«Jugamos tan bien como ellos»

Azu, Carmen, Pili, Maluz, Piluca y Esther, las musistas del Piol . /  G. G.
Azu, Carmen, Pili, Maluz, Piluca y Esther, las musistas del Piol . / G. G.

De las 25 mujeres que compiten en el torneo media docena milita en el Piol, donde crece la idea de hacer una peña femenina en el futuro

NACHO GUTIÉRREZ AVILÉS.

Las excepciones confirman la regla y en un juego de naipes tradicionalmente masculino, la mujer tiene también su trozo de protagonismo, aunque las jugadoras inscritas en la presente edición del Avilesino de Mus sean minoría, 25 de los 382 musistas registrados entre las 27 peñas participantes.

De todos los equipos, más de la mitad, catorce, cuentan con al menos una jugadora. En ese mínimo están Bautista (Mila), Campy (Mari), Ébano (Lupi), El Mallu (Rosa), La Breña (Gloria), Carbayedo (Maite), Monchi (Salo) y Kame.net (Estrella). Llegan a dos musistas el Habana (Eva y Marga), Ca'Lolo (Cote y Silvia), La Céltica (Alicia y Sonia), y Churrería Mus (Charo y Perfe). Con tres tenemos a Calea (Dolo, Silvi y Yoli)... y a las seis musistas restantes las encontramos en el bar Piol (Azu, Carmen, Esther, Maluz, Pili y Piluca).

Y al Piol nos vamos un jueves para comprobar que las mujeres juegan tan bien o mejor que muchos hombres. Un buen ejemplo nos lo da una pareja, Pilar Hortal Castro y Azucena Sánchez Rodríguez, que presenta los mejores números del equipo con nueve partidas ganadas de trece, ocupando los puestos 37 y 38 de la clasificación individual. Las dos tienen marido musista, Nino, que también juega en el Piol, e Isma, que «se fue al D'Andrea para ganar más», dice Azu sin acritud. A Pili, avilesina de Llaranes con más de veinte años de mus, la enseñó su esposo, y Azu, candasina afincada en nuestra ciudad, se aficionó con sus compañeras y amigas diez años atrás.

También lleva una década en la peña Carmen Laucirica Álvarez, una avilesina que se aficionó con su marido Félix, compañero de peña, pero no de mesa. María Luz Estébanez Freire, una lucense de Barreiros, aprendió a jugar en el tiempo de ocio con sus compañeros de trabajo. Este año se estrena en el torneo sin ningún complejo, apoyada en Pepote, que ha hecho y sigue haciendo las veces de maestro de quienes empiezan a jugar en una peña en la que se ubica la escuela de mus.

La joven Esther Bernardo Castellano aprendió a jugar con compañeros de Universidad en Salamanca en sus años de estudiante. Es la presidenta de la peña y gerente del bar, lo que no le permite jugar demasiado. Pero está su madre, Pilar Catellano Majada, cacereña de La Garganta de Baños de Montemayor. Su marido, ya fallecido, fue su profesor de mus y hace una década es habitual en el Avilesino.

En un juego de hombres, ellas se reivindican, «somos pocas, pero jugamos tan bien como ellos, solo necesitas buenas cartas». Nunca han sufrido escenas machistas: «Hay mucho respeto entre la gente del mus», un naipe al que «te enganchas en cuanto lo pruebas». Y confiesan un deseo: «Fundar una peña formada solo por mujeres». Ahí queda eso.

 

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