El deporte femenino derriba muros a golpe de realidad

El deporte femenino derriba muros a golpe de realidad

Cinco asturianas de diversas disciplinas coinciden en que la «igualdad real» en el deporte está por llegar

MARÍA SUÁREZ

El pasado miércoles el entrenador del Telecable Gijón, Fernando Sierra, llamaba la atención sobre la diferencia entre las buenas intenciones y la realidad. El técnico, después de que las suyas conquistaran su cuarta Copa de la Reina de hockey sobre patines, lamentó que en común con el campeón masculino sólo tuvieran la foto conjunta. «Esa imagen es buena para avanzar, pero, aunque levanten la misma copa, cualquier jugador del Barcelona cobra lo mismo o más que toda la plantilla del Telecable», criticó Sierra, indignado con la realidad de sus jugadoras.

Sara Lolo, capitana de ese equipo que sabe lo que es imponerse no sólo en Copa, sino también en Europa, coincide con su entrenador. «Se dan pasos hacia adelante con pequeñas acciones que intentan favorecer la igualdad, pero corremos el riesgo de quedarnos en eso. No se han erradicado ni las diferencias en repercusión ni en los presupuestos, y eso sigue traduciéndose en peores salarios o ausencia de ellos, y en peores condiciones de entrenamiento», advierte la jugadora del Telecable.

Los horarios, las instalaciones o el acceso a servicios médicos o de fisioterapia son algunos de los ámbitos que varían de un equipo masculino a uno femenino. A veces, como en el caso de las campeonas gijonesas, se pone en entredicho hasta la posibilidad de viajar para competir, como en el caso de la Copa Intercontinental. «Dependemos de la generosidad de la gente y el sobreesfuerzo de patrocinadores públicos y privados. Nuestro sueño casi se frustra por motivos económicos, no le ocurría eso a ningún participante masculino», pone sobre la mesa la asturiana.

Lolo destaca que son pocas las deportistas que, como ella, tienen un contrato profesional con el que ir tirando, y recuerda que tener que conciliar una vida deportiva con otras actividades, trabajo o estudios, es un factor que influye en el rendimiento.

Ver que las dificultades económicas que afronta el deporte femenino pueden llegar a frenar su crecimiento, resulta frustrante para todas estas mujeres ligadas a los niveles más altos de competición. Así lo explica la presidenta del Real Oviedo femenino, Beatriz Álvarez, que ve hasta cierta resignación histórica dada la pelea constante de las deportistas por conseguir repercusión. «Es triste que las mujeres hayamos aprendido, por la fuerza, a tolerar esa frustración. No la aceptamos, pero la transformamos en energía para unirnos y luchar por nuestros objetivos», explica la ex jugadora.

Álvarez, que lleva años presidiendo el que hasta hace dos años era conocido como Oviedo Moderno, sabe lo que es pelear por no desaparecer pese a ser un equipo habitual en la élite del fútbol femenino. Para la presidenta, la clave del avance, está precisamente en la unión tanto de los clubes, como de los hombres y mujeres que trabajan en ellos. «Es importante que empecemos a vernos en conjunto, porque lograr esa igualdad en cualquier aspecto de la vida debería ser meta de todos. Nosotras hemos estado al borde de la desaparición, y ahora, tras unirnos todos los clubes, han llegado los primeros pasos: retransmisiones, grandes estadios, patrocinadores», ilustra la presidenta. Beatriz tiene claro que el fútbol femenino se ha convertido ya en uno de los productos con mayor potencial de la industria del deporte femenino. «Sin apoyo institucional y visibilidad en medios no hay viabilidad, pero los primeros que tenemos que creer para crear somos los clubes», concluye la dirigente carbayona.

Quien salió de ese Oviedo Moderno para competir en el FC Barcelona fue Irene del Río, 'Ille'. La mediocentro, que sabe lo que es jugar al más alto nivel en nuestro país, especifica que la lucha por esa igualdad no busca equipararse al fútbol masculino, un negocio en el que entran más factores. Se trata, añade, de luchar por unas «condiciones dignas como deportistas y trabajadoras» en todas las modalidades deportivas. «Esa igualdad es un problema social que afecta principalmente a las mujeres, pero que es una responsabilidad conjunta. Para competir a alto nivel se requiere profesionalidad, un día a día que convierte esto en un trabajo», contextualiza Ille.

Las mismas exigencias

La asturiana lo tiene claro: las exigencias son las mismas y los futbolistas masculinos tienen mejores condiciones. Combinar deportes, estudios y/o trabajo es habitual entre las deportistas, pero la ex futbolista se muestra esperanzadora. «Ha aumentado mucho el número de fichas y eso se debe a dos aspectos. En primer lugar la educación, ya que se han perdido estereotipos de género, y por otro lado, que las más jóvenes ya tienen modelos de mujeres futbolistas a las que admirar», ilustra Del Río. La china en el zapato son los techos de cristal a los que alude también Sara Lolo y que para Irene aún deben evolucionar. «Esto no va a parar, cada vez hay más niñas, pero faltan mujeres entrenadoras, árbitras, directivas o con roles de poder en el deporte. Es importante dar visibilidad a las pocas que va habiendo y convertirlas en modelos», indica la asturiana.

Las Federaciones, en ese ámbito, juegan un rol fundamental y las ex deportistas que luchan por que estas apuestas por la igualdad mejoren, también. Es el caso de la ex jugadora de balonmano Jessica Alonso, que aunque reconoce que queda «mucho trabajo por hacer» para lograr la igualdad, matiza que en el balonmano la Federación Española ha tomado medidas. «Tenemos suerte porque en ella se cree en esa igualdad: tanto chicos como chicas tenemos las mismas condiciones económicas y las mismas primas al ganar un título», explica. En los clubes la realidad es otra, y es por eso que Alonso destaca lo importante que es dar repercusión en los medios y concienciar a la sociedad para desterrar aquello de que «los chicos llenan pabellones, las chicas no». «Grandes empresas empiezan a apostar de verdad por el deporte femenino y eso va en favor de la profesionalización. Pero es un trabajo conjunto, ya que las diferencias son económicas y estas van ligadas a la repercusión mediática», indica la ex guerrera y medallista olímpica.

«Impensable en nuestro caso»

Alonso, que se considera afortunada por haber tenido un sueldo digno y seguridad social, reconoce que la diferencia con un hombre que tenga su mismo palmarés es de años luz. «Un ejemplo es que ellos, si fichan por un equipo extranjero o de otra ciudad, pueden llevarse a sus familias y que vivan de ese sueldo. En nuestro caso, es impensable», concluye la gijonesa.

La regatista Ángela Pumariega coincide en que la sociedad en general empieza a ser consciente de que el deporte femenino existe pero que las diferencias son reales. «Es el primer paso para buscar la igualdad, pero la realidad es otra: la Ley del Deporte, por ejemplo, es de 1991 y el deporte femenino en muchas disciplinas no es profesional», ejemplifica la asturiana. Pumariega señala que a nivel olímpico hay una mayor igualdad, pero que fuera de ese ámbito, la vela está «dominada por hombres». «Los proyectos femeninos tienen menos credibilidad a pesar de que los resultados sean iguales o mejores. La vela olímpica tiene discriminación positiva hacia las mujeres, pero en la Copa del Rey, por ejemplo, hace dos años, sólo éramos mujeres 50 de los 1200 participantes», señala Pumariega.

La asturiana da una clave para imaginar un futuro realmente igualitario en el deporte, y es que para la campeona olímpica el objetivo es crear un mañana en el que no se hable de deporte masculino y femenino, sino de deporte en general.