David Fernández, un asturiano de hierro

El gijonés, a la izquierda, se entrena en las piscinas del Grupo Covadonga. / D. F.
El gijonés, a la izquierda, se entrena en las piscinas del Grupo Covadonga. / D. F.

Será el primer asturiano en participar en el desafiante Ironman de Hawái

ANDRÉS MENÉNDEZ

Despertó 2019 y lo primero que hizo David Fernández Martínez, 'Skypi' (Gijón, 1974), fue subirse a la bici. De Gijón a Villaviciosa y vuelta a Gijón. Sesenta kilómetros. Parecía una mañana cualquiera de entrenamientos, con el sol golpeando con insistencia, y 'Skypi' y Julio -su amigo inseparable- quemaban rueda dirección a la Villa. Quien sabe si impulsado por los deseos del cambio de año, el gijonés interrumpió el silencio: «Julio, voy a ir a Niza y me clasificaré para el Ironman de Kona (Hawái)».

Nunca antes en la historia un asturiano había logrado clasificarse para la competición más prestigiosa de Ironman del mundo. La más dura del mundo. 3,86 kilómetros de natación en aguas abiertas, 180 kilómetros de ciclismo y 42,2 kilómetros de carrera por encima de los treinta grados y con más de un 80% de humedad. Dicen los triatletas que Kona solo está hecho para la elite. Para los profesionales. Para los que viven de esto. Para nadie más. No hay moneda para competir en Kona. El único billete válido es el tus propios tiempos. Dicen que Kona es el final de todo.

Hace cuarenta y cinco años, Emilio y Esther, un matrimonio gijonés, tuvo a su segundo hijo, de nombre David. Emilio, el padre, fue futbolista y después atleta: hacía longitud y 'triple'. Esther, la madre, batió el récord de España de los 10.000 metros en la categoría entre 45 y 50 años. 'Skypi', por entonces David, nació corriendo.

De niño, sus padres lo apuntaron al mini basket. Nunca se engancharía al baloncesto, que le regalaría el apodo que le acompaña desde hace más de cuarenta años. 'The Bush Kangaroo', una serie de dibujos australiana, emitida en los '70' en España, contaba las aventuras de 'Sonny', un niño que conoció a un pequeño canguro de color gris llamado 'Skypi'. Para solventar las confusiones entre los dos David del equipo, el entrenador bautizó al pequeño Fernández, el 'bajito', como 'Skypi'.

Las canastas no convencieron a ese chico. Necesitaba correr. Años más tarde tuvo su primer contacto con el atletismo. Conoció a David Méndez, su 'padre' en el deporte. «No solo me enseñó la técnica y a correr; también a tener disciplina y sacrificio», recuerda.

No tardó mucho en darse cuenta que él nació sin 'don'. «Eso lo tienes o no lo tienes. Yo no lo tenía», explica. Saturado, tomó una decisión: dijo adiós al atletismo. Se dedicó a las pesas. Pero echaba de menos la adrenalina de la competición. Tras aterrizar de su viaje de bodas, tuvo una importante conversación con su mujer. «María, ya no voy a hacer más pesas. Ahora voy a comprarme una bici». Policía Nacional, el matrimonio se trasladó a Bilbao, sede el inicio de la locura de 'Skipi'. A los 30 años aprendió a nadar -quizá la disciplina que más se le resiste-, volvió a correr y, como le dijo a María, se compró esa bici. Y comenzó el viaje a Kona. David y María fueron -por primera vez- padres. Nació Jimena. Y poco después, regresaron a Gijón.

Padre, marido y policía nacional, hacía malabarismos para entrenar. «He tenido que quitar horas de sueño para esta locura», desvela. En pie a las seis de la mañana. En ruta solo media hora después. «A veces me he sentido como el tarado de Gijón», reconoce. Los reconocimientos que le negaron en sus inicios en el atletismo le han llegado con el paso de los años. En 2011, fue subcampeón del mundo en categoría entre 35 y 40 años en el Mundial de Duatlón de Zofingen (Suiza).

Ni con esas se detuvo, con todas las renuncias y sacrificios. Hace tres años nació David, su segundo hijo. «Quizá no he jerarquizado como debía las prioridades. Tengo dos hijos y cuando llego a casa después de todo el día quizá no tengo la paciencia para ponerme a hacer torres», reconoce.

En 2016 nació su 'tercer' hijo: SkypiTeam, un club de triatlón que no ha dejado de crecer con los años. «Mi pasión es entrenar», asegura. Incansable, ha necesitado de la ayuda de una psicóloga (María José) para gestionar sus descansos. «Conmigo soy un entrenador lamentable», explica.

En el Iroman de Niza, alcanzó la meta sin saber que había cumplido con su promesa. Clasificarse para Kona en la categoría entre 45 y 49 años. Rompió a llorar. «Creía que todo esto no merecía la pena hasta que ha llegado la clasificación para Kona», dice quien sabe que el 12 de octubre en Hawái al fin se detendrá la etapa más larga de su vida. «Ahora quiero disfrutar de mis hijos», concluye.