El largo camino de McLaren a la cima

El ovetense Fernando Alonso, junto a su compañero suizo Sebastien Buemi. /  EP
El ovetense Fernando Alonso, junto a su compañero suizo Sebastien Buemi. / EP

El objetivo del piloto español y del inglés en la escudería británica no es otro que acabar mejor de lo que han comenzado Sainz y Norris cogen el relevo de Fernando Alonso y Vandoorne en la nueva temporada del Mundial de Fórmula-1

DAVID S. DE CASTRO MADRID.

McLaren es un equipo singular. Nacido como un privado, ha acabado convirtiéndose en uno de los considerados constructores (y así cobran cada año), por lo que sus fluctuaciones de rendimiento suponen todo un problema. Lo avisaba Zak Brown en la serie documental de Netflix 'Fórmula-1: la emoción del Grand Prix'. Ha pasado los peores cinco años de su historia y necesita renacer de sus cenizas si quiere volver a ser considerado uno de los grandes.

Con estos mimbres y la salida de Fernando Alonso como golpe de efecto para que empezara la revolución, McLaren ha emprendido la cuesta arriba para volver al podio. Ese es el objetivo único con el que se han planteado un proyecto a medio plazo, cuyos primeros pasos se dan este fin de semana en Australia.

Es por ello que a nadie le debería sorprender el rendimiento mostrado en los primeros días de trabajo. Carlos Sainz ya advertía en la pretemporada que les iba a costar pasar de la Q2, algo que por otro lado ya era el objetivo en 2018. Aunque el MCL34 es notablemente superior a su predecesor, al menos en términos de fiabilidad, el rendimiento debe ser creciente conforme avance no solo el fin de semana, sino la temporada completa. Tras los entrenamientos de ayer en los que Sainz repitió la decimocuarta posición, el madrileño explicaba que aún hay partes que ensamblar para que el paquete esté en plenas condiciones.

«Ha sido un día un poco complicado para nosotros por unos problemas con el chasis y el motor que han afectado a nuestro plan de rodaje. Aun así, hemos podido completar unas vueltas valiosas. Seguimos en la lucha con los demás equipos de una zona media que sabíamos que iba a estar muy ajustada», aseguraba el único español en la parrilla de Fórmula-1 en 2019.

De estas primeras carreras de la temporada dependerá en buena medida el resto del proyecto. Lo advertía Fernando Alonso recientemente. Los problemas que tuvieron con el MCL33 lastraron notablemente su rendimiento el año pasado, sobre todo porque no tuvieron capacidad de reacción hasta que ya habían pasado varias carreras, cuando el monoplaza se confirmó como un coche fallido. Aunque el MCL34 tiene mejores mimbres, aún queda margen de mejoría.

Y ese es el camino que van a emprender en el equipo de Woking, especialmente cuando tengan a Andreas Seidl, su nuevo jefe en pista y, sobre todo, a James Key, el nuevo máximo responsable técnico, en cuyas manos va a recaer toda la responsabilidad (para bien y para mal) de la evolución del MCL34 y los futuros MCL35, MCL36...

De puertas hacia afuera, no se ponen fecha para ese asalto a los cielos al que quieren volver los de Woking. Pero dentro son conscientes de que su labor en 2019 y, sobre todo, en 2020, determinará en buena medida el éxito o el fracaso de la revolución que comanda Zak Brown y que tiene muy claro que no puede fallar. El gigante se tambalea aún por los vaivenes de la relación con Honda, y son conscientes de lo que se juegan.

El espejo de Williams

Si hay un equipo al que no quieren parecerse en McLaren, ese sin duda es Williams. Los de Grove ya aparecieron en la pretemporada bajo unos nubarrones muy serios cuando perdieron prácticamente toda la primera semana porque el coche no llegó a tiempo. En los libres del viernes del GP de Australia no fueron mucho mejor: cerraron la tabla de tiempos con mucha desventaja con respecto al más rápido, que no fue otro que Lewis Hamilton, como no podía ser de otra manera.

Más