UNA GARANTÍA NECESARIA

MANUEL ROSETY

Una de las bases de un equipo que pretende estar entre los mejores es una sólida defensa. En el caso del Sporting, la retaguardia aún se encuentra en proceso de formación.

El lateral derecho está cubierto con Molinero y Unai Medina. El izquierdo empieza con los noveles Espeso y Pablo García, a la espera de un foráneo más experto, aunque los 'guajes' deben ser vistos en un plano de exigencias. Por el centro aparece el renovado Babin, el ascendido Cordero, la alternativa de Pelayo, quien anda muy bien, y el readaptado Cristian, pendientes de que se resuelva el culebrón de Peybernes. ¡Qué verá el orfeón de técnicos en el francés que parece que no encontraron un zaguero mejor en un año viendo jugadores en 25 ligas!

Con Javi Fuego por delante y las opciones de recambio de Cristian y Cofie, si el ghanés no se va, culmina el sistema de contención que, de momento, transmite alguna duda. Disponer de un bloque defensivo contundente es un detalle prioritario.

La zaga debe ser una línea que transmita seguridad, pero resguardada con buenos porteros. En ese aspecto, el Sporting tiene la fortuna de contar con dos cancerberos de garantía. En principio, Mariño se ganó ser el titular. El vigués lleva dos temporadas espectaculares, en las que sumó bastantes puntos en los dos últimos ejercicios.

La alternativa es el joven Dani Martín, quien cumplió en los partidos que jugó, aunque tiene pendiente de pulir algunos defectos, tal vez imputables a la inactividad. En cualquier caso, es un buen portero para que siga luchando con Mariño por el puesto. Detrás llegan unos cuantos prometedores guardametas, como son Christian Joel y Javi Benítez, además de tener en cuenta a los internacionales juveniles Joel Jiménez y Javi Izquierdo.

Uno de los pensamientos del consejo es hacer caja con Mariño o Dani Martín, pero con las cláusulas de rescisión como base. En el caso del cancerbero gallego, los tres millones de blindaje es una cantidad asumible para cualquier club que necesite un portero de garantía. El gijonés, con menos recorrido, tiene el doble. El chaval no quiere chupar banquillo y prefiere irse, pero las condiciones que firmó en su momento las asumió con todas las consecuencias. Las opciones que tiene son ganarse el puesto o lograr convencer a otro club para que pague los seis millones. En el Betis de Rubí y del preparador de porteros Tuero se le conoce bien. Si los béticos vendieron a Pau por veinte 'kilos', bien pueden pagar el precio de la libertad.

El Sporting no debería tener necesidad de traspasos, pero los fracasos deportivos suelen descuadrar cualquier previsión financiera. En cualquier caso, la salida de uno de los dos porteros provocaría un espacio para ser cubierto, pendiente de que los técnicos evalúen si los de la casa que llegan de abajo están preparados ahora para dar el salto. Muchas veces es una cuestión de confianza y atrevimiento. Lo conveniente sería reducir gastos con las salidas de los descartados, pero con esa asignatura suspendida y pendiente llegan otras soluciones menos agradables. En cualquier caso, en la 'planta noble' no deberían olvidar que la portería exige una garantía.