Fórmula-1

Fernando Alonso no pierde tiempo

Fernando Alonso no pierde tiempo
Alonso entra en el coche de la Nascar, antes de iniciar la sesión de entrenamientos. / AGENCIAS

Horas después de su última carrera en la Fórmula-1, viajó hasta Bahrein para conducir un coche de la Nascar

D. S. DE CASTRO MADRID.

Aún con las imágenes frescas en la retina de su última carrera en Fórmula 1, los seguidores de Fernando Alonso pudieron ver cómo es capaz de ponerse a los mandos de cualquier cosa que tenga volante y cuatro ruedas. A unos kilómetros al norte de Abu Dabi, en el circuito de Baréin, McLaren reunió a su aún piloto con Jimmie Johnson, una de las mayores estrellas de la NASCAR, el conocido campeonato norteamericano de turismos. El objetivo es hacer lo que se conoce como 'swap cars', o intercambio de coches, en el que un piloto de una disciplina se sube al coche de otra y viceversa.

Y Alonso se lo pasó como un niño, y no solo al volante del Chevrolet Camaro con el número 48 de su ya amigo Johnson, sino porque el monoplaza que usaron para este acontecimiento fue un McLaren Mercedes, exactamente el MP4-28 que en la temporada 2013 pilotaron Jenson Button y Sergio Pérez. Una máquina que dista mucho de ser perfecta (ese mismo año, Alonso fue subcampeón con Ferrari), pero que sí podía pelear por la zona media alta con relativa frecuencia, no como los monoplazas que le siguieron después.

En apenas unas vueltas de instalación en las que comprobó que todo iba como es debido, Alonso se dio cuenta de que en su equipo (que aún lo es, al menos para la Indy) sí supieron cómo hacer coches competitivos. Para Johnson fue una experiencia sin igual, ya que en su caso él no tenía modo de comparar con otro Fórmula 1 al ser su primera vez. Con los colores actuales y el número 48 de dorsal, el estadounidense dio varias vueltas al trazado bareiní para disfrutar de una conducción que dista mucho de lo que es un coche de la NASCAR.

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Ni mejor ni peor, simplemente distinto. Así se sintió Fernando Alonso al bajarse del 'Chevy' de Johnson. «Sabía que los coches eran muy básicos en cuanto a tecnología. La caja de cambios es de cuatro marchas y la última vez que piloté una caja de cambios en H fue en 1999. Fue como volver atrás en el tiempo, pero el coche tiene mucha potencia para la cantidad de agarre que tiene y te diviertes en la pista. Tal vez, con más coches alrededor sea diferente, pero yendo solo fue muy divertido», analizaba el asturiano, que se quedó con hambre de 'donuts' y, tras los que protagonizó como despedida en Abu Dabi, dio unos cuantos con el coche de la NASCAR.

Más allá de este evento, las fotos y vídeos que se publicaron y el rato divertido que pasaron tanto Alonso como Johnson y sus respectivos ingenieros, hay algo mucho más grande e importante en términos competitivos para el asturiano: las 24 horas de Daytona.

Cerca de Cadillac

En los albores de las redes sociales, cuando aún tenía sentido entrar en un foro para buscar noticias sobre automovilismo, se hizo muy común una frase en torno a la posibilidad de ver a Alonso vestido de rojo: «Esto acerca a Alonso a Ferrari». Fue una fiebre, más por las ganas que por la certeza de las informaciones, de que cualquier hecho, aunque fuera irrelevante, tenía una conexión con el futuro contrato que acabarían firmando el piloto asturiano con la Scuderia.

Algo así se podría decir, aunque esta vez con mucho más fondo en la cuestión, con este test que realizó Alonso en Baréin con el Chevrolet de la NASCAR, aunque no tiene nada que ver con este campeonato. El español está en negociaciones para disputar las 24 horas de Daytona, y tiene entre ceja y ceja uno de los coches punteros de la categoría DPi, que son los que optan a victoria. Tras varias semanas de negociaciones, todo apunta a que ha llegado a un acuerdo con Cadillac para llevar uno de sus coches en la cita que abre el campeonato estadounidense de resistencia, el popular IMSA.

No es casual que estos rumores se intensifiquen justo este día, cuando Alonso está al volante del coche de Jimmie Johnson, un Chevrolet, que como Cadillac es de General Motors.

El gigante automovilístico (que está en plena crisis económica y ayer mismo anunció el cierre de varias plantas de producción en Estados Unidos) quiere dar un golpe en la mesa y aprovechar la apertura de Fernando Alonso a otros campeonatos fuera de la Fórmula 1, lo que sería un beneficio para ambos: el español consigue un coche puntero para Daytona y el fabricante un golpe mediático que les ayude a navegar por la tormenta que atraviesa en estos momentos.

Además, Chevrolet es uno de los motoristas de las 500 millas de Indianápolis, prueba en la que Alonso tiene puestas todas sus esperanzas para 2019, y para la que McLaren aún no ha anunciado más detalles más que van a ir con coche propio, pero no quién les va a suministrar propulsor.

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