Aventura extrema en el Sáhara

Judith Obaya, durante su travesía en bicicleta por el Sáhara. /  E. C.
Judith Obaya, durante su travesía en bicicleta por el Sáhara. / E. C.

El objetivo de la aventurera maliaya es apoyar la igualdad de la mujer en el deporte Judith Obaya atravesará corriendo 1.775 kilómetros del desierto africano

MARÍA SUÁREZ GIJÓN.

Judith Obaya piensa sus aventuras a lo grande. La maliaya repite el Sáhara como escenario de su nueva travesía, pero en esta ocasión, y a diferencia de las dos anteriores en las que lo hizo en su moto y en bici, lo hará corriendo. Esta mujer todoterreno recorrerá 1.775 kilómetros de puro desierto desde Djebej Ouarkziz -frontera natural entre Marruecos y Sáhara- hasta Lanhiriz, próximo a Mauritania.

Obaya, que transitará fuera de carreteras y expuesta a las inclemencias del tiempo, tiene previsto completar a partir del 21 de septiembre las 42 etapas del reto, algunas de más de 50 kilómetros. «Tener la cabeza centrada es básico para enfrentarse al esfuerzo físico en condiciones tan extremas», explicó la deportista. Esta luchadora nata, que trabaja como policía local en Oviedo, reconoce que el Sáhara es «uno de los desiertos más peligrosos del mundo» y que «mata», pero no se amilana ante el reto. «Es mi manera de gritar que nuestro esfuerzo es tan valioso como el de cualquier hombre», comenta la asturiana, que denuncia que hay muchas deportistas de nivel que «abandonan por falta de medios».

En su batalla personal por dar visibilidad a la causa, la maliaya afrontará innumerables horas de soledad y 43 de las 47 noches de viaje durmiendo solo bajo la protección de una tienda de campaña. «Solo dormiremos cuatro días en camastro, el resto serán en medio de la nada. Me acompañará un vehículo, solo por si hay que evacuarme», comentó la deportista. Obaya, que siente el Sáhara como si fuera su propia casa, lleva todo «perfectamente estudiado» en lo que a alimentación y preparación se refiere, y ha entrenado entre Asturias y Madrid con Fernando Arzurmendi, preparador del piloto Fernando Alonso en sus inicios. «Con él estudié cada detalle: desde los horarios de sueño y comidas hasta la hidratación, las sensaciones o la indumentaria. Cualquier molestia puede convertirse en una tortura», comenta la aventurera asturiana.

«Es mi manera de gritar que nuestro esfuerzo es tan valioso como el de cualquier hombre»

Judith Obaya, que se confiesa «enamorada» del Sáhara tras haber cumplido sus objetivos en ese lugar, ha aprendido también de los que mejor conocen el desierto: los bereberes. «Adquieres costumbres como beber té en vez de agua fría, o como taparte, que te ayudan a superar las adversidades», señala la deportista.

Ser una atleta de este calibre conlleva sacrificios, entre ellos renunciar a casi todo lo que no sea trabajar en los proyectos. «Tengo ya veinte más sobre la mesa, vivir al límite es muy duro. No hay tiempo casi para familia ni amigos, todos los recursos son para buscar apoyos y patrocinadores», concluye Judith a sabiendas del «miedo» que dan los «retos diferentes».

En la vida de Judith Obaya ser deportista extrema es un trabajo a tiempo completo, pero la asturiana lo tiene claro y con esa idea vuelve una vez más al desierto Sáhara: «El mundo es de los que se arriesgan», concluye.

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