional. Entonces ya se había ganado a pulso una reputación de experto en la Tercera asturiana y su nombre era sinónimo de plaza en la parte de privilegio de la clasificación tras su buen desempeño a los mandos del Tuilla y del Universidad, el equipo en el que desarrolló el grueso de su carrera en los banquillos y al que catapultó a Segunda B en dos ocasiones.

Fue el conjunto estudiantil el que le proporcionó las alegrías más intensas. Cinco coronas en el Campeonato de España Universitario y tres medallas de bronce que recordaba con especial cariño dentro de su longevo ciclo en las filas universitarias, a las que llegó procedente del Mosconia tras desarrollar una labor formativa en las categorías inferiores del Real Oviedo y al frente del filial azul durante tres temporadas. La entidad carbayona apadrinó su cambio del terreno de juego a la pizarra. Una transformación realizada de forma precoz, ya que, antes de alcanzar la treintena, perseguido por las lesiones, colgó las botas aquejado de una dolencia en el pubis.

Punto álgido

En el Caudal, superado el ecuador de los años ochenta, concluyó una carrera como lateral zurdo gestada en el Fundación Masaveu y el Eurovi Ventanielles, el barrio al que llegó con apenas siete años junto a sus dos hermanos. Una trayectoria que tuvo su punto álgido en sus dos temporadas en Segunda con el primer equipo del Oviedo, club del que siempre fue socio siguiendo la tradición familiar.

Defendió la camiseta oviedista en trece partidos ligueros y llegó al Carlos Tartiere tras zanjar su ciclo en el Sporting Atlético, en el que militó durante un par de campañas. Incluso se estrenó con la primera plantilla del club gijonés durante un torneo conquistado en Badajoz, disputado bajo las órdenes de José Manuel Díaz Novoa, aunque sufrió una lesión de tobillo y nunca pudo participar en un encuentro oficial con el conjunto rojiblanco. El San Martín, cuya camiseta visitó de 1982 a 1984, fue el otro equipo presente en una trayectoria como zaguero menos dilatada que la que posteriormente protagonizó como entrenador.

Insignia de oro

Nacido en 1957, en el antepenúltimo día de mayo, Pulgar se especializó en afilar el colmillo competitivo de sus equipos durante ese mes y consiguió disputar nueve fases de ascenso a Segunda B. Durante su etapa al frente del Universidad contó con ofertas de otros clubes para continuar con su trayectoria fuera del Principado, pero las rechazó por sus fuertes lazos familiares. En Asturias se ganó la admiración de sus colegas de profesión, que le impusieron la insignia de oro del Comité Asturiano de Entrenadores en 2012.

«Desgraciadamente me acaban de confirmar el fallecimiento de un excelente vecino, gran persona y magnífico entrenador. Un fuerte abrazo para su familia y amigos», expresó a través de su cuenta de Twitter José Alberto López, uno de sus múltiples alumnos en las aulas federativas.

Entregado a la pizarra, regentaba junto a su hermano una cervecería en la capital del Principado y tras la barra pasaba los escasos ratos en los que un balón no monopolizaba su atención. «El entrenador debe ir aprendiendo día a día», señalaba con frecuencia el técnico de Olloniego, que durante los últimos años de su etapa en el Universidad trasladó la columna vertebral de su vestuario en el cuadro estudiantil a Tuilla primero y a Luanco después.

Recordado con cariño por aquellos que compartieron con él un rato en torno a un terreno de juego, desde su ingreso hospitalario los mensajes de ánimo hacia él y su familia se multiplicaron desde todos los rincones del Principado, especialmente desde los clubes que formaron su carrera como técnico. Impresionado por tantas muestra de afecto y vinculado al banquillo hasta sus últimos días de vida, se va, pero su legado vivirá y quedará presente en numerosos banquillos asturianos gracias a todos los alumnos que recibieron sus enseñanzas y las ponen en práctica en las diferentes categorías.

La urna con sus cenizas será recibida esta tarde, a las 17 horas, en la iglesia parroquial de Santa María de La Fresneda, donde tendrá lugar el funeral. Y, el domingo, la iglesia de San Juan El Real de Campo de Caso será el escenario de una misa funeral.