350 caballos sobre las olas

Adrián Caballero negociando un giro en la competición celebrada en Gijón. /  LUIS SANTIAGO
Adrián Caballero negociando un giro en la competición celebrada en Gijón. / LUIS SANTIAGO

El asturiano Adrián Caballero se proclamó campeón de España de motos de agua en el Rally Jet Villa de Gijón

J. A. G.GIJÓN.

Adrián Caballero se proclamó este pasado fin de semana campeón de la Copa de España de motos de agua al conseguir el triunfo en el Rally Jet Villa de Gijón. La prueba, que contó con la participación de quince pilotos, se distribuyó en dos mangas de veinticinco minutos en la que el gijonés fue el más regular.

Esta práctica deportiva no cuenta con muchas licencias todavía. El asturiano tiene claro el motivo: «Es un deporte muy caro». Una moto puede llegar a costar unos 25.000 euros, una cantidad importante que frena a muchos aficionados. Otra cosa es la práctica con este tipo de vehículos. Por la empresa que gestiona Adrián en Gijón (Poniente) han pasado más de tres mil personas en el último año.

«Son motos muy preparadas y que ofrecen mucha seguridad», explica sobre los riesgos de una disciplina en la que las máquinas de competición tienen una potencia cercana a los tresciento cincuenta caballos. Con los deportes de motor siempre queda la duda de se saber si gana el piloto o la máquina. El gijonés, que lleva prácticando este deporte desde los catorce años (tiene ahora 33), reconoce que la moto influye pero también la intensa preparación que llevan a cabo los pilotos. «Entrenamos entre cuatro y cinco horas al día», subraya Adrián Caballero, que compagina los entrenamientos con su trabajo diario. «Aquí no hay secretos, trabajamos y entrenamos al mismo tiempo. Son jornadas maratonianas desde las ocho de la mañana a las diez de la noche», destaca.

A pesar de que lleva mucho tiempo en la práctica de esta disciplina, lo cierto es que es casi un novel en la competición. De hecho, compitió en Gijón en su cuarta carrera después de un tercer puesto en la prueba de Marbella y un cuarto puesto en Benalmádena. «Es una cuestión de resistencia, no es fácil aguantar a esta velocidad a un ritmo tan alto», precisa el piloto gijonés antes de subrayar la dificultad que tiene una carrera sobre el Cantábrico, donde la fuerza del mar es mucha más intensa y las olas dificultan el desplazamiento.

«Estás en el aire todo el rato y tienes que hacer mucha más fuerza», detalla el piloto, que expresa su deseo de que el deporte de las motos de agua adquiera una mayor difusión para que la gente se acerque, al menos, a disfrutar de su espectacularidad.