El Sporting negocia el blindaje de César García

César García, junto al campo número 3 de Mareo. /  ARNALDO GARCÍA
César García, junto al campo número 3 de Mareo. / ARNALDO GARCÍA

El club trabaja en ampliar el contrato del avilesino, que finaliza en 2020 y tiene una cláusula para su prórroga unilateral en el primer equipo

I. ÁLVAREZGIJÓN.

En su segundo regreso a Mareo, César García ha irrumpido con fuerza para erigirse en uno de los faros de la parcela ofensiva del Sporting B. Su huella está presente en cuatro de los siete goles logrados por el conjunto dirigido por Samuel Baños en el tramo inicial de temporada, la de su estruendoso debut en la categoría de bronce del fútbol español.

Satisfechos con el rendimiento del extremo avilesino después de su fructífera cesión al Marino, con el que celebró el ascenso a Segunda B, en el club gijonés ya se perfila el proceso para blindar a uno de los atacantes más prometedores de su cantera. Los técnicos de la entidad valoran de forma positiva su progresión y su perfil, que no abunda en el mercado, por lo que gestionan los pasos de su trayectoria con cautela.

En los despachos de Mareo trabajan para ampliar el vínculo del atacante, con una revisión de las condiciones firmadas en 2018. El contrato rubricado el pasado año, tras concluir su ciclo como juvenil, finaliza el próximo 30 de junio, pero en él está estipulada la fórmula que el club emplea habitualmente con los jóvenes formados en su cantera para contar con la opción de prorrogarlo a través de un trienio como integrante de la primera plantilla.

Con apenas siete partidos disputados en Segunda B, César García tiene margen para seguir evolucionando en el filial y que sea su regularidad la que le lleve a quemar la última etapa de su trayectoria formativa, con la conveniencia de respetar los plazos para no precipitar el salto. A pesar de que cuenta con esa vía de ampliar el contrato de forma unilateral como jugador de la primera plantilla, la entidad negocia su renovación con el propósito de salvaguardar su progresión y que no se vea condicionado por el dorsal, en un escenario en el que la regularidad competitiva con el filial el próximo curso le permita ir asomando la cabeza en El Molinón.

El joven, que ya se había ganado el billete de vuelta a la estructura sportinguista con su brillante desempeño en el Avilés durante su segundo año como juvenil, es una de las grandes bazas ofensivas del filial rojiblanco tras una campaña a préstamo en Miramar en la que pulió aspectos como la faceta defensiva. «Por su forma de jugar, tiene ese descaro con el que se adapta tanto a ser titular como aportar jugando veinte minutos o media hora», sostiene Oli, su entrenador durante esa cesión. De vuelta al vivero rojiblanco, con 20 años, ha lucido una verticalidad y una capacidad de desequilibrio que el club protege con celo.

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