«¿Pero cómo vas a vivir de eso, Pablo?»

Pablo Busto, con un balón entre las manos, posa delante de su equipo que jugará este fin de semana por el ascenso a Preferente. / P. UCHA
Pablo Busto, con un balón entre las manos, posa delante de su equipo que jugará este fin de semana por el ascenso a Preferente. / P. UCHA

El entrenador del Racing de la Guía encara este fin de semana el duelo que tantos años preparando

ANDRÉS MENÉNDEZ GIJÓN.

En 2010, Pablo abandonó Salas. «Me voy a Las Rozas», reconoció a su familia, poco antes de desobedecer a la lógica: quería llegar a ser entrenador sin haber sido antes jugador profesional.

En la casa de los Busto, los domingos siempre han sido de sofá y fútbol. Este fin de semana será distinto. Tras una temporada inesperada y triunfal, el técnico más joven de la categoría, ha logrado clasificar, por primer vez en su historia al Racing de la Guía a los 'play off' de ascenso a Regional Preferente. El de este domingo ante el Luarca (18 horas), uno de los equipos donde se inició como segundo entrenador, será el partido de Pablo Busto.

En realidad este encuentro se inició antes. Mucho antes. Lo que para otros será un domingo de fútbol de barro, para Busto será un domingo de confirmación. Una forma de rebelarse ante las dudas que suscitaba su apuesta. Da igual el resultado porque el aprendizaje que deja este salense de 36 años es el de no plegar nunca ante la adversidad y la dificultad de un camino que no termina este domingo. Seguramente le acompañe siempre.

Todo empezó en Salas. O, bueno, más bien en el corazón de su padre, Maxi, un enfermo del fútbol que decidió contagiar a su pequeño con una pasión que nunca se ha quitado de la cabeza. Las mañanas se hacían largas en la Escuela Pública de Salas. También para Busto, un alumno despistado, que esperaba al toque de sirena para ser feliz. Solo pensaba en jugar en el césped de La Veiga.

«¿Cómo vas a vivir de eso?»

Un día cualquiera su madre, María del Mar, paseaba tranquilamente cuando le dieron una noticia inesperada: «Su hijo está diciendo por el pueblo que quiere ser entrenador de fútbol». Le dejó tan sorprendida (y enfadada) que se le quitaron las ganas de pasear. Rápidamente regresó a casa para hablar con Pablo, que decidió romper su secreto. «Pero mamá si a mí lo que me gusta de verdad es el fútbol». La noticia disgustó a María del Mar, que había tratado de persuadir a su hijo. «¿Pero cómo vas a vivir de eso, Pablo?». Le dio igual.

Se alió con el corazón de Maxi, que siempre ha entendido que el deseo de Pablo va más allá de lo racional y de lo tangible. En parte porque así lo siente su padre desde esos domingos de sofá. Maxi se esconde detrás de los banquillos para apoyar a su hijo. De pueblo en pueblo. Da igual la categoría porque el amor de Maxi por Pablo no entiende de barro. Por eso hacían (y todavía siguen haciendo) un esfuerzo en silencio.

La familia Busto siempre ha residido en Salas, afincada en la calle Río Narcea. Todo queda en familia, hasta el trabajo. Maxi gestiona dos negocios: una inmobiliaria y un albergue. Es padre, pero también jefe de Pablo. Sin hablar, han llegado a un acuerdo tácito: facilitar que su primogénito gane su partido. Y el de Maxi. El de ambos. Siempre dispuesto a ayudar para que Pablo pueda entrenar. Como cuando cogía ese Mercedes familiar para entrenar a los alevínes del Estudiantes. Aunque él nunca descansa: ha llevado su particular inventario futbolístico al trabajo.

Siendo todavía un veinteañero, se sacó de un tirón el nivel I y el II de entrenador. Le pareció un reto insuficiente. Cuando salía de trabajar, se subía al coche familiar para viajar por toda la región. Siempre desde Salas. Los ingresos ni siquiera costeaban para la gasolina. Daba igual. En realidad siempre lo ha dado.

Volviendo a 2010, Pablo se fue a Las Rozas, donde sacar el nivel III de entrenador. Sus compañeros, la mayoría exjugadores, hacían noche en la residencia de Las Rozas. Él para no elevar los gastos, se iba en autobús. Después dormía en una habitación de alquiler y a la mañana regresaba a la sede de Las Rozas. «Nos sorprendía la pasión y el entusiasmo que tenía», relatan sus excompañeros. Pablo se los ganó a todos. Con esa bondad que siempre viaja con él.

En la sede de Las Rozas conoció a otro Pablo,de apellido Lago. Los 'Pablos' no tardaron en congeniar. Comenzaron en el Astur juvenil y duró siete años. «Fue una experiencia para ambos. Pasamos momentos duros, buenos, alegrías, tristezas. Fue un aprendizaje para que él sea hoy en día mejor entrenador», recuerda Pablo Lago, que este domingo estará con Maxi en Braña Sur. Todos juegan el partido de Pablo.

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