Míchel sienta cátedra en Vegadeo

Míchel saluda a los alumnos a su llegada al IES Elisa y Luis Villamil. / PALOMA UCHA

El excentrocampista aunó formación y fútbol en el Foro Comunicación y Escuela«Es imposible que un futbolista quede en el recuerdo si no es buena persona», señala el entrenador a los jóvenes del occidente

IVÁN ÁLVAREZ VEGADEO.

Con una sonrisa perenne, recibido entre muestras de cariño y declaraciones de profundo madridismo, Míchel llegó a mitad de la mañana de ayer al Instituto de Enseñanza Secundaria Elisa y Luis Villamil para tomar parte en la undécima edición del Foro Comunicación y Escuela de Vegadeo. El excentrocampista internacional, que sentó cátedra cerca de la banda del Santiago Bernabéu durante la década los 80 y la primera mitad de los 90, trasladó su habilidad ante un micrófono para impartir en la localidad veigueña una desenfadada clase magistral sobre la huella del fútbol en el desarrollo personal.

Amable y paciente, atendió cada una de las peticiones de autógrafos y fotografías en el centro educativo. «Alguno me lo pide para su abuelo», afirmó el entrenador madrileño con una sonrisa encajando el paso del tiempo, que no ha hecho merma visible en una estilizada figura. Después, ante un auditorio repleto de jóvenes del occidente asturiano, expresó la importancia del fútbol en su educación e hizo hincapié en delimitar la frontera entre triunfar en la vida y ser famoso. «Yo era un chaval como vosotros. En una época en la que la vida no era fácil en España, mi padre trabajaba en tres sitios diferentes para mantener una familia con cuatro hijos», expresó ante su bisoño público el entrenador madrileño, que confesó que pudo cumplir con su trayectoria futbolística el anhelo que se había marcado su progenitor, pero lo hizo siempre desde un ámbito vocacional.

«Mis cartas a los Reyes Magos siempre tenían un balón y un chándal», aseguró el integrante de la 'Quinta del Buitre', que asume su participación en jornadas como las que coordina en Vegadeo Luis Felipe Rodríguez como «días de fiesta» en las que cumple su «obligación moral» de devolver todo el cariño recibido desde el comienzo de su carrera futbolística. «Convertí en profesión lo que mucha gente no puede hacer. Seguro que nadie juega con 15 años a ser abogado. Hacía en el barrio con mis amigos lo mismo que después delante de cien mil personas. Me tocó ser muy famoso, pero no me hubiera importado tener otra vida», señaló durante una charla moderada por el periodista Moncho Viña, que confesó que gracias a las experiencias compartidas con él cambió su idea preconcebida de «chulo y altivo» que tenía sobre él por la de «un tipo cercano, siempre dispuesto a ayudar y muy bromista».

«Tuve otra magnífica escuela durante los nueve años que colaboré con los medios. Siempre digo que he tenido muy buenos entrenadores, pero he tenido un buen entrenador en la vida, que fue José Ángel de la Casa, que me enseñó a relacionarme», expuso el que fuera entrenador del Getafe, Olympiacos, Sevilla y Málaga, entre otros equipos, que reconoció que un chico de barrio de 20 años «nunca estás preparado» a pasar de su barrio a una audiencia con el Rey en apenas dos meses, pero debe afrontarlo con «normalidad».

«Hasta hace muy poco los entrenadores escondían que los futbolistas trabajan con psicólogos. Parecía que tenías una oreja más grande que la otra. Yo trabajaba con psicólogos y la primera pregunta cuando se enteraban era: «¿te pasa algo?». Es fundamental la cabeza para todo», argumentó el excentrocampista, que muchos de sus valores los absorbió en el fútbol. «No el de meter goles, el formativo», precisó. «Cuando nos ponemos una camiseta, todos somos iguales», aseguró el canterano madridista, que recordó cómo su padre, tipógrafo, hacía «encaje de bolillos» para trasladarle a los entrenamientos. Algo que le ayudaba a valorar detalles como «el olor de la ropa» limpia en la cantera del club 'merengue', a los que volvió a dar importancia en la recta final de su carrera, en México, donde a los jugadores les daban toda la indumentaria en una bolsa para lavarla en sus casas.

«Si te acostumbras a creer que el valor está en quién eres y no en cómo eres, al final te encuentras solo. Es imposible que un buen futbolista quede en el recuerdo sin ser buena persona», proclamó el técnico, que tomó conocimiento en su extensa y laureada trayectoria de que lo futbolístico es un pequeño espejo de lo social. «No puedes ganar solo, tienes que recurrir al trabajo y al esfuerzo de todos. Es un deporte absolutamente justo en cuanto al funcionamiento y al desarrollo. El fútbol tiene todos los valores que encajan en la sociedad», expuso el madrileño, que inculcó a los alumnos del instituto vegadense la importancia capital de la voluntad en ambos ámbitos y el aspecto anímico.

Su visión de la Segunda

Al tanto de la lucha por el ascenso a Primera debido a lazos sanguíneos (su hijo Adrián juega en el Málaga), Míchel se pronunció acerca de las opciones de los dos equipos asturianos en esa pugna, con más opciones desde su punto de vista para el conjunto que dirige Juan Antonio Anquela. «El Sporting está mejorando los últimos resultados, siempre es un equipo que tiene que contar para el ascenso, pero no lo tiene fácil. En el que confío que se va a meter en el 'play off' es el Oviedo. Anquela es un buen entrenador, que conoce muy bien la categoría y ha hecho un equipo bastante sólido. Creo que para meterse sexto le va a alcanzar», expuso el técnico, que ayer en Vegadeo se reencontró con Miguel Sánchez, ayudante de Miera en la Selección Española.

El entrenador del occidente asturiano reiteró su gratitud al madrileño por su confianza desde el primer momento en que llegó a la disciplina del combinado nacional y su influencia para que recibiese la prima por uno de los patrocinadores. «Por eso es tan bonito ser futbolista, porque haces amigos como Miguel», agradeció a su tocayo el excentrocampista 'merengue'.

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