Fútbol base

«Las vallas de los campos son un peligro»

Durante su construcción, la valla del sintético de Tabiella contra la que chocó el joven Carlos. En el circulo, la importante brecha sufrida. / MARIETA
Durante su construcción, la valla del sintético de Tabiella contra la que chocó el joven Carlos. En el circulo, la importante brecha sufrida. / MARIETA

Los padres de Carlos García, cadete del Navarro que sufrió un fuerte golpe el pasado sábado, piden una solución para disminuir los riesgos de los cierres metálicos

SANTY MENORAVILÉS.

El tiempo se paró el pasado sábado en el sintético de Tabiella durante el encuentro de Tercera Cadete entre Navarro y Arenal. Carlos, del conjunto azulgrana, y Javi, del gijonés, se lanzaron, como cada fin de semana, a por un balón que se iba a salir por banda, uno para despejarlo y otro para intentar jugarlo. Sin embargo, el desenlace esta vez sería inesperado. Carlos chocó contra uno de los pies de sujección de la valla metálica que cierra el campo de Valliniello y se produjo una importante brecha en la cabeza que le dejó sin conocimiento, lo que dio lugar a un posterior golpe frontal contra el suelo.

El miedo y la ansiedad se apoderó de todos los presentes. También de Javi, que, al ver sangrar a su rival, se puso a llorar. Por fortuna, no cundió el pánico y todo el mundo cumplió a la perfección su función. Los padres reaccionaron bien, la ambulancia tardó quince minutos y la médica llegó a la par en taxi. «La atención fue muy buena, la verdad, no tenemos ninguna queja», aseguran Pablo y Amparo, padres del joven Carlos.

El jugador fue trasladado al Hospital San Agustín y allí le practicaron un escáner, donde se apreció un traumatismo craneoencefálico que le obligó a pasar allí la noche. Le cosieron la brecha y el jugador ya está en casa recuperándose de las secuelas, sobre todo bucales, pues tenía brackets y se le clavaron en la carne con el golpe. Afortunadamente, todo quedó en un susto y «él ya quiere volver a jugar, aunque a mí no me hace mucha gracia», reconoce con media sonrisa Amparo, que no estuvo en el partido y, «viendo lo que pasó, me alegro».

Ya en frío y con su hijo fuera de peligro, la intención de los padres del afectado es clara. «Hace un año murió un chico en Navia y lo de Carlos podría haber sido mucho peor. Sabemos que las vallas de los campos están colocadas según marca la legalidad, a más de un metro de distancia, pero el problema es que se trata de piezas metálicas cuyos pies son muy peligrosos para los jugadores», argumentan.

Pablo y Amparo no tienen «nada en contra del club -el Navarro- ni queremos sacar dinero, ni nada. Intentaremos recoger firmas e iremos al Ayuntamiento, porque sabemos que los campos son municipales». El padre entiende que «se trata de algo que se debería cambiar en toda España y quizá sea cosa de la Federación, pero si logramos que se cambie en los campos de Avilés ya será un buen paso. Hay que buscar una solución, que igual pasa por acolchar las vallas o cubrirlas con algo que amortigüe los impactos».

En cuanto a la actuación del club, los padres de Carlos admiten que «recibimos la llamada de Juan Carlos, el presidente, que nos preguntó por el crío, y hablamos con Héctor, el coordinador, que nos dijo que iba a ser complicado cambiar las vallas». Eso mismo mantenía ayer a este periódico el presidente, pues «sabemos que la Federación hizo un estudio después de lo que pasó en Navia, pero no sé en qué quedó. Todos los campos sintéticos están diseñados de esta manera, con esa valla que los cierra, y veo difícil solución».

Juan Carlos García, que lamenta «mucho» lo ocurrido, «entiendo a los padres» y no oculta que «fue un gran susto», sostiene que «fue un accidente que pasa una vez cada mucho tiempo. Cada día entrenan aquí 200 chavales y se pueden hacer daño con cualquier elemento: un muro, una escalera, un bordillo...». El debate, que no es nuevo, está servido.