Atletismo I Mundiales de Doha

Naser levanta el Telón de Acero

Naser celebra su victoria en los 400./Lucy Nicholson (Reuters)
Naser celebra su victoria en los 400. / Lucy Nicholson (Reuters)

La velocista bahreiní revoluciona el 400 parando el crono en 48.14, la tercera marca de la historia solo por detrás de los mitos comunistas

MIGUEL OLMEDAMadrid

En la década de los ochenta cualquier escenario valía por trinchera. Estados Unidos y la Unión Soviética polarizaban el planeta. Igual se competía por la estratosfera que por cuarto y mitad de un desdichado rincón asiático, y también entraba en liza el atletismo, por supuesto. Todo contaba en la carrera por el título mundial de la sociedad perfecta. Y se jugaba sucio, robotizando atletas a golpe de fármaco que nunca dieron positivo: la trampa siempre va un paso por delante de la ley. Se dispararon entonces los supuestos límites del ser humano hasta cotas todavía hoy inalcanzables. Especialmente en la velocidad femenina, por aquello de la testosterona y los anabolizantes. Casi cuarenta años después, una bahreiní nacida en Nigeria y una bahameña han levantado el Telón de Acero.

Salwa Eid Naser reventó las quinielas del 400 en Doha, el escenario de una nueva cruzada en este siglo. Shaunae Miller-Uibo, la única mujer en bajar de 49 segundos desde 2006, prometía borrar del ranking histórico a un par de camaradas de hoz, martillo y dudosa fiabilidad. Y de hecho lo hizo, pero Naser escaló más alto en el muro de la vuelta la pista, que en 2019 todavía separa el 400 democrático del comunista. En 48.14 segundos paró el cronómetro, solo más lenta que Marita Koch y Jarmila Kratochvílová. Tres escalones más abajo se queda Miller-Uibo, plata con 48.37. Por primera vez cinco atletas bajaron de 50 segundos, todas fulminando su marca personal, con la jamaicana Shericka Jackson cerrando el podio con 49.47 y las norteamericanas Wadeline Jonathas y Phyllis Francis en 49.60 y 49.61, cuarto y quinto puestos más caros de siempre.

Gong repite en el peso

Resulta curioso lo que le cuesta al país más inmenso del planeta producir deportistas de talla mundial en la mayoría de disciplinas, y el atletismo no es la excepción que confirma la regla china. Por lo menos no después de una década de los noventa cuanto menos sospechosa. Sin embargo, de tanto en tanto aparece un gran talento en el interior de la Gran Muralla. El último responde al nombre de Lijiao Gong.

La lanzadora asiática se convirtió este jueves en la atleta china con más medallas mundialistas, cinco. Gong lleva diez años tirando la bola del peso hacia el podio de los grandes campeonatos. Comenzó con un bronce en los Juegos de Pekín con apenas 19 primaveras y hasta ahora, aunque tuvo que esperar a cumplir los 28 para poder enseñar un oro mundial en su currículum.

Es el diezmo que había que pagar en el imperio de la legendaria Valerie Adams (cuatro títulos), ese que Gong heredó en Londres 2017 y perpetuará hasta Eugene 2021 gracias a su lanzamiento de 19.55 en Doha. A punto estuvo la jamaicana Thomas-Dodd de arrebatarle el oro en el último intento, con 19.47 metros que le valieron la plata. La alemana Christina Schwanitz, con 19.17, se colgó su tercera presea, la primera de bronce a los 33 años.

'KJT', la mejor inglesa de siempre

Katarina Johnson-Thompson había pasado toda su carrera a la sombra de Nafissatou Thiam, aunque despegó tarde como heptatleta. Llevaba tres temporadas mejorando su marca y acercándose sin hacer mucho ruido al récord británico, a unos 6.955 puntos de Jessica Ennis-Hill que todavía parecían palabras mayores. Pero en Doha, 'KJT' se salió del mapa.

La británica podría ser finalista en la altura y la longitud, y no andaría muy lejos de hacer puesto en el 200 y los 100 vallas con las marcas de su primera victoria en un Mundial (1.95, 1.77, 23.08 y 13.09). Ahí, y en un 800 rapidísimo para una combinera (2:07.26), cimentó Johnson-Thompson su oro, y ahí reventó el récord británico, yéndose hasta 6.981 puntos que la colocan en el sexto puesto del ranking histórico. El bajón de Thiam dejó a la belga en una plata decepcionante por la marca (6.677), su peor heptatlón desde 2015; mientras que la austriaca Verena Preiner se colgó el bronce con 6.560 puntos.

Sin Warner, promete Kaul

El atleta más completo del mundo llegaba a Doha también como el atleta más tocado del planeta. El pie, la rodilla, los isquios... Tanto parche tenía que reventar por alguna parte y lo hizo en la pértiga, apurando Kevin Mayer sus opciones de revalidar el oro, esta vez con el récord mundial junto a su nombre. Ahí abandonó y abdicó en el trono del decatlón, al que se postulaban el canadiense Damian Warner y el estonio Maicel Uibo (sí, el marido de la cuatrocentista Miller-Uibo).

En la carrera por el oro apareció tarde, pero con fuerza, el alemán Niklas Kaul, 21 añitos y campeón de todo lo posible en categorías inferiores. Con un soberbio lanzamiento de disco y una jabalina que rozó la mínima mundialista (79.05 metros), se colocó al frente de la prueba con solo el 1.500 por disputarse. Ahí partía con ventaja respecto a Warner y Uibo y lo confirmó, ganando el título con 8.691 puntos que le colocan tercero en el ranking histórico de Alemania. Palabras mayores.