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Norris se pone la piel de cordero ante Sainz

Norris se pone la piel de cordero ante Sainz

La relación entre el británico y el español es correcta, de momento; el primero es consciente de que ha llegado para aprender del madrileño

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROBarcelona

No hay que ser muy avispado para ver un cierto paralelismo entre la temporada de 2007 y la de 2019 de los pilotos de McLaren. Aunque hay notables diferencias, Lando Norris es también un británico que llega recién ascendido como la gran promesa de la escuela de Woking a un equipo que incorpora a un español, aunque en este caso no es bicampeón del mundo.

No son pocos tampoco los que han detectado que la relación entre dos ambiciosos corredores es, de momento, buena. Y es en esa contemporización lo que puede convertir este texto en caduco en apenas un mes, cuando los coches empiecen la temporada 2019 de Fórmula 1 y tengan que vérselas de tú a tú en la pista.

Norris y Sainz forman una de las parejas más jóvenes de la parrilla. Ambos comparten una idolatría absoluta hacia Fernando Alonso, con la diferencia de que el segundo además puede presumir de ser su amigo. Eso no impide que la competitividad entre ambos sea un elemento que va a aparecer más pronto que tarde, y que a poco que puedan ir igualados va a aflorar. El español marcó un 1:18.558 el lunes; el británico, cinco milésimas menos el martes. El talentoso Norris aún tiene mucho que aprender, pero eso no le ha impedido enseñar las garras cuando ha podido.

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No obstante, la experiencia es un grado. Se nota en su manera de afrontar los test. Ver a Norris en pista e intentar comparar dos vueltas iguales es un imposible: de las 104 que dio al circuito barcelonés de Montmeló, no repitió trazada en prácticamente ninguna. Lo justificaba después del día con que estaba probando diferentes configuraciones del coche, con más sobreviraje o menos, con unas líneas u otras. Eso le impidió llegar a las 119 vueltas de Sainz del día antes y quedarse con 104, 15 menos, que fue lo que tardaron en el equipo en modificar el estilo del monoplaza.

No hay que olvidar que Sainz frente a Norris tiene una enorme ventaja: la temporada 2019 será su primer año en McLaren pero no su primer año en Fórmula 1. La sensación de que el otrora heredero de Alonso (más por imposición que por gusto) es ya uno de los pilotos que se pueden considerar asentados en la parrilla está más que segura en la parrilla. En este caso, Sainz puede ejercer sin ningún problema (por eso se lo ha ganado) de primer piloto, y el propio Norris lo admite sin demasiados aspavientos.

«Nos hemos llevado bastante bien desde el principio. Es muy diferente en Fórmula 1, al menos para mí, porque compito contra un piloto al que realmente no conozco. Los últimos de los que he sido amigo los conozco desde el kart, y Carlos es un tipo que siempre ha estado unos cuantos pasos por delante«, decía Norris al respecto, en su primera comparecencia ante los medios de esta pretemporada 2019.

Al menos de cara a la galería, Norris tiene muy claro el discurso que debe mostrar. «Hay muchas cosas que puedo aprender de él. ¿Batirle? No es una pregunta que me haga ahora mismo, pero en las próximas semanas le observaré, me fijaré en su rendimiento, especialmente en las tandas más largas y veré dónde puedo mejorar», admitió.

También Hamilton empezó con el papel de aprendiz de Alonso. La diferencia fundamental es que el contexto es muy distinto. En aquel 2007, tanto el hoy pencampeón del mundo como el hoy piloto del Mundial de Resistencia contaban con coche ganador, favorito al título y que peleaba por los podios como muy poco. En este 2019, el objetivo de Sainz y Norris es hacer mejorar a McLaren, devolverles a la zona alta y no olvidar que en un futuro ellos pueden estar donde se colocan los Mercedes, los Ferrari o los Red Bull.

La labor de equipo será fundamental para ese objetivo: McLaren no puede permitirse una guerra civil interna si quiere remar en dirección al podio, que tan lejano parece ahora mismo. Por eso, los inevitables piques, mejor para más adelante, porque generar mal ambiente en una escuadra que no pelea por más que por ser quinta con suerte no juega a favor de nadie más que del espectáculo que puede dar en los medios.