Una larga lista de síntomas sobre las maneras de Quereda

Ignacio Quereda, en rueda de prensa. /
Ignacio Quereda, en rueda de prensa.

«Creo que no se ha utilizado el cauce adecuado», argumenta Del Bosque después de las críticas de las jugadoras al técnico de la selección femenina

JAVIER BRAGADOMadrid

Vicente del Bosque salió este martes en defensa de la federación que le paga y que le sostuvo tras las críticas del Mundial de Brasil. «Soy partidario de escuchar a los jugadores, porque parte del éxito proviene de su inspiración. Sólo creo que se ha utilizado un mal cauce, porque creo que la relación debe ser cordial y cuando se mezclan distintos asuntos es peligroso», aseguró el salmantino en el acto de un patrocinador de la FEF cuando le preguntaron por las protestas de las integrantes de la selección femenina por el trato del técnico Ignacio Quereda y su preparación para su debut en el Mundial del que salieron eliminadas con un punto conseguido en tres partidos.

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«No conozco bien el asunto. Sólo sé lo publicado por los medios de comunicación. Para mí ha sido una sorpresa que un hecho relevante como la clasificación para el Mundial haya quedado marcado por una mala cuestión. No hemos sabido rentabilizar el éxito», defendió Del Bosque sobre la carta pública de las jugadoras a la conclusión del torneo. Sin embargo, parece que las futbolistas ya habían agotado todos los cauces con negativas consecuencias. «Con el seleccionador Ignacio Quereda hablamos antes de hacerlo y le comunicamos nuestro pensamiento y nuestro sentir», había confirmado Natalia Pablos, delantera del Arsenal, en su regreso a Madrid.

«Desde que acabó el partido no hemos tenido ninguna conversación ni ninguna referencia del presidente de la Federación (Villar), ni del seleccionador (Quereda), ni del responsable de la expedición», recalcó la capitana Verónica Boquete en Onda Cero. «Cuando le expresamos nuestro sentimiento de que era el momento de un cambio porque ya no podíamos quedarnos calladas después de tanto tiempo nos dijo que esto ya había pasado hace años, que jugadoras ya habían intentado hablar con él y el resultado había sido que no habían vuelto a la selección», reveló a la Cadena Cope Priscila Borja, del Atlético de Madrid.

Todas a una

Por primera vez, todas las internacionales habían firmado un documento en el que reclamaban un acto más profesional e invitaban a la expulsión del actual seleccionador, Ignacio Quereda, quien después de la reunión del lunes con el presidente de la FEF, su amigo íntimo Ángel María Villar, continúa en el cargo sin haber efectuado ninguna declaración pública. Los acontecimientos no son novedosos. En 2010 Laura del Río explicó públicamente que había salido de la selección española después de cuestionar los métodos del entrenador. «El señor que hace las convocatorias y no se sabe las reglas FIFA porque cree que puede hacer y deshacer a su antojo allá donde y con quien quiera -como hace en su coto privado-, no quiere que ninguna jugadora española juegue fuera de España para que la Federación no se gaste el billete de avión cuando la convoque», denunció en los tiempos en que ella disputaba la poderosa liga de fútbol de Estados Unidos. «Sólo sé que cada vez que Nacho Quereda mueve un pie o un dedo es para perjudicarnos a nosotras», aseguraba Verónica Alcántara en un reportaje de Documentos TV la misma época en el que se exponían las quejas de los clubes por la forma en que la FEF organizaba el fútbol femenino y su proyecto de la Superliga.

«Ese hombre que tiene un criterio tan profesional que deja fuera a grandes jugadoras sólo por tener una opinión diferente a él y hacerlo público -no es el primer caso ni será el último mientras esté él en el cargo-», añadió Laura Del Río en 2010 en la línea que luego han refrendado futbolistas en los últimos días. «Ya sé que después de esta entrevista, Nacho (Quereda) no me volverá a convocar», adelantó Vicky Losada, jugadora del Arsenal, en una entrevista en El Mundo Deportivo en la que repetía las demandas de un trabajo más profesional de un cuerpo técnico que no logró cerrar ningún amistoso en los dos meses anteriores al Mundial y que no ofreció ninguna indicación sobre alguno de los rivales en la fase de grupos, que ahogó el contacto con los medios de comunicación en el momento idóneo para el impulso popular y que les trataba «con desprecio».

«25 años de dictadura»

Los métodos de Quereda en el campo tampoco han pasado desapercibidos. En un grupo con tres profesionales y algunas futbolistas con experiencia en el extranjero sus indicaciones se acercaban más a las de un equipo de principiantes que a una selección absoluta. «A ver quién hace de mujer y me pone el café», dijo a una futbolista en una ocasión, y se dirigía a ellas como «chavalitas» con tono paternalista y en los pasillos se empeñaba en rebajar la atención mediática con el argumento de que no tenían la misma madurez que en el equipo masculino. «Una cosa es hacer crecer el deporte de manera lúdica y atractiva y otra cosa es ya querer vivir de él», había dicho Vicente Temprado, presidente de la Federación Madrileña, hace cinco años. En Canadá fue el responsable de la expedición española con tres jugadoras profesionales.

Tampoco el argumento de la jubilación ha servido para amenazar a Nacho Quereda, de 64 años, a pesar de que la FEF jubiló de manera forzosa a Nacho Vilda -dos platas europeas al frente de categorías inferiores- cuando cumplió los 65. Precisamente, el vestuario de la absoluta apunta a su hijo como posible sustituto por sus logros en las divisiones de edades anteriores a la absoluta, aunque con escasas opciones si se mantiene la tradición. «Espero que sirva para romper el silencio después de 25 años de dictadura», escribió Laura del Río en 2010. Cinco años después, el éxito de debutar en un Mundial se ha alineado con el fracaso en la exposición pública para que explotara la burbuja que protegía las maneras con las que se trataba a las jugadoras de la selección femenina. Si se mantiene la costumbre, Ignacio Quereda seguirá al frente y numerosas jugadoras no regresarán al primer equipo.