Lucía García, la asturiana que hizo creer a la Selección Española con la gesta

Lucía García, durante el duelo ante Estados Unidos. / EFE
Lucía García, durante el duelo ante Estados Unidos. / EFE

La brega de la delantera allerana, un torbellino de energía, propició el gol de Jenni Hermoso que puso contra las cuerdas a Estados Unidos

I. ÁLVAREZGIJÓN.

Batalladora y perseverante, Lucía García representó la rebeldía de la Selección Española ante Estados Unidos, a la que planteó una ardua batalla que llegó a difuminar la superioridad inherente a su vitola de tricampeona mundial. Si España soñó durante más de una hora con completar la gesta y dar la campanada en Reims, un alto porcentaje de responsabilidad corresponde a la joven delantera allerana, que pasó al centro de la escena para cambiar el guión del duelo.

Intensa en la presión, fiel a su esencia de no dar ni un balón por perdido, provocó el error de la central Sauerbrunn que originó el gol de Jenni Hermoso, el primero recibido por la vigente campeona mundial en todo el torneo. Una autoritaria respuesta solo tres minutos después del revés que supuso la primera pena máxima ejecutada por Rapinoe.

Desde el vértice derecho del triángulo en el frente de ataque dispuesto por Jorge Vilda, la atacante del Athletic vivió un encuentro histórico, el primer duelo a cara o cruz de la Selección Española en un Mundial. Fue el fruto a todo el esfuerzo de sus padres, que recorrieron infinidad de kilómetros para llevarla cada semana hasta la capital asturiana durante sus inicios en el Oviedo Moderno (actual Real Oviedo Femenino). Capaz de afrontar un duelo frente a la primera potencia mundial con la naturalidad de la niña que le pegaba patadas a un balón contra una pared en Pola del Pino, la benjamina de la convocatoria mostró en territorio galo que su fecha de nacimiento no va acorde al grado de madurez deportiva.

Incisiva en cada balón dividido, en su segunda titularidad, al igual que en su estreno en la competición, desempeñó un rol clave en la reacción española. La joven que creció idolatrando a Vero Boquete y David Villa, con un recorrido transversal por varios deportes que incluyó el atletismo antes de decantarse por el balón, mostró un despliegue físico de maratoniana. Fue la sombra de Dunn, la lateral de su banda, y trató de estirar a su equipo con desmarques de ruptura que no siempre encontraron la complicidad de sus socias en la parcela ofensiva.

Salvo en la parcela física, el atajo del conjunto dirigido por Jill Ellis para acercarse a la portería defendida por Sandra Paños, la abrumadora diferencia en número de licencias, infraestructuras e historia se estrechó hasta convertirse en casi imperceptible sobre el terreno de juego del Stade Auguste-Delaune, donde las estadounidenses se encontraron con un elevadísimo obstáculo en la defensa de su cetro.

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España trató de poner en entredicho su reinado hasta el tiempo de prolongación, sin complejos pese a su condición de novata en los octavos de final del Mundial. La bisoñez se transformó en ilusión para comprometer el avance norteamericano durante más de una hora, en la que se mantuvo la igualdad en el marcador.

Sin complejos, no se amedrentó ni con el segundo golpe desde los once metros y asumió el fin de trayecto con la cabeza alta, luchando por el empate hasta el tiempo de prolongación. Hasta en esa recta final lo intentó Lucía García con una de sus arrancadas, que encarnó la irreverencia del joven equipo dirigido por Jorge Vilda con la ayuda de la sierense Montse Tomé.

Este mes en Francia refrendó el crecimiento de la Selección Española, un conjunto indesmayable a prueba de contratiempos. La lesión de Vicky Losada, autora del primer gol nacional en un Mundial, lo demostró. Con un gigante como rival, el seleccionador reemplazó a la centrocampista del Barcelona con una delantera como Nahikari, la gran aliada de Lucía durante su trayectoria en las categorías inferiores de 'La Roja'. Ya entonces la allerana había estado a punto de meter en un serio aprieto a la guardameta Naeher con su intensa presión.

Su generosidad en el esfuerzo fue la representación de un equipo solidario, incansable sin balón y con la pausa necesaria con él para triangular y acercarse al balcón del área rival. Implicada en labores defensivas, no se arredró ante estrellas de la talla de Alex Morgan con una vehemente entrada y logró encontrarle las cosquillas a su marcadora en una gran acción individual que le permitió conectar con su compañera de generación Patri Guijarro, sin la precisión necesaria para convertir su disparo desde dentro del área en el segundo tanto.

Superada la hora de juego, lo intentó con un disparo lejano tras una buena apertura de Virginia Torrecilla, cuando más cómoda parecía encontrarse España. Después llegó el mazazo, que contempló impotente, con los brazos en jarra mientras Rapinoe batía a Sandra Paños para firmar su doblete desde los once metros. Con el triple pitido final del árbitro llegó la mezcla de sensaciones, la tristeza inherente a la derrota y el orgullo del buen papel completado, con la esperanza de que sus 20 años le otorgan un largo recorrido para mejorarlo.