«Estaba desesperado, tuve cinco meses en los que no podía ni sentarme»

Mateo, sobre el campo número 1 de Mareo, el escenario de los partidos del Sporting B. /  ARNALDO GARCÍA
Mateo, sobre el campo número 1 de Mareo, el escenario de los partidos del Sporting B. / ARNALDO GARCÍA

El pivote del filial Mateo, alejado del césped más de un año por una lesión que puso en riesgo su carrera, siente que «ya queda poco para volver»

IVÁN ÁLVAREZ GIJÓN.

Superado el mediodía, pica el sol sobre el campo número 1 de Mareo y Mateo Arellano ya visualiza una tarde encerrado sobre los apuntes. «Menudo día para estudiar», afirma el centrocampista del Sporting B en la víspera de uno de sus exámenes del segundo curso de ingeniería industrial. El avilesino, uno de los mediocentros más brillantes de la Escuela de Fútbol de Mareo, tiene en blanco el expediente futbolístico 2018-2019 por culpa de una tortuosa lesión en la espalda que le ha hecho padecer un largo calvario.

«Lo peor es ver que no avanzas. Cuando no puedes doblarte piensas 'cómo voy a jugar'. Creí que no podría volver a hacerlo nunca», explica en conversación con EL COMERCIO el joven pivote, alejado de la competición desde el encuentro liguero ante el Lealtad disputado el 31 de marzo de 2018. «Estaba desesperado, tuve cuatro o cinco meses en los que no podía agacharme ni sentarme. Te condiciona para todo», señala sobre una dolencia que le hizo vivir una situación muy compleja «también a nivel personal».

Un vía crucis iniciado en un duelo contra el Burgos en el que sufrió una rotura parcial del ligamento cruzado de la rodilla. Pudo evitar el quirófano con la ilusión de estar recuperado para el tramo final de temporada y disfrutar del 'play off' de ascenso a Segunda que rubricaba la excelente campaña del Sporting B en su regreso a la categoría a las órdenes de José Alberto López, pero entonces comenzó a notar un dolor en la espalda que se asentaría como incómoda sombra.

«Ves que no mejoras y te comes la cabeza, fueron meses muy difíciles también en lo personal» «Cuando no puedes doblarte, piensas 'cómo voy a jugar', creí que no podría volver a hacerlo»

«Intenté jugar unos partidos infiltrado, pero al final ya me molestaba incluso para la vida diaria. Tuve que parar», recuerda. Tras la amenaza de pausa por los problemas en el pubis con los que tuvo que lidiar durante su etapa como juvenil, llegó el primer frenazo a una fulgurante progresión que le había permitido estrenarse en Segunda B antes de alcanzar la mayoría de edad. Internacional con la Selección Española en categoría sub 19, con sus condiciones había cautivado a los entrenadores del primer equipo Abelardo y Paco Herrera, que le vigilaban de cerca.

«Pensar en lo que pudo haber sido no vale para nada. Ahora tengo que centrarme en intentar volver lo antes posible y hacer las cosas bien», argumenta el avilesino, que vivió uno de los momentos más delicados en lo anímico tras ser intervenido quirúrgicamente el pasado mes de octubre en Madrid de «una especie de protrusión» que le provocaba fuertes dolores. «Me operé y veía que no mejoraba nada ni había solución», lamenta antes de explicar la alternativa que precedió a su mejoría. «Intentamos otra cosa. Pinchazos guiados, con una especie de calambres. No sé si fue solo eso o se juntó que ya tenía que mejorar, pero ya pude hacer ejercicio en el gimnasio», indica.

El fantasma de la retirada

De la bicicleta pasó a los trabajos de fuerza para cuidar su rodilla y en las últimas semanas ya toca balón, avanzando en un proceso de recuperación tan largo como duro. «Hubo épocas en las que no podía ni siquiera ir a clase, solo podía estar tumbado», explica rememorando un trance que puso en riesgo su carrera deportiva. «En los peores momentos llegué a pensar que no podía volver a jugar, era una posibilidad que se planteó», confiesa el centrocampista, que se apoyó en su hermana y sus padres y contó con el respaldo de sus compañeros de vestuario.

«Te intentan animar y hacerte ver que una lesión le puede pasar a cualquiera, pero en mi caso ya son muchas veces y mucho tiempo», lamenta el avilesino, que durante su larga estancia en el dique seco ha visto asentarse en el primer equipo a compañeros de generación como Nacho Méndez y Dani Martín. «Ves a gente que ha jugado contigo y va avanzando y te alegras porque tenemos una relación de amistad más allá del fútbol, pero también piensas que si no me hubiera pasado esto igual también podía ser yo», señala, apostillando a renglón seguido que no quiere detenerse «en lo que puedo haber sido».

«Ves que no mejoras y te empiezas a comer la cabeza, porque al final es inevitable, pero hay que intentar ser positivos y sacar pequeños avances para intentar salir», que después de tanto tiempo alejado del terreno de juego valora cada detalle de la rutina diaria sobre él. «Salir a correr diez minutos o bajar al campo con el equipo, incluso venir a sus horarios, que antes venía yo solo cuando me mandaba el fisio o el preparador físico, es un estímulo increíble», expresa el mediocentro, que actualmente realiza «ejercicios con balón, golpeos y cambios de dirección». «Ya veo que me queda poco para volver», apostilla.

Mientras que sus compañeros comenzarán al término de la próxima semana las vacaciones, Mateo vislumbra un laborioso proceso de puesta a punto. Casi un proceso de reinicio que comenzó con el fisioterapueta del primer equipo Pablo del Fueyo y ahora continúa junto al preparador físico del filial Dani Sevas, con acciones «más parecidas a la competición real».

«Con más de un año parado pierdes el tono muscular, la velocidad de reacción, la fuerza para girar y todo. Estamos trabajando para recuperar eso y volver al nivel de los demás», explica el avilesino, que pretende «coger rutina de partidos» y volver a sentirse «futbolista» la próxima temporada en el filial rojiblanco. Para ello, mira al futuro con una mezcla de cautela y optimismo: «Ahora el objetivo es recuperarse. No hay ningún plazo, quiero intentar llegar a la siguiente pretemporada y creo que va a ser posible»,

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