Kipchoge rompe la última gran barrera

Las liebres siguen un laser por delante de Kipchoge, de blanco. /  EFE
Las liebres siguen un laser por delante de Kipchoge, de blanco. / EFE

Se convierte en el primer hombre en bajar de las dos horas en maratón, en una prueba donde el plusmarquista mundial tuvo todas las ventajas humanas y tecnológicas

I. BARCIAGIJÓN.

Al segundo intento, Eliud Kipchoge ya tiene lo que buscaba. Es a la vez el plusmarquista mundial de maratón con 2.01.43, y, desde ayer, el primer atleta que rompe la legendaria barrera de las dos horas. El keniano corrió los 42,195 kilómetros en 1 hora, 59 minutos y 40 segundos, dentro del experimento de Ineos, en el que se pusieron a su alcance todas las ventajas tecnológicas y humanas para que fuera posible tal hazaña.

Si en el intento de hace dos años en Monza se quedó a 25 segundos de conseguirlo, ayer en el Prater de Viena se dieron todas las condiciones necesarias para que Kipchoge alcanzara algo histórico. Y pese a no tener valor testimonial como récord del mundo, puesto que su intento no estaba homologado por la IAAF al adulterarse unas cuantas reglas, el keniano logró lo que en la víspera comparó con «poner un pie por vez primera en la luna». Pues desde ayer se puede comparar con Neil Armstrong al ser el primer atleta que ha explorado más allá de la barrera de las dos horas en el maratón.

Kipchoge llevaba preparando el reto desde abril. Ineos había tomado el testigo del 'Breaking 2' de Nike de hace dos años y había estudiado hasta el mínimo detalle el lugar, la fecha, las condiciones ideales, el modo de hacerlo... Todo estaba preparado para que en Viena se lograra algo que nunca un atleta había conseguido.

Se eligieron a 41 fondistas de primerísima fila para que por turnos acompañaran al keniano en su esfuerzo, marcándole el ritmo y protegiéndole en todo momento, mientras un coche por delante también marcaba el ritmo, los tiempos, y un láser colocaba a los corredores para que no se salieran de la marca a seguir. Los hermanos Ingebrigtsen, Matt Centrowitz, Selemon Barega, Julian Wanders, Bernard Lagat, Stewart McSweyn, Patrick Tiernan, Kota Murayama y Augustine Choge fueron algunos de los acompañantes de Kipchoge a la hora de lograr la hazaña.

Para bajar de las dos horas, todos ellos corrieron a un ritmo de 2,50 el kilómetro, una barbaridad solo al alcance de las piernas de Kipchoge, plusmarquista mundial y sobre todo el fondista más regular, más seguro sobre la mítica distancia. Por eso fue él el elegido. Por su seguridad a la hora de afrontar los maratones.

El escenario ideal

Días atrás se resolvió la duda, el día ideal para afrontar el reto era el sábado, cuando las condiciones meteorológicas marcaban que podía hacerse el experimento con mejores garantías. Y la víspera se supo la hora de salida. A las 8,15, el keniano inició el reto por el circuito del Prater de Viena, una larga recta de 4,3 kilómetros con dos enormes rotondas en los extremos para que no se perdiera ni una décima en mantener un ritmo constante.

El público se agolpó en ambos márgenes para ver como el keniano mantuvo desde la salida un gesto imperturbable, concentración total, mientras su corte se encargó de guiarle. A una velocidad de 22,1 kilómetros por hora, el coche 'abrecarrera' avanzó mientras el crono apenas mostró variaciones sobre el ritmo. Si un kilómetro se perdía algún segundo, rápidamente se compensaba con otro un poco más rápido. Con una renta de diez-doce segundos sobre el registro deseado, Kipchoge afrontó los últimos kilómetros totalmente convencido de que la barrera de las dos horas iba a caer. Su media sonrisa a partir del 40 así lo delató. Y el último kilómetro fue un paseo triunfal. Las liebres se apartaron a falta de 500 metros, y Kipchoge señaló en repetidas ocasiones al crono, ese que marcó 1,59.40 tras cruzar la meta.

Tras recibir las felicitaciones de todos los componentes del proyecto Ineos 1,59, Kipchoge admitió que «es un momento muy importante en la historia del deporte. Han pasado 65 años desde que el ser humano rompiera la primera barrera (Roger Bannister, cuando bajó de los cuatro minutos en la milla), y era el momento de repetirlo. Estoy feliz por haber sido el primer humano en bajar de las dos horas. El ser humano no tiene límites. Espero no ser el único en conseguirlo».

Momento para la historia

Su exhibición no tendrá reflejo en los registros oficiales, puesto que no deja de ser una carrera artificial, con muchos parámetros modificados para que jugaran en su favor. Era una carrera no oficial, ni controlada ni organizada por la IAAF, no había al menos tres competidores que busque la victoria en la prueba, el recorrido no estaba certificado por un organismo oficial, no había control antidopaje (obligatorio para que un récord se homologue), tuvo el coche siempre delante para que le marcara el rirmo y 41 liebres que entraron y salieron de la carrera para marcarle también el ritmo a seguir en cada instante.

Apuesta de Ineos y Nike

A esto hay que añadirle el respaldo económico de Ineos y la apuesta de Nike con sus zapatillas galácticas Vaporfly. Entre sus virtudes, una placa de fibra de carbono, cuatro cámaras de aire, con una gran plataforma, espuma especial en el talón, estabilidad en el tendón de aquiles y gran retorno energético. Por si no fuera suficiente, a Kipchoge le iban hasta barriendo el recorrido con escobas para que no se encontrara absolutamente nada en su trayecto que le pudiera suponer problema alguno.

Con todas estas mejoras se entiende mejor el éxito del keniano, y también la corte de detractores del experimento de ayer, que criticaron con dureza lo que consideran una prueba adulterada que ha adelantado los plazos de las marcas del maratón para buscar la barrera de las dos horas.

Aun así, todo el mundo habló ayer de la marca de Kipchoge, y sin duda, es lo que se buscaba. Protagonismo y espectáculo a través del atletismo y de uno de los referentes máximos de este deporte para romper las dos horas. Mientras tanto, serán los maratones comerciales los que sigan con su curso natural hacia esa meta de las dos horas.

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