Adiós a Enol Megido entre gasolina y emoción

Los encargados de portar el féretro del joven Enol Megido recorren el pasillo de moteros en la carretera aledaña a la iglesia de Cabañaquinta. / FOTOS: JUAN CARLOS ROMÁN

Decenas de moteros brindan a Enol Megido un tributo sobre ruedas en su funeral

IVÁN ÁLVAREZ / ALEJANDRO FUENTE CABAÑAQUINTA / ALLER.

Acelerones, rugidos de motor y olor a gasolina marcaron el emotivo último adiós al joven piloto Enol Megido en una fría tarde en Cabañaquinta, todavía conmocionada por el trágico fallecimiento de su vecino. En la carretera aledaña a la iglesia de San Salvador, divididos a ambas orillas del asfalto, quienes comparten su pasión formaron ayer un extenso pasillo de medio centenar de metros en señal de tributo.

Tras un par de minutos de soltar gas en canon, llegó el silencio, finalmente quebrado por las campanas. El regreso de los acelerones anticipó la llegada del coche fúnebre, acogido por una acompasada sintonía de motores que envolvió el final del trayecto de los restos mortales del joven hasta la iglesia. Su moto y la de dos compañeros de club en Valdesoto ubicadas en señal de recuerdo marcaban esa imaginaria línea de meta.

Desde una hora antes de la fijada para el funeral del deportista, la iglesia de Cabañaquinta, repleta para dar el último adiós a su joven vecino, ya había abierto sus puertas para sacar el libro de firmas. En torno a ella se acercaron personas de todas las edades, con rostros de tristeza por doquier en una jornada de altísima carga sentimental, en la que muchos fueron incapaces de contener el llanto ante la repentina marcha de su amigo y compañero.

El féretro fue conducido desde el interior del tanatorio de Aller hasta uno de los dos coches fúnebres que encabezaban la comitiva. Detrás, sin poder contener el llanto, la familia de Enol Megido, desolada, pero arropada por muchos amigos que le han trasladado en las últimas horas el mismo cariño que recibían del joven piloto, fallecido durante una carrera de motocross en la localidad vallisoletana de Rueda. El resultado de la autopsia que determinará con precisión las causas del fallecimiento todavía no se conoce, aunque desde el mismo día en el que se produjo el fatal accidente, la hipótesis más extendida es que Enol había sufrido un desvanecimiento durante la disputa de la prueba que provocó su caída.

Con algunas flores sobre los manillares en una muestra luctuosa, sus amigos y aficionados al deporte de las dos ruedas no quisieron faltar a la despedida que el propio Enol hubiera soñado. Más de un centenar de vehículos, entre motos y quads, escoltaron la comitiva que trasladaba el féretro desde el tanatorio hasta la iglesia. Los agentes de la Guardia Civil y la Policía Local hicieron en esta ocasión una excepción y permitieron rodar por la carretera a motos que no cuentan con permisos para transitar por asfalto, como la que utilizaba el propio Enol para dar rienda suelta a su gran pasión por el motocross.

Cada una de ellas portaba un distintivo en que destacaba el número 27 de color verde, el mismo que lucía orgulloso el piloto allerano en las carreras, junto a un crespón negro y la leyenda «Va por tí Enol». A pesar del ruido que pueden generar más de un centenar de motos y quads, apenas había palabras en señal del duelo que empapaba una escena cargada de emoción y de lágrimas.

El chaparrón, que antes de la llegada del joven dio una tregua, regresó de forma tímida en el traslado al cementerio de Santibáñez de la Fuente, preludiado de nuevo por ese ensordecedor ruido de motores que minutos después volvió a escoltar al féretro de Enol. En señal de agradecimiento, su hermano Pablo sacó por la ventanilla del coche el casco fosforito que empleaba en su trayectoria deportiva y lo levantó para corresponder a quienes contribuyeron a que el joven piloto allerano se fuese en medio del ruido que le acompañó hasta sus últimos segundos de vida.