El futuro del salmón en Asturias, en juego

Las medidas adoptadas para frenar el declive de la especie no han funcionado y cada vez se generan más interrogantes sobre su vulnerabilidad

Un pescador en el río Narcea, durante la apertura de la temporada de la pesca sin muerte. / JORGE PETEIRO
Un pescador en el río Narcea, durante la apertura de la temporada de la pesca sin muerte. / JORGE PETEIRO
MARCELO VERDEJA GIJÓN.

Una de las actividades en la que se cumple de forma clara el clásico dicho de «cualquier tiempo pasado fue mejor» es en la pesca. Pocas cosas habrán evolucionado tanto, en cuanto a materiales que esta misma actividad. Lo cual no significa, ni mucho menos, que ahora se pesque más y mejor, que los peces sean más abundantes y que nuestros ríos gocen de una excelente calidad de aguas.

Está aquí la reapertura de una nueva temporada de pesca del salmón (con muerte) en la que para muchos es la temporada de pesca «de verdad». No parece que la primera apertura, la de sin muerte, sea del agrado de la mayoría de los pescadores, lo que nos da algún indicio de por dónde van algunos de los problemas que afectan a esta especie.

Hay que tener en cuenta que España es el país más al sur dentro de la distribución del salmón atlántico en Europa y que estas poblaciones mas septentrionales, más extremas, son las que primero presentan problemas cuando las condiciones ambientales cambian, o se deterioran. Hay citas antiguas que los situaban en los ríos Duero, Tajo y Guadiana. Actualmente el extremo de su distribución es el río Miño, más de forma testimonial que con regresos de salmones habituales y en gran número.

Es en Asturias donde la presencia de los salmones es más abundante y por tanto, mayor es la responsabilidad de cuidar, mantener y potenciar sus poblaciones, o al menos, hacer todo lo posible para que las condiciones que se encuentren al llegar a los ríos, sean las más propicias posibles.

Problemas

Presenta la especie una serie de problemas de difícil solución. A la distribución extrema, se le une la sobrepesca en el mar y en el río y la introducción de ejemplares de repoblación de otras poblaciones, con el consiguiente riesgo de contagio de enfermedades y pérdida de la genética propia de los salmones autóctonos.

A algunos de estos factores de riesgo, se le ha dado solución, prohibiendo la introducción de salmones que no sean del propio río y en cuanto a la sobrepesca en el mar, desde hace casi 30 años la NASF (Fondo para la Conservación del Salmón Atlántico) compra los derechos de pesca en el mar para que los salmones no sean capturados y puedan regresar a completar su ciclo vital en nuestros (y otros) ríos. Que no haya duda de que si algo queda, en buena parte se debe a la labor realizada por esta Asociación que compra los derechos de pesca con aportaciones de particulares y colaboradores. En este apartado, aún queda mucho por hacer mientras se pesque un solo salmón en el mar.

Por otra parte, en su ciclo fluvial, tampoco van las cosas bien. Desde alteraciones en los cauces, con esa manía de hormigonar riberas y canalizar los ríos. Las presas, saltos y obstáculos que impiden a los salmones alcanzar las zonas de desove, los múltiples vertidos de todo tipo, industriales, urbanos, agrícolas y ganaderos, la extracción de áridos, con la destrucción de las zonas de desove, hasta la captación de aguas que disminuyen el caudal de los ríos de forma grave, sin respetar el caudal ecológico.

Gestión local

A los problemas expuestos en el ciclo fluvial del salmón, se suman también un par de acuciantes cuestiones que dependen directamente de la gestión local, o sea la Administración, o sea el Gobierno Regional.

La primera es la presencia masiva en los ríos del cormorán marino y su predación en las especies fluviales. El debate entre pescadores y asociaciones ecologistas es continuo: la Administración intenta contentar a todos y al final no convence a nadie con las medidas que toma. Mientras, el problema sigue sin solución.

Pero si hay algo absolutamente incomprensible, es el sistema de pesca. Arcaico, caduco, totalmente desfasado dentro de una gestión tan urgente de soluciones como es la pesca del salmón. Un sistema propio de mediados del siglo XX, cuando lo importante era pescar muchos peces y se podía porque los había en abundancia. Nada que ver con lo que los datos nos demuestran actualmente; una clarísima disminución en las capturas, lo que significa un declive de la especie.

El problema es que se sigue gestionando la pesca del salmón, de forma muy parecida a los años de la plétora. Se toman algunas medidas, pocas, con miedo e insuficientes.

Se pone un cupo de salmones por pescador y año; esta temporada 4 salmones. Si todos los pescadores de salmón los pescaran, nos saldría una suma toral de más de 20.000 salmones y sí, es cierto (mucho) que por supuesto ni se va a pescar esa cantidad ni nada parecido. ¿Entonces por qué cuatro y no uno o veinticinco? Es absurdo poner un cupo para contentar a pescadores locales y es sumamente arriesgado plantearse un cupo, matar un solo salmón, cuando no tenemos la menor idea de cuantos son los que entran en cada río y el total de los salmones que retornan a cumplir el ciclo vital y perpetuar la especie. Lo lógico es adecuar la temporada de pesca a los salmones que vuelven y no planificar una temporada seis meses antes sin saber lo que ese año nos va a deparar en el retorno de salmones.

¿Quién asegura que precintando (no pescando, ya que existe el temor a que se extraigan el doble de los que pasan por el precinto) unos 1.200 salmones cada temporada, no se ocasione un daño irreparable a la especie? O por el contrario, (nadie lo cree) resulta que hay muchos más salmones y en vez de un cupo de cuatro se puede aumentar a 30 o poner barra libre. Sin saber lo que hay, o dónde está el fondo del barril, es imposible hacer una gestión responsable de la especie. No hablamos de tecnología espacial, se trata de poner contadores en cada río para saber lo que entra y obrar en consecuencia. Al igual que ocurre en muchos países donde el salmón es, aparte de riqueza económica, un valor medioambiental imprescindible. No debemos olvidar que el salmón se pesca antes del desove. Por tanto, salmón que no se devuelve al río es un ejemplar que no culmina su ciclo, que no contribuye a la supervivencia de la especie.

Evolución

Los datos históricos nos demuestran el alarmante descenso de las capturas, del tamaño de los salmones y por tanto de la grave situación que la especie atraviesa. Si por los años 60 las capturas medias anuales de salmones eran de unos 6000, la cifra ha ido bajando en las siguientes décadas hasta llegar a los actuales 1.000 más o menos. Las cifras son claras, demuestran la gran regresión que el salmón está sufriendo y que es necesario tomar medidas urgentes para su conservación y aumento de su población.

Medidas

Aparte de los problemas que el salmón presenta en su fase marina, desde Asturias hay la responsabilidad de velar por la especie, de proteger el medio en el que el salmón se desarrolla y proporcionarle las condiciones idóneas para su superveniencia.

En el tiempo actual, no se puede consentir que se sigan contaminando los ríos con todo tipo de residuos. Que se sigan extrayendo áridos en zonas de desove. Que aún se siga planteando, aunque sea de forma local, la comercialización de salmones, truchas y reos, con el afán de dejar de ser pescadores y convertirnos en pescaderos. Que no se respeten los caudales ecológicos. Que se sigan canalizando los ríos. Y que no se recuperen, mediante escalas y otras soluciones, los mejores tramos de aquellos ríos que tienen interrumpido el cauce con algún obstáculo.

Para muchos la cuestión está clara. La Administración debe ser contundente a la hora de tomar las medidas oportunas para proteger la especie. En este caso se trata de proteger al salmón, no a los pescadores.

Hay que concienc iarse sobre la conservación de la especie, cada uno aportando las medidas que estén a nuestro alcance. Si la situación requiere unos años de pesca sin muerte, los pescadores lo debemos aceptar, apoyar y fomentar cualquier otra que contribuya a la recuperación del salmón. Actualmente está incluido en el Libro Rojo de los Vertebrados de España como especie vulnerable. Si sigue en este declive y pasa a estar amenazada, cosa probable viendo su evolución, se terminará por prohibir su pesca y eso va a doler. Mucho.